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ENTREVISTA. La joven estilista tras el renovado look de Pablo Chill-E: así se gestó el emblemático traje del artista en la gala de Viña 2026

Desde la búsqueda del traje en sastrerías del centro de Santiago hasta la confección de seis outfits para el Festival, Tiare Arévalo detalla cómo construyó la nueva imagen del artista urbano, el mensaje detrás del polémico look ensangrentado y la apuesta estética que culminará en el show de cierre en la Quinta Vergara.

La joven estilista tras el renovado look de Pablo Chill-E: así se gestó el emblemático traje del artista en la gala de Viña 2026

Es viernes por la noche y Pablo Chill-E cruza la alfombra de la gala del Festival de Viña del Mar 2026. Millones siguen la transmisión en vivo. Lleva lentes de cristal color ámbar, el pelo engominado hacia atrás, una camisa blanca impecable y corbata negra. Pero algo llama la atención del público. Su traje burdeo, de corte clásico, entallado al cuerpo y con solapas negras, no está intacto: tiene varias perforaciones en el pecho y en la espalda que parecen heridas de bala. La tela está manchada y la sangre cae sobre el conjunto.

Todos comienzan a fijarse en las heridas del traje mientras Pablo camina entre las figuras más reconocidas del espectáculo nacional. Cuando habla con los conductores, le preguntan de inmediato por la intervención: “Es un homenaje a toda la gente inocente que muere en las calles”, explica el puentealtino. Durante la semana del festival, el artista se ha mostrado decidido a cambiar la imagen que proyecta. El día de la gala afirmó que no daría mensajes políticos, pero sí que quiso instalar un mensaje social.

Rápidamente, el gesto se instaló en redes sociales. Decenas de usuarios comenzaron a preguntarse qué hay detrás de las balas y del renovado look del cantante de trap nacional. Nada era casualidad. Esta vez no es un invitado más: es jurado de la competencia internacional y folclórica, y se presentará en la última noche del Festival.

Por eso, Pablo no dejó nada al azar. Todos los estilos usados durante los días del certamen —incluido el del viernes, cuando se presentará— están medidos milimétricamente. ADN.cl habló con quien está detrás de la intervención: Tiare Arévalo, estilista chilena formada en Argentina, quien trabajó junto a Pablo en cada detalle del nuevo concepto.

Nunca fue Tony Montana

Han sido días movidos para el equipo de Chill-E. Pero Tiare no pierde de vista su principal tarea en el Festival: cumplir con la imagen que Pablo pidió. Desde la Ciudad Jardín cuenta cómo se gestó el concepto del traje de la gala. “El look nace desde una idea de él. Siempre tuvo la misma idea. Quería salir ensangrentado. Me dijo: ‘Quiero balazos’”, relata la estilista.

En ese momento, su cabeza comenzó a buscar opciones. “Tengo que intervenir un traje”, pensó. No podía ser tan caro. Fue al mall. Probó en Zara. Nada la convenció.. Entonces optó por lo tradicional: el centro de Santiago, sastrerías clásicas. “Hay muchas de nicho”, dice. Se quedó en una de las más reconocidas: Sastrería Calabrese. Explicó el concepto y encargó el traje.

Luego compró pinturas, eligió los tonos y comenzó el trabajo: hizo cortes y simuló una serie de balazos en distintos puntos del traje. El efecto fue inmediato. Apenas Pablo pisó la alfombra roja del Festival, las cámaras captaron los detalles. En redes sociales comenzó a viralizarse el traje perforado con sangre falsa. En minutos aparecieron las comparaciones: Tony Montana de Scarface, escribían algunos usuarios. El cliché del gánster latino del cine.

Tiare descarta esa lectura de inmediato. “Para nada. Nunca fue Tony Montana. La inspiración era homenajear a los muertos de la calle. Pablo quería reflejar las muertes de vidas inocentes y la violencia. Nunca fue ‘quiero verme gángster’. Era más bien llevar este problema a la gala, hacer una crítica social y generar incomodidad”, detalla.

Incluso, va más allá. Asegura que la intención no era parecer un personaje de Hollywood. Era irrumpir en la noche más glamorosa de la televisión chilena con un mensaje claro: exhibir la violencia que se vive a diario en lugares marginales.

Semana festivalera

Las redes no demoraron en reaccionar. Usuarios escribían que se veía más serio, que el peinado engominado hacia atrás lo hacía ver distinto, más elegante. Ese era precisamente el plan. “Quería verse más maduro. Me fui a lo básico. Outfits simples y playeros”, explica Tiare.

