Música

Guillermo Rifo: articulador entre lo clásico y lo popular

Como compositor, arreglador, director, docente y percusionista, la figura del fallecido maestro lograba reunir a músicos chilenos de distintas corrientes.

@Felipe Pérez
Por Álvaro Gallegos
Lunes 24 de Ene, 2022 - 11:05
Actualizada el Lunes 24 de Ene, 2022 - 16:10
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Apenas se conoció de su deceso, las redes sociales se llenaron de sentidas palabras para despedirlo. Estas provenían de instituciones culturales y de personalidades musicales de los más distintos géneros.

Y es que la figura de Guillermo Rifo Suárez (1945-2022), servía precisamente como un puente entre los mundos de la música de tradición escrita y todas las gamas de música popular, al punto que músicos de ambas corrientes llegaban a tocar juntos bajo su batuta.

Cada vez que se requería un evento que involucrara adaptaciones orquestales de nuestra música de raíz, o en cada ocasión que se juntara una orquesta, ya sea de cámara o sinfónica, con un conjunto de rock, pop, jazz o folk, el maestro Rifo era la primera opción, al primero que llamaban, para lograr esa magia de unión. “La música es una sola”, le gustaba decir.

Con solo 15 años le tocó ser parte de un evento de gran trascendencia en nuestro medio artístico. En 1960 Igor Stravinsky se paraba frente a la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, en el Teatro Astor, y Rifo era percusionista en la agrupación estatal, en la cual militaría por tres décadas.

En paralelo, se perfiló como un gran exponente del vibráfono, lo que le hizo brillar en el mundo del jazz chileno, y en orquestas de tipo popular. Fue en el mismo Teatro Astor donde le tocó ser parte del conjunto que acompañó a Buddy Richard en 1969, para el recordado LP en vivo del cantautor chileno, considerado hoy un clásico.

Dado su quehacer como percusionista, sus propias composiciones poseían un énfasis rítmico. Escribió música para grupos de percusión, para instrumentos solos, orquesta, y conjuntos mixtos. Dentro de lo más recordado de su producción está la música incidental para el programa de televisión “Al Sur del Mundo”, que convirtió en una suite orquestal para la sala de conciertos. La última vez que se interpretó fue en el 2015 en el Municipal de Santiago.

Siendo docente de la Escuela Moderna de Música, de la que llegó a ser director, formó también a compositores que hoy suenan en la escena chilena, como Sergio Berchenko y Claudio Pérez-Llaiquel. Este último manifestó: “Rifo es de esos seres que no mueren, él vive y seguirá existiendo en cada músico de este país que se cruzó en su camino, ya sea como estudiante o compañero de trabajo”.

Uno de sus colaboradores fue el compositor Carlos Zamora, con quien trabajó en el proyecto Víctor Jara Sinfónico, que fue grabado en CD junto a la Orquesta Sinfónica Universidad de Concepción.

Rifo para mí es el compositor más importante de la segunda mitad del siglo XX en Chile, y el país pierde a uno de los grandes de su historia cultural”, dice Zamora, quien en algún momento homenajeó a su amigo con una obra orquestal titulada “Rifada”, inspirada en sus ritmos y armonías.

Hay tres momentos de su carrera que le provocaban gran emoción a Rifo. Primero, cuando en 1990, dirigió a la Sinfónica de Chile en el Estadio Nacional para el acto ciudadano realizado tras la asunción de Patricio Aylwin como presidente. Luego, cuando en 2009 la Filarmónica de Israel se presentó en el Movistar Arena e incluyó su arreglo sinfónico de “Gracias a la Vida”. Y también cuando en 2010 fue distinguido con el Premio a la Música Nacional “Presidente de la República”.

En sus últimos años colaboró mucho con el virtuoso oboísta José Luis Urquieta, a quien dedicó diez composiciones. “Siempre me llamó la atención su amabilidad, y el eclecticismo de su escritura”, expresó Urquieta, “trabajar con él me instó a soñar y a concretar mejor las ideas musicales”.

Precisamente su carácter afable y afectuoso le hacían tan querido transversalmente por todos los músicos de este país que hoy lamentan su partida.

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