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El rol clave que juega Chile en conflictos bélicos como la guerra de Medio Oriente: El motor detrás de las potencias

Nuestro país, pequeño y lejos del centro del mundo, juega un rol clave en los conflictos bélicos gracias a su reconocida industria minera.

El rol clave que juega Chile en conflictos bélicos como la guerra de Medio Oriente: El motor detrás de las potencias

El conflicto bélico en Medio Oriente, marcado por las ofensivas aéreas de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha puesto en el foco una dependencia crítica que suele pasar inadvertida: el origen de la materia prima que da vida a la maquinaria de guerra.

En este tablero geopolítico, los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) al cierre de 2025 revelan que la capacidad operativa de las potencias depende directamente de un puñado de naciones productoras, entre las que Chile juega un rol fundamental, publica La Tercera.

Aunque la industria militar se asocia comúnmente con la alta tecnología estadounidense, las bases de su fabricación están, en gran medida, en manos de su principal competidor.

China ostenta un dominio abrumador, liderando la producción del 47% de los metales analizados. La potencia asiática controla el 100% del suministro global de galio, además de cifras dominantes en tungsteno (79%), grafito (78%) y tierras raras (69%).

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Sin embargo, en este selecto grupo de proveedores, el mercado chileno destaca al liderar la producción mundial de dos elementos críticos: el cobre y el renio.

Con una participación del 23% y el 37% respectivamente, la minería chilena se vuelve indispensable para la reposición de arsenales en un contexto de alto consumo bélico.

Por su parte, otras naciones como Sudáfrica y la República Democrática del Congo también encabezan dos categorías minerales cada una, mientras que Australia retiene el liderazgo en litio con un 32%.

En contraste, EE. UU. solo encabeza la lista en berilio, donde ostenta el 53% de la producción global, lo que la obliga a excursionar más allá de su manufactura.

De la tierra al aire

La sofisticación del armamento actual exige una diversidad de minerales que va mucho más allá del acero convencional. Los sistemas de defensa se dividen hoy por su necesidad de materias primas específicas:

  • Vehículos blindados: Los tanques modernos (MBT) dependen de aleaciones de aluminio, berilio y acero de alta dureza para sus cascos. Su precisión reside en los sensores, fabricados con tierras raras como el neodimio e itrio, y sistemas infrarrojos que utilizan germanio, cobre, telururo de cadmio y tantalio.
  • Poder naval: Los buques de guerra, si bien requieren menos elementos críticos en comparación con la aviación, demandan grandes volúmenes de aluminio para sus superestructuras, además de grafito, titanio y hierro.
  • Aviación de vanguardia: El caza F-35 es el ejemplo máximo de esta dependencia. Sus motores integran titanio y superaleaciones de níquel, mientras que su fuselaje y electrónica requieren una cantidad masiva de tierras raras para garantizar su baja detectabilidad.

“Distintos analistas de inversión están viendo que justamente va a haber una demanda creciente de minerales ya no sólo relacionada con la transición energética, sino con la industria de defensa”, explica Juan Pablo Toro, senior research fellow de AthenaLab en conversación con el medio citado.

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El dilema estratégico de Occidente

La vulnerabilidad de las potencias occidentales radica en la logística de suministro. Según estimaciones técnicas, un solo submarino nuclear requiere cerca de cinco toneladas de tierras raras, mientras que un caza F-35 necesita unos 500 kilos.

Esta realidad ha forzado un cambio de paradigma en Washington. El Pentágono ha comenzado a intervenir directamente en el mercado minero, supervisando la extracción de tierras raras y generando reservas estratégicas para contingencias futuras.

El ritmo de gasto de municiones y misiles en los actuales frentes de batalla es vertiginoso. Al respecto, Marcelo Masalleras, jefe de seguridad y defensa de AthenaLab, advierte sobre la presión que enfrentan sistemas como los misiles Tomahawk o las bombas guiadas.

“El alto consumo va a requerir un esfuerzo importante para poder reponerlo. Es factible que Estados Unidos se vea en la necesidad de estar dependiendo de quien figura como su potencial mayor adversario, que es China”.

En este escenario, la estabilidad y capacidad productiva de países como Chile no solo es una cuestión económica, sino un pilar de la seguridad global en una era donde los minerales son, literalmente, el motor de la defensa.

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