Alerta por acceso a pornografía en niños desde los 6 años: experta entrega pautas a padres para abordar el tema sin culpas
Soledad Garcés, directora de la Fundación para la Convivencia Digital, advirtió que este tipo de industria apunta a captar a niños con “cerebros inmaduros”.

Alerta por acceso a pornografía en niños desde los 6 años
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El acceso de niños, niñas y adolescentes a contenidos altamente explícitos para adultos a edades cada vez más tempranas se ha transformado en una de las mayores preocupaciones para las familias y los establecimientos educacionales.
En conversación con Andrea Obaid en el programa Tu Nuevo ADN, la profesora, magíster en e-learning y directora de la Fundación para la Convivencia Digital, Soledad Garcés, entregó un preocupante diagnóstico sobre esta realidad y ofreció herramientas prácticas para enfrentar lo que califica como una amenaza directa al desarrollo infantil.
Según diversos estudios y encuestas, la edad de inicio en el consumo o exposición a la pornografía digital hoy se sitúa desde los 6 años en adelante. Esta situación, en gran parte desconocida para los adultos, se masificó tras la pandemia con la entrega masiva de dispositivos tecnológicos a menores de edad.
El “cerebro inmaduro” como blanco de la industria y la ruta de acceso casual
Garcés explicó que el escenario actual es radicalmente diferente al de hace dos décadas. La industria de la pornografía ha detectado un nuevo nicho de mercado sumamente lucrativo: los niños. Al entregarles tecnología sin supervisión, las empresas captan a usuarios con un cerebro inmaduro, el cual es altamente vulnerable a desarrollar una adicción severa y de largo plazo.
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La especialista derribó el mito de que los niños buscan activamente este material. De hecho, solo el 27% de los menores realiza búsquedas intencionadas de pornografía. El 73% restante llega de manera casual a través de un ecosistema digital aparentemente inofensivo. El peligro radica en que las comunidades de videojuegos y plataformas de alta interacción como Roblox, Discord, Twitch, Telegram y grupos masivos de WhatsApp se encuentran fuertemente contaminadas con contenido inapropiado para menores.
A esto se suma, en muchos casos, la negligencia parental de adultos que consumen este material en sus propios teléfonos o tabletas y luego se los facilitan a sus hijos sin borrar el historial de navegación. El impacto de esta exposición temprana no es menor: va desde el trauma y la sobrexcitación que el niño no sabe procesar, hasta la normalización de la violencia, violaciones y conductas sexuales grupales o explícitas, distorsionando completamente la empatía y afectividad que los jóvenes replicarán más tarde en sus relaciones de pololeo en la adolescencia.
Cómo hablar con naturalidad, erradicar la culpa y activar los protocolos escolares
Para contrarrestar este fenómeno, la directora de Convivencia Digital enfatizó que es fundamental que los padres no actúen desde el castigo o la recriminación. “Sáquenle la culpa”, aconsejó Garcés, explicando que si un niño siente que será castigado por lo que vio de forma casual, se refugiará en el silencio y cargará con el trauma en solitario. La estrategia debe ser la de acoger y asegurarles que se solucionará en conjunto para proteger su infancia.
Asimismo, la experta entregó pautas para abordar el tema en el hogar:
- Separar las conversaciones: Se debe diferenciar claramente la educación sobre afectividad y sexualidad de la prevención de la pornografía. Son dos temas distintos y no deben mezclarse.
- Enseñar a identificar las alarmas biológicas: Hay que instruir a los niños a escuchar a su propio cuerpo. Si al ver una imagen sienten asco, vergüenza o incomodidad, deben entender que es su cerebro advirtiéndoles que eso es malo para ellos, por lo que su “superpoder” es apagar la pantalla o cerrar la ventana de inmediato.
- Crear comunidad entre padres: Garcés instó a los apoderados a conocerse y establecer acuerdos colectivos sobre límites tecnológicos desde Kinder. De nada sirve que una familia aplique un estricto control parental si los compañeros del curso no lo tienen, ya que la curiosidad natural de la infancia facilitará el acceso a través de terceros.
- Retrasar la tecnología: La recomendación técnica definitiva es retrasar el acceso a los teléfonos inteligentes lo más posible. No como un castigo, sino como una medida activa de cuidado y protección hacia el desarrollo cerebral del menor.
Finalmente, Garcés recordó que el consumo de pornografía infantil es considerado por la normativa vigente como una situación de maltrato, violencia o abuso sexual. Por ello, si un colegio detecta que un estudiante está expuesto a estos contenidos, tiene la obligación legal de abrir un protocolo de resguardo, citar a las familias para exigir un compromiso de cuidado y, en caso de no cumplirse, realizar de inmediato la derivación correspondiente al Tribunal de Familia para garantizar la protección del menor.
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