Pablo estará la semana completa del certamen. Eso implicaba algo concreto: seis noches, seis apariciones, seis outfits distintos. Tomó el celular y llamó a Tiare. Ella no dudó. Tiene experiencia vistiendo a artistas como Young Cister, Kid Voodoo y Dainesitta. Cuenta que ya sabía lo que significa construir una narrativa estética en un escenario masivo. Aceptó de inmediato.

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Pablo Chill-E en la segunda jornada del Festival de Viña 2026 vestido por Tiare Arévalo con jeans regular fit claros, intervenidos y adaptados por ella, un chaleco celeste de Scuffers y botas Cresta gris claro con textura tipo pelo. Foto: @frafractal

Cuando llegó a mí, me dijo: ‘Quiero verme más caballero, más elegante, más sobrio. Usar colores más tranquilos, más nude’”, recuerda Tiare. Le presentó una propuesta. Pablo la aprobó casi de inmediato. Y desde ahí empezó el trabajo fino. “Usamos colores sobrios, prendas más formales: pantalones de tela, chaquetas, un peinado más ordenado”, explica.

La diseñadora lleva meses trabajando en el vestuario completo de Pablo para Viña. No hay improvisación. Detalla que los seis outfits están etiquetados, colgados y planchados. Cada conjunto tiene su día asignado y su esquema. “Está todo listo. Solo llego a repasarlos. Tenemos el peinado definido por jornada, lo vamos cambiando”, dice, como si hablara de una coreografía.

Algunas piezas las pidió con anticipación. Llegaron desde Europa. Se demoraron tres semanas en llegar. Lo demás lo fue comprando en Chile. También trabajó con una marca chilena, Kagi, especializada en pantalones de inspiración japonesa. Con ellos armó el primer look como jurado, total black: llevó una chaqueta BOSS, combinada con un pantalón amplio de Kagi, y una polera básica de H&M.

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Pablo Chille en el Festival de Viña 2026, vestido por Tiare Arévalo con una chaqueta BOSS de corte clásico, pantalón amplio de la marca chilena Kagui y una polera básica blanca de H&M. Foto: @Rodrigonavarro.

El vestuario del show

Este viernes, Pablo debutará en la Quinta Vergara en la noche de cierre del Festival. Compartirá jornada con los argentinos Paulo Londra y Milo J, además del comediante ecuatoriano Pastor Rocha. Prometió invitados estelares y varias sorpresas. Tiare también.

Ella está a cargo del vestuario del show, la última jugada estética que comenzó en la alfombra roja. Esta vez no trabajó sola: convocó a Agustín Melo y diseñaron juntos la propuesta.

“Yo no podía hacerlo sola. Hicimos el diseño en conjunto, probamos, ajustamos y ahora se está confeccionando. Está todo listo. Va a ser algo increíble. Producción nacional, exclusiva para el show”, adelanta. Incluso evalúan que parte de lo que Pablo use esa noche pueda ponerse a la venta después.

Sobre el show, asegura que “va a salir el verdadero Pablo”. No entrega más detalles. El artista pidió reserva máxima. Lo que preparan —insiste— apunta a una noche distinta.

“Buscamos que se sienta cómodo, que pruebe cosas nuevas. Siempre ha sido más conservador con su ropa. Lo estamos sacando de su zona de confort, pero sin incomodarlo. Queremos potenciar su imagen”. Esta vez, el vestuario no será solo un mensaje: será parte central del espectáculo.

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Tiare Arévalo preparando vestimentas de Pablo Chill-E para el Festival de Viña 2026.

Su historia personal

Al preguntarle cómo llegó al mundo del styling, la respuesta sorprende. Tiare es matrona. O lo era. En tercer año de carrera, mientras avanzaba entre ramos clínicos, entendió que lo que realmente la movía no estaba ahí. No era la sala de parto. Era la ropa, las texturas, la construcción de imagen. Se fue a Argentina junto a su prima a estudiar styling. “Ahí se me abrió el mundo”, dice.

De regreso en Chile, asegura que no tuvo que golpear demasiadas puertas. El circuito urbano era parte de su entorno. Comenzó trabajando con Young Cister. Eran vecinos de Quilicura. Amigos. “Mi nicho es lo urbano”, afirma.

Confiesa que en la escena chilena le incomoda el exceso de logo, la marca evidente. Prefiere líneas limpias. “Artistas con relato propio. Con identidad”, repite. Dice que nunca le ha interesado imponer una estética, sino construir desde lo que el artista es: “Siempre trato de darle al cliente lo que quiere, pero sin que se sienta incómodo”.

Siente que aún falta camino, pero también que algo está cambiando. Que la estética urbana en Chile dejó de ser improvisación. Que los videoclips están más pensados. Que existe mayor diálogo entre estilistas, artistas y directores. Más narrativa visual. Y que todo eso, adelanta, se verá reflejado en la imagen de Pablo Chill-E.

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