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La historia del misterioso guardia de Pet Shop Boys e hincha del Arsenal que protegió a la banda y combatió fascistas

Dainton Connell fue una de las figuras más conocidas del hooliganismo ligado al Arsenal en los años setenta y, durante la década siguiente, trabajó como asistente de gira para los Pet Shop Boys. Su muerte violenta en Moscú, en 2007, no hizo más que alimentar el aura de misterio que todavía rodea su historia.

La historia del misterioso guardia de Pet Shop Boys e hincha del Arsenal que protegió a la banda y combatió fascistas

Antes de hacerse conocido como el carismático guardia de seguridad de los Pet Shop Boys, Dainton Connell ya era un personaje casi legendario en el ambiente del fútbol inglés. En los años en que los arrestos masivos, las invasiones al campo, los partidos suspendidos y los enfrentamientos en tribunas deterioradas formaban parte habitual del espectáculo, su nombre circulaba con notoriedad entre los hinchas.

Apodado “el Oso de Highbury” por su relación con la barra brava del Arsenal FC, a fines de los años setenta y durante los ochenta Connell se convirtió en una de las figuras más visibles en las gradas del antiguo estadio del club, Highbury. Su presencia era ampliamente reconocida entre los aficionados que frecuentaban el recinto.

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En octubre de 2007, a los 46 años, murió en Moscú en un accidente automovilístico mientras acompañaba a Pet Shop Boys en una gira. Miles de personas asistieron a su funeral en Holloway, celebrado en la iglesia St. Mary Magdalene.

Entre los presentes había exjugadores del Arsenal, figuras del espectáculo y otras personalidades públicas. El impacto fue tal que parte de Holloway Road tuvo que ser cerrada durante la ceremonia.

En el primer partido como local tras su fallecimiento, un encuentro al mediodía ante Sunderland, más de mil hinchas del Arsenal acudieron vestidos de negro y participaron en una procesión que pasó por Highbury antes de dirigirse al Emirates Stadium. A las afueras del nuevo recinto se acumularon decenas de tarjetas y coronas de flores junto a los dos cañones de bronce que adornan la entrada.

Tres años antes, en 2004, el escritor Jon Spurling lo entrevistó en una grasienta cafetería cercana al viejo estadio para su libro Highbury: The Story of Arsenal in N5, con la intención de conocer más sobre la cultura de las gradas en los años ochenta.

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Un “oso de peluche”

Según Spurling, Connell se mostró amable, educado y con buen humor; un “oso de peluche”, ironiza, con una personalidad que contrastaba con su reputación. Su entrevistado evitó hablar en profundidad sobre su pasado como hooligan.

Cuando el periodista le preguntó por qué, a diferencia de otros hooligans, nunca había querido contar su historia en un libro, Connell simplemente negó con la cabeza y la conversación siguió adelante. Al insistirle por incidentes específicos en partidos contra Brighton o Millwall, incluso llegó a insinuar que podría terminar la entrevista, aunque siempre de manera educada.

Durante los años en que el hooliganismo era conocido como “la enfermedad inglesa”, participó en numerosos enfrentamientos dentro y fuera de los estadios. Sin embargo, quienes lo conocieron también recuerdan su carisma y su habilidad para contar historias, capaz de captar la atención de un vagón entero o de un bar lleno de hinchas.

Connell prefería mantener ese periodo de su vida en segundo plano, consideraba que esa etapa había quedado atrás, aunque las historias sobre él continuarán circulando durante años.

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En 1989, Connell fue contratado como parte del equipo de seguridad en la primera gira de Pet Shop Boys, donde rápidamente destacó por su capacidad para manejar situaciones difíciles.

Aunque su imponente físico imponía respeto, con el tiempo optó por resolver los conflictos con palabras antes que con fuerza. Tenía una forma particular de expresarse y, cuando era necesario intervenir, solía recurrir al carisma para calmar los ánimos y mantener el orden.

Combate contra hooligans de ultraderecha

A fines de los setenta, un número importante de afrocaribeños asistía a los partidos del Arsenal. Muchos, incluido Connell, eran hijos de padres que habían llegado al Reino Unido en la posguerra.

Campbell, cuyo padre llegó a Inglaterra en 1953, recordaba que tras malas experiencias en Stamford Bridge y Upton Park decidió ir a Highbury: “Había más mezcla étnica en las calles alrededor del estadio. Mi primera vez coincidió con el debut de Brendan Batson contra Sheffield United en marzo del 73. Estaba un poco nervioso por la reacción del público, pero la gente fue genial. Fue nuestro primer jugador negro y una gran inspiración”.

Aun así, cuando Jon Spurling publicó un aviso en el Islington Gazette solicitando información sobre la historia de Highbury, recibió testimonios similares que mencionaban incidentes con el National Front (Frente Nacional), partido político de extrema derecha conocido por su ideología neonazi.

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El National Front tenía presencia habitual en los alrededores de Highbury, donde vendía su revista Bulldog e intentaba captar nuevos miembros. Campbell señalaba que, si bien los hinchas del Arsenal podían ser algo más abiertos que otros,tenía que enfrentarse personalmente con ellos.

Varios testigos recordaban que Connell encaraba directamente a los activistas de extrema derecha. Su influencia también marcaba límites claros dentro del propio grupo: por respeto a él nadie utilizaba insultos raciales en su presencia, y algunos evitaron acercarse a la extrema derecha precisamente por su influencia, siendo su rol clave en la actual multiculturalidad del club.

De combatir el fascismo a proteger a Pet Shop Boys

En 1989, Connell fue contratado como parte del equipo de seguridad en la primera gira de Pet Shop Boys, iniciando una relación laboral que se extendería por casi dos décadas.

Lejos de los enfrentamientos que habían marcado sus años como hooligan, encontró en el trabajo de seguridad una forma más estable de ganarse la vida.

Rápidamente destacó por su capacidad para manejar situaciones difíciles. Aunque su imponente físico imponía respeto, con el tiempo optó por resolver los conflictos con palabras antes que con fuerza. Tenía una forma particular de expresarse y, cuando era necesario intervenir, prefería recurrir al carisma para calmar los ánimos y mantener el orden antes que a la violencia.

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Con los años se volvió parte habitual del entorno de la banda, acompañándolos en giras y participando incluso en algunos de sus videos musicales.

Así, quien alguna vez había sido una figura temida en las gradas del fútbol inglés terminó ocupando un lugar fijo junto a uno de los dúos más famosos del pop británico, en una vida muy distinta a la que había llevado en su juventud.

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