“Hoy el problema más grave no son los niños, sino los padres”: Patricia Matte y la “desnutrición emocional” que afecta a la educación
En la segunda edición de “Mujeres que Transforman” de PRISA Media Chile y Mujer Impacta, la socióloga aborda una dimensión menos visible del debate educacional.
“Hoy el problema más grave no son los niños, sino los padres”: Patricia Matte y la “desnutrición emocional” que afecta a la educación / FELIPE CONSTANZO
Académica e investigadora, Patricia Matte Larraín ha seguido de cerca la evolución de la educación en Chile durante décadas, tanto desde el ámbito académico como en el de diseño de políticas públicas. En los años 90 fue parte de la creación de Libertad y Desarrollo, centro de estudios vinculado a la Unión Demócrata Independiente (UDI), donde posteriormente se desempeñó como consejera.
Su trayectoria se remonta a la década de 1970, cuando trabajó junto a los economistas Miguel Kast y Joaquín Lavín en el desarrollo de políticas sociales. En 1985 asumió la Secretaría de Desarrollo y Asistencia Social, cargo que ejerció durante la dictadura de Augusto Pinochet.
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En la segunda edición de “Mujeres que Transforman”, el encuentro impulsado por PRISA Media Chile y Mujer Impacta que busca abrir espacios de conversación sobre el rol femenino en la sociedad chilena, la socióloga pone el foco en una dimensión menos visible del debate educacional: no basta con acceso ni cobertura. El problema hoy —dice— es más profundo.
“El primer gran descubrimiento fue entender que la desnutrición marcaba el desarrollo cognitivo de los niños”, señala en conversación con ADN. Ese obstáculo, agrega, logró superarse gracias a políticas públicas focalizadas, impulsadas entre otros por el médico Fernando Mönckeberg.
“Después viene entender que el desarrollo continúa en el prekínder y kínder. Primero la madre, luego la nutrición y después la educación inicial permiten que el niño desarrolle sus capacidades”, explica. En ese plano, asegura, Chile ha tenido avances significativos en comparación con otros países de la región. Hoy, plantea, el problema es de otra naturaleza.
Un “déficit emocional”
“Hoy hay un déficit emocional importante”, sostiene. A su juicio, la falta de tiempo y presencia de los padres —en un contexto donde ambos trabajan— ha generado una nueva forma de carencia. “Muchos niños crecen sin acompañamiento, sin formación valórica. Es lo que yo llamo una ‘desnutrición emocional’”, afirma.
“Es un tema incómodo. Pero según lo que he visto y conversado con docentes, hoy los problemas más graves no son los niños, sino los padres”, agrega.
En ese escenario, el rol de los adultos vuelve a ser central. “La presencia de los padres es clave: decir qué está bien y qué no, formar. Eso se ha perdido mucho”, afirma. Y agrega que hoy muchos niños pasan largas horas solos, enfrentando problemas socioemocionales que tensionan el trabajo en las salas de clase.
—En encuestas recientes se observa una pérdida en la percepción de la educación como vía de superación. A eso se suma la deserción escolar y una creciente normalización de faltar a clases. ¿Cómo interpreta ese fenómeno?
—Yo creo que el exceso de malas noticias sobre educación ha llevado a los padres a pensar que no hace diferencia. Si todos los colegios parecen malos, ¿para qué esforzarse? También ha influido la idea de que se puede aprender solo con pantallas, algo que creció tras la pandemia.
Además, la violencia ha afectado la asistencia. En sectores complejos, muchos padres temen que sus hijos sufran balaceras en el camino al colegio. Eso hace que prefieran dejarlos en casa.
—¿Cómo están viviendo hoy los niños su tránsito por la educación?
—Hoy muchos niños llegan solos a sus casas, con la llave colgada, y pasan la tarde encerrados. Hay problemas socioemocionales fuertes, y los profesores están tan enfocados en eso que les queda menos tiempo para enseñar habilidades básicas.
Hemos avanzado, sí, pero tenemos problemas importantes.