• 09 JUN 2026

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Pulp convierte el Movistar Arena en una celebración de la memoria, la elegancia y la vida

Los británicos ofrecieron un espectáculo tan ambicioso como emotivo, donde la nostalgia nunca fue refugio, sino combustible para una banda que sigue sonando vigente.

Fauna Primavera

Hay artistas que sobreviven al paso del tiempo. Y hay otros que parecen encontrar nuevas razones para existir sobre el escenario. Pulp pertenece a esa segunda categoría. En su primer concierto en solitario en el Movistar Arena, la banda de Sheffield no solo repasó una trayectoria que ayudó a definir la música de los años noventa; también demostró que aún tiene algo que decir, algo que emocionar y algo que celebrar.

Pocos minutos antes de las 21:00 horas, las pantallas del recinto comenzaron a desplegar mensajes que parecían preparar al público para algo más que un concierto. “Esta actuación es un encore, que significa que el público quiere más, así que hagan ruido”, se leía mientras miles de personas respondían con gritos y aplausos. En ese momento, las luces se encendieron con precisión milimétrica y la banda comenzó a tomar posiciones. La sensación era la de estar presenciando el inicio de una obra cuidadosamente diseñada.

Pero el momento que terminó de encender el recinto llegó segundos después. Desde el fondo del escenario apareció Jarvis Cocker. Alto, delgado, inconfundible. Caminando con esa mezcla de elegancia británica, ironía y teatralidad que solo él posee. La ovación fue inmediata. Y cuando el riff de “Disco 2000” comenzó a sonar, el Movistar Arena simplemente explotó.

Fue uno de esos momentos donde una canción deja de pertenecer a una banda y pasa a formar parte de la vida de miles de personas. Veinteañeros, treintañeros, cuarentones y veteranos del britpop saltaron al mismo tiempo. La cancha se transformó en una enorme pista de baile. Había grupos grabándose mientras cantaban, parejas abrazadas, amigos saltando con los brazos en alto y personas simplemente observando, conscientes de que estaban viviendo algo especial.

Porque si algo tiene Pulp es la capacidad de transformar canciones sobre personajes comunes, amores perdidos y frustraciones cotidianas en himnos universales. Y Jarvis Cocker sigue siendo el gran narrador de todas esas historias.

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A sus 63 años, el cantante ya no necesita correr ni exagerar movimientos para dominar un escenario. Le basta un gesto, una mirada o la forma en que mueve los brazos mientras interpreta una frase. Cada canción parece atravesar primero su cuerpo antes de salir convertida en música. Su voz evidencia el desgaste natural del tiempo, pero ha ganado algo más valioso: humanidad. Y eso convierte cada interpretación en algo profundamente creíble.

La banda, reforzada por una formación de nueve músicos, sonó gigantesca. Violines, guitarras, teclados, percusiones y capas instrumentales construyeron un sonido inmenso que llenó cada rincón del recinto. Canciones como “Underwear”, “This Is Hardcore” o “Sunrise” crecieron hasta adquirir dimensiones cinematográficas, apoyadas por visuales elegantes y una puesta en escena que nunca pareció excesiva, sino perfectamente al servicio de la música.

El interludio: una pausa para los fans

Uno de los momentos más curiosos llegó cuando el concierto se detuvo para dar paso a un intermedio. Una pausa de quince minutos que, lejos de enfriar la experiencia, terminó reforzando el carácter teatral del espectáculo. Mientras las pantallas proyectaban imágenes retro, videos antiguos y secuencias cargadas de humor británico, el público comentaba lo vivido hasta ese momento con la sensación de estar asistiendo a algo distinto a un concierto convencional.

La segunda parte comenzó de manera más íntima. Sobre el escenario quedaron solo los miembros históricos de la banda. Jarvis tomó la palabra en un español entrañablemente imperfecto y recordó los inicios de Pulp, cuando todo era apenas un puñado de instrumentos y muchas ganas de tocar. Desde esa sencillez nació una conmovedora versión de “Something Changed”, una de las canciones más coreadas de la noche.

Pero quizás el momento más humano llegó con “Help the Aged”. La canción fue elegida por el público mediante un viejo y querido sistema: el aplausómetro. Entre gritos y ovaciones, los asistentes decidieron qué tema querían escuchar. Y cuando llegó el momento de interpretarlo, Jarvis sorprendió con una confesión tan honesta como divertida.

Dijo que necesitaba ayuda, que ya no podía llegar tan fácilmente a una de las notas finales, y que necesitaba que todos cantaran con él.

Entonces miles de voces comenzaron a repetir el verso “Funny how it all falls away”. Lo que pudo haber sido una limitación terminó convirtiéndose en uno de los instantes más emocionantes del concierto. No había artificios. No había perfección técnica. Solo un artista reconociendo el paso del tiempo y un público dispuesto a sostenerlo. Fue un gesto pequeño, pero profundamente significativo.

La relación de Pulp con Chile también tuvo su espacio. Antes de interpretar “Do You Remember the First Time?”, Jarvis recordó sus visitas anteriores al país, incluyendo sus celebrados pasos por Primavera Fauna y La Cúpula. La reacción fue inmediata. El público respondió como quien recibe la visita de un viejo amigo que aún recuerda las historias compartidas.

Y no es una exageración. Según cifras de YouTube Charts, Santiago es actualmente la segunda ciudad del mundo donde más se escucha a Pulp, acumulando más de 716 mil reproducciones durante el último año, solo por detrás de Londres. La cifra supera incluso a ciudades históricamente ligadas al britpop como Ciudad de México, Dublín o Seúl, y ayuda a explicar la intensidad con que fueron recibidas canciones como “Disco 2000”, “Babies”, “Something Changed” y la inmortal “Common People”.

El cierre del reencuentro

Hacia el final llegaron clásicos inevitables como “Mis-Shapes”, “Babies” y la inmortal “Common People”. Esta última transformó el Movistar Arena en un gigantesco coro colectivo. Miles de personas cantando cada palabra como si fuera la última canción de la noche. Como si quisieran aferrarse un poco más a ese momento.

Y quizás esa sea la gran virtud de Pulp en 2026. No viven únicamente de la nostalgia. La utilizan como punto de partida para construir algo nuevo. Su reciente álbum More le ha dado aire fresco a una banda que podría haberse limitado a repetir éxitos. En cambio, eligieron avanzar.

Pulp no solo regresó a Chile. Pulp recordó por qué sigue siendo una de las bandas más queridas e importantes de su generación. Y lo hizo ofreciendo una noche que, efectivamente, muchos recordarán por el resto de sus vidas.

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