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Ley Karin, 40 horas y conciliación: lo bueno, lo malo y lo pendiente a un año de su puesta en marcha

Las tres principales reformas laborales muestran avances en derechos, pero también dificultades operativas.

Ley Karin, 40 horas y conciliación: lo bueno, lo malo y lo pendiente a un año de su puesta en marcha

Ley Karin, 40 horas y conciliación: lo bueno, lo malo y lo pendiente a un año de su puesta en marcha / Jon Hicks

A un año de la implementación de la Ley Karin, la reducción de la jornada laboral a 40 horas y la Ley de Conciliación, el balance del mundo laboral en Chile es mixto.

Las reformas han significado avances en derechos y protección, pero también han dejado al descubierto brechas en la preparación de las empresas, dificultades operativas y nuevos desafíos en fiscalización y gestión.

Ley Karin

La entrada en vigencia de la Ley Karin permitió visibilizar el acoso laboral, sexual y la violencia en el trabajo, impulsando un aumento significativo de denuncias y la creación de nuevos protocolos en las organizaciones.

Este avance ha fortalecido la protección de las personas trabajadoras, pero también ha implicado mayores costos, cargas administrativas y tensiones en el clima laboral.

Expertos advierten que la normativa requiere ajustes para mejorar la rapidez de los procesos, fortalecer la transparencia y evitar la judicialización excesiva de los conflictos internos.

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40 horas

La reducción gradual de la jornada laboral ha obligado a las empresas a reorganizar turnos y procesos, con impactos directos en los costos y la productividad.

Mientras algunas organizaciones lograron anticiparse, en especial las grandes, muchas pymes enfrentan dificultades para adaptarse sin afectar su operación.

A esto se suma el desafío de la fiscalización, ante el riesgo de incumplimientos y prácticas informales para compensar la reducción horaria.

Ley de Conciliación

La Ley de Conciliación amplió el acceso al teletrabajo y al trabajo híbrido para personas con labores de cuidado, fortaleciendo la corresponsabilidad.

Sin embargo, su implementación ha sido dispareja, con dificultades operativas y administrativas para las empresas, además de tensiones internas por la aplicación de criterios diferenciados.

Lo pendiente:

De cara a 2026, especialistas coinciden en que los principales desafíos pasan por reforzar la fiscalización, mejorar la capacitación y promover una cultura organizacional basada en el respeto, la corresponsabilidad y la productividad.

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