• 14 ABR 2026

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Chile envejece solo: aumenta la soledad y el aislamiento en mayores de 50 años

Un cambio silencioso redefine la vida social tras los 50 en Chile: más autonomía, pero también mayor riesgo de soledad.

Getty Images | Referencial

Lejos de la imagen tradicional de aislamiento, la vida social después de los 50 en Chile está atravesando una transformación significativa. Hoy, las relaciones dejan de estar determinadas por estructuras como el trabajo o la familia, y pasan a construirse desde la elección personal.

Este fenómeno ocurre en un contexto claro: el país envejece rápidamente y las personas mayores de 50 años ya representan cerca del 32% de la población.

El cambio también se explica por nuevas dinámicas sociales, como el aumento de personas que viven solas y la llegada de hitos como la jubilación o el “nido vacío”. Estos factores abren un espacio para redefinir la forma en que se construyen los vínculos.

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Sin embargo, este escenario convive con una alerta: cerca del 49% de las personas mayores declara sentirse en soledad, lo que evidencia relaciones más frágiles que en generaciones anteriores.

Una “segunda vida social” que redefine el bienestar

Más que una pérdida de vínculos, expertos apuntan a una reconfiguración de la vida social. Michelle Schnitzer, CEO de BondUP, lo resume así: “Durante años construimos relaciones porque el trabajo, la familia o el barrio nos las imponía. Después de los 50, muchas personas descubren algo nuevo: que pueden elegir. Con quién compartir, desde dónde vincularse, qué quieren hacer con su tiempo. Eso no es aislamiento, es un punto de inflexión”.

En esta nueva etapa, cada vez más personas buscan activamente espacios de encuentro, como talleres, actividades y comunidades diseñadas para fomentar conexiones significativas. Estas instancias no solo apuntan a la socialización, sino también al bienestar integral.

De hecho, la evidencia advierte que el aislamiento social puede tener efectos físicos comparables a fumar hasta 15 cigarrillos diarios, posicionándolo como un desafío de salud pública creciente.

En esa línea, emerge el concepto de una “segunda vida social”, donde el foco no está solo en la compañía, sino también en el aprendizaje, la participación y el sentido de pertenencia.

La propia Schnitzer destaca este cambio generacional: “Hay un perfil que vemos todos los días y que la sociedad todavía subestima: personas de 55, 60 o 65 años, llenas de energía, con ganas de probar cosas nuevas y de sentirse parte de algo”.

Así, la vida después de los 50 deja de ser vista como una etapa de cierre y comienza a posicionarse como un período de redescubrimiento, donde las personas redefinen cómo quieren vivir y relacionarse.

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