Mon Laferte convierte el Movistar Arena en un viaje de drama, pasión y teatralidad con su Femme Fatale Tour
La artista chilena presentó la primera de sus dos fechas sold out en Santiago con un espectáculo dividido en cuatro actos, marcado por una potente propuesta visual, momentos de profunda vulnerabilidad y un repertorio que recorrió tanto su nuevo disco como algunos de los himnos más coreados de su carrera.
Agencia Uno
Mon Laferte regresó al Movistar Arena con una presentación que fue mucho más que un concierto. La cantante nacional desplegó la primera noche de su Femme Fatale Tour apostando por una experiencia intensa y cinematográfica, donde el dramatismo, la sensualidad y la interpretación emocional dominaron cada minuto del espectáculo.
Desde horas antes del inicio, el ambiente ya anticipaba una jornada especial. Fanáticos llegaron usando prendas inspiradas en la estética de Femme Fatale, mientras otros recrearon algunos de los looks más reconocibles de la artista. Los gritos llegaron apenas las luces se apagaron y comenzó a sonar una suave introducción jazzera que dio paso a una de las aperturas más impactantes de la noche.
Vestida de novia, con los ojos vendados y las manos atadas, Mon nació sobre el escenario bajo una iluminación completamente blanca interpretando “Mi hombre”, en una escena cargada de simbolismo que marcó el tono de todo el concierto. Desde ese momento, el espectáculo avanzó dividido en cuatro actos, mezclando canciones, visuales, intervenciones audiovisuales y pequeñas escenas teatrales que ayudaron a construir la narrativa del show.
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El repertorio estuvo fuertemente centrado en Femme Fatale, el disco donde la cantante explora sonidos ligados al jazz, el bolero y una estética más oscura y sofisticada, aunque también dio espacio a varios clásicos de su carrera. “Flaco”, “Aunque te mueras por volver” y “Amor Completo” fueron parte de una selección que mantuvo al Movistar Arena cantando prácticamente cada canción.
La impecable puesta en escena de Mon
Uno de los aspectos más destacados de la noche fue la puesta en escena. Las visuales en blanco y negro, los segmentos actorales entre actos, las cámaras en vivo y una banda con fuerte presencia de bronces, contrabajo y arreglos inspirados en sonidos clásicos ayudaron a darle al concierto una identidad elegante, intensa y profundamente emocional. En distintos momentos, incluso aparecieron monólogos sobre el amor, la infidelidad y el deseo, reforzando el concepto que sostuvo toda la presentación.
La conexión emocional también marcó varios de los momentos más comentados del concierto. Durante el tercer acto, Mon interpretó “Ocupa mi piel” visiblemente emocionada, lo que terminó con una artista de excelencia tendida sobre el escenario entre lágrimas, completamente inmersa en la intensidad de la interpretación.
Otra noche de llorar, cantar y jugar
Pero el show también tuvo espacio para momentos más cercanos y espontáneos. A lo largo de la noche, la cantante mostró constantemente su faceta más juguetona y carismática, interactuando con el público, realizando dinámicas con cámaras antes del cuarto acto y sosteniendo una energía que nunca decayó, incluso pasada la hora y media de concierto.
El tramo final estuvo reservado para algunos de los momentos más explosivos de la jornada. Canciones como “Otra noche de llorar”, “Mi buen amor” y “Tu falta de querer” transformaron el recinto en un karaoke colectivo, coronando una noche donde Mon Laferte confirmó el nivel artístico, escénico y emocional que atraviesa actualmente.