Alerta en Chile por depredador invasor: parece inofensivo, pero su avance ya genera estragos
Desde el Ministerio del Medio Ambiente reportan repercusiones económicas millonarias y afección a diversos ecosistemas del sur.

Lo que comenzó como una apuesta comercial en la década de 1930, hoy en día se ha transformado en una de las crisis biológicas más complejas del territorio chileno.
El visón americano (Neogale vison), un pequeño mamífero de apariencia inofensiva pero con una capacidad depredadora implacable, continúa su expansión territorial sin encontrar un contrapeso natural que detenga su marcha.
La historia de este invasor en Chile se remonta a casi un siglo atrás. Introducido entre 1934 y 1936 en la zona de Punta Arenas, y más tarde en Aysén, el objetivo era alimentar la industria de las pieles.
Sin embargo, el colapso de este mercado derivó en fugas masivas y liberaciones deliberadas desde los criaderos. Hoy, esa acción ha quebrado el equilibrio natural en muchos ecosistemas.
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Según datos del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), las repercusiones económicas de esta plaga superan los $9 millones de dólares anuales, una cifra que refleja no solo la pérdida de biodiversidad, sino también el daño a las actividades productivas locales.
La versatilidad del visón le ha permitido colonizar desde la Región de La Araucanía hasta Magallanes, incluyendo su llegada a zonas insulares de alta vulnerabilidad como Chiloé.
Su hábitat predilecto son las cuencas hidrográficas (ríos, lagos y humedales), aunque su gran adaptabilidad le permite incursionar en ambientes terrestres con facilidad. Actualmente, se observa un desplazamiento persistente hacia el norte, alcanzando ya la Región del Biobío.
Un depredador sin límites
A diferencia de otros carnívoros, el visón americano posee una conducta de caza superflua: suele matar más ejemplares de los que consume.
Esto ha diezmado poblaciones de aves acuáticas que anidan a nivel de suelo y ha generado una competencia directa por el alimento con especies emblemáticas y en peligro, como el huillín.
Pero el impacto no es exclusivamente ecológico; la dimensión social y agrícola es crítica. Eduardo Raffo, representante del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), advierte sobre la vulnerabilidad de las comunidades rurales:
“Los ataques son a gallinas. Hay una afectación a la dimensión humana y productiva”, comentó, aludiendo a la variabilidad de efectos que tiene la expansión del animal.

El desafío de la gestión estatal
La principal ventaja de esta especie radica en su posición en la pirámide alimenticia local: en Chile, el visón no tiene depredadores naturales. Sin nadie que regule su crecimiento, su reproducción es exponencial.
A pesar de la urgencia, la respuesta institucional enfrenta trabas burocráticas que dificultan una erradicación efectiva.
Sobre este punto, Paulina Stowhas, experta del MMA, analiza el vacío que se produce en la toma de decisiones: “Cuando las especies afectan la biodiversidad, quién se hace cargo queda un poco en tierra de nadie”.
Mientras la coordinación estatal busca un cauce común, el visón americano sigue consolidando su dominio en los ecosistemas del sur, recordándonos que la introducción de especies exóticas puede dejar una huella imborrable y costosa en el patrimonio natural de un país.
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