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VIDEO. La ciencia forense reescribe la historia: el secreto revelado detrás de la muerte del Niño del Plomo

Un estudio coliderado por la antropóloga Verónica Silva utilizó tecnología médica de punta para descartar la hipótesis de hipotermia y revelar el verdadero desenlace del niño inca hace 500 años.

El Niño del Cerro El Plomo, uno de los tesoros arqueológicos más valiosos del Museo Nacional de Historia Natural y el primer hallazgo de su tipo en Chile (descubierto en 1954), ha protagonizado una revelación histórica. La antropóloga física y forense Verónica Silva Pinto conversa sobre esto con Andrea Obaid en Tu Nuevo ADN.

Durante décadas se asumió que el menor, enterrado hace unos 500 años a 5.400 metros de altura, había fallecido debido al frío de la alta montaña. Sin embargo, una innovadora investigación, realizada por Verónica Silva y Marela Sepúlveda, presidenta de la Sociedad Chilena de Arqueología, publicada en la prestigiosa revista Science Advances determinó que la causa real de su muerte fue un traumatismo craneal cerrado provocado por un fuerte golpe en la cabeza.

La tecnología médica al servicio de la arqueología forense

El descubrimiento comenzó a gestarse en 2016, cuando la antropóloga física y forense Verónica Silva Pinto asumió la conservación de la colección bioantropológica del museo. Silva notó que el cuerpo no presentaba necrosis en los dedos de las manos ni de los pies, una condición médica obligatoria y destructiva que genera la muerte celular por congelamiento extremo en la alta montaña.

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Para comprobar científicamente esta sospecha, en 2021 la especialista lideró un proyecto del Fondo de Apoyo a la Investigación Patrimonial (FIPE). En conjunto con la conservadora Evelyn Sepúlveda, diseñaron una caja isotérmica especial para trasladar al niño manteniendo su cadena de frío hasta la Clínica Alemana. Allí se le practicó una tomografía computarizada de alta resolución (de 128 canales). Este escáner clínico reveló una fractura en el hueso frontal y una diástasis traumática, que consiste en la apertura violenta de las suturas de su cráneo en el momento de recibir el impacto.

Posteriormente, con la colaboración de los ingenieros de la Universidad Finis Terrae, Gonzalo Rojas Costa y María Luisa Cerón, se aplicó un avanzado análisis de números finitos —frecuentemente usado en el ámbito forense para investigar proyectiles balísticos— con el fin de calcular con exactitud la fuerza, la deformación y el tipo de arma requerida para causar dicha lesión.

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El ritual de la Capacocha y la reconstrucción de su vida

La muerte del menor no fue un hecho aislado, sino que se enmarcó dentro de la Capacocha, una de las ceremonias religiosas y políticas más importantes del Imperio Inca. Este ritual sagrado se realizaba durante momentos de transición, como el ascenso o muerte de un gobernante, o bien ante catástrofes naturales como terremotos y erupciones volcánicas. Para calmar a los dioses de la naturaleza (como el sol o las deidades de la cordillera), se elegía a los niños y niñas más perfectos físicamente bajo la creencia de que no morirían, sino que transitarían al mundo divino para representar a sus comunidades de origen.

El estudio no solo buscó esclarecer el deceso del menor, sino también rescatar su historia de vida. A través de un análisis de isótopos estables aplicados a muestras de su cabello, el equipo de investigación logró reconstruir químicamente los últimos meses del niño. Los resultados arrojaron que el infante realizó un peregrinaje ritual de 9 meses antes de ser ofrendado. Durante ese largo viaje a pie, fue acogido, respetado y alimentado con dietas específicas por las poblaciones locales de las distintas regiones que cruzó en su trayecto hacia el santuario de altura del cerro El Plomo.

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