La regla de los tres síntomas: el método clave para detectar un ataque cerebrovascular y salvar una vida
Frente a las alarmantes cifras de 40.000 casos anuales en Chile, el doctor Víctor Hugo Navia explicó la importancia de identificar a tiempo sus marcas.

La regla de los tres síntomas: el método clave para detectar un ataque cerebrovascular y salvar una vida
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En el marco del Día Mundial del Cerebro, el neurólogo de la Clínica Alemana y jefe de neurología del Hospital Padre Hurtado, el Dr. Víctor Hugo Navia, conversó con Andrea Obaid en el programa Tu Nuevo ADN. Durante la entrevista, el especialista abordó el impacto de las patologías cerebrales en el país, derribó mitos en torno al accidente cerebrovