¿Los mamíferos ponían huevos?: El hallazgo en un fósil que redefine nuestra comprensión sobre las funciones biológicas
Gracias al avance tecnológico, científicos y paleontólogos finalmente pudieron resolver una interrogante de años.

La paleontología finalmente ha resuelto un enigma que ha dado mucho de qué hablar entre la comunidad científica por 180 años, aclarando un escenario que podría reconfigurar el panorama.
Aunque hoy asociamos la reproducción mamífera con el parto de crías vivas (a excepción de rarezas evolutivas), un nuevo estudio publicado en la revista PLOS One confirma que algunos animales del pasado recurrían a los huevos para perpetuar su especie.
La pieza clave de este rompecabezas es un embrión fosilizado de Lystrosaurus, un cinodonte o ‘premamífero’ que caminó por la Tierra hace 250 millones de años.
Este hallazgo representa la evidencia directa que los científicos buscaron desde el siglo XIX sobre los terápsidos, el grupo del cual descendemos los seres humanos.
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El espécimen fue recolectado originalmente en 2008 por el paleontólogo John Nyaphuli en la cuenca del Karoo, una región sudafricana famosa por su riqueza fósil.
Sin embargo, en aquel entonces, las limitaciones técnicas impidieron ver más allá de la superficie de la roca. Pero hoy la situación es más favorable y, gracias a la tecnología, se pudo realizar un análisis más profundo.
Mediante fuentes de rayos X se logró escanear el interior de los huesos. Así, el equipo de investigación pudo confirmar la etapa de desarrollo del ejemplar. Según los expertos, la criatura murió en una posición perfectamente ovulada, lo que indica que jamás llegó a eclosionar.
La doctora Jennifer Botha, paleontóloga de la Universidad de Witwatersrand y coautora de la investigación, recordó el impacto inicial del descubrimiento: “Sospeché que había muerto dentro del huevo, pero en aquel momento no teníamos la tecnología para confirmarlo”.

Supervivientes de la “Gran Mortandad”
El Lystrosaurus no era un animal cualquiera. Vivió durante la extinción del Pérmico-Triásico, un cataclismo volcánico que aniquiló al 90% de las especies del planeta.
Con un aspecto que se asimila a un “cerdo con la piel desnuda, un pico como el de una tortuga y dos colmillos que sobresalían y apuntaban hacia abajo”, este herbívoro logró lo imposible: proliferar en un mundo tóxico.
El estudio sugiere que su estrategia reproductiva fue su salvación. Al poner huevos de gran tamaño en relación con su cuerpo, sus crías nacían con un nivel de desarrollo avanzado, permitiéndoles valerse por sí mismos casi de inmediato.
A diferencia de los huevos de dinosaurio, los del Lystrosaurus tenían una cáscara blanda y correosa, similar a la de algunos reptiles actuales, lo que explica por qué su rastro ha sido tan difícil de hallar en el registro fósil.

Uno de los puntos más disruptivos de la investigación es la nueva hipótesis sobre la lactancia. Si las crías de estos animales eran independientes desde el primer día y obtenían sus nutrientes directamente del huevo, ¿Cuál era la función de las glándulas mamarias?.
Los investigadores proponen que la leche no surgió inicialmente como alimento. En su lugar, sugieren que pudo evolucionar como “secreciones cutáneas utilizadas para humectar los huevos, proporcionar nutrientes, protegerlos contra hongos e infecciones bacterianas, o para la señalización hormonal a través de la membrana del huevo”.
Este descubrimiento no solo cierra un capítulo sobre la reproducción de los terápsidos, sino que redefine nuestra comprensión sobre cómo las funciones biológicas más básicas de los mamíferos modernos pudieron tener orígenes puramente defensivos o higiénicos en un pasado remoto.
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