Alerta por altos niveles de ansiedad y estrés en estudiantes chilenos: expertos apuntan a tardía respuesta de colegios
Ante este escenario, especialistas advierten que los colegios siguen respondiendo tarde.

Getty Images
La salud mental escolar volvió a instalarse como una de las principales alertas dentro del sistema educativo chileno.
Según el estudio Depresión, ansiedad y estrés en el sistema educativo chileno: prevalencia y variables en niños, niñas y adolescentes en el escenario postpandemia, un 64% de los estudiantes presenta síntomas de ansiedad y cerca del 50% experimenta altos niveles de estrés, un escenario que vuelve urgente reforzar el bienestar socioemocional en las comunidades educativas.
El diagnóstico no solo enciende alarmas por sus cifras. También reabre el debate sobre cómo responden hoy los establecimientos frente a estos problemas. Desde MÜUD, plataforma tecnológica enfocada en prevención socioemocional, su cofundador Rodrigo Torres Santana sostuvo que “hablar hoy de convivencia escolar y salud mental estudiantil exige una dosis brutal de honestidad” y advirtió que “el sistema educativo sigue reaccionando cuando los problemas ya están instalados”.
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A juicio del especialista, una de las fallas estructurales del modelo educativo ha sido priorizar por años los resultados académicos por sobre las señales de malestar emocional. En esa línea, afirmó que “fue construido para gestionar crisis, no para prevenirlas”, una lógica que, según plantea, se repite cuando recién se activan protocolos tras episodios graves de violencia, bullying o crisis emocionales.
Torres insistió en que el desafío pasa por intervenir antes de que el problema escale. Por eso, remarcó que “la prevención exige un cambio cultural profundo, pasar de las percepciones a los datos y de la reacción a la anticipación”, lo que implica mirar el bienestar estudiantil con la misma seriedad que los aprendizajes.
En ese proceso, detectar señales tempranas aparece como una herramienta clave. El experto detalló que “los conflictos escolares casi nunca aparecen de la nada” y enumeró indicadores como el aislamiento, cambios bruscos de conducta, irritabilidad, desinterés por aprender, cansancio emocional y frases de desesperanza. A su juicio, esas señales suelen pasar inadvertidas hasta que derivan en quiebres mayores dentro de la convivencia escolar.
La advertencia, en definitiva, apunta a que el sistema no solo debe mejorar sus respuestas frente a las crisis, sino avanzar hacia una cultura preventiva que permita cuidar a tiempo la salud mental de niños, niñas y adolescentes, fortaleciendo con ello el clima escolar y las condiciones para aprender.
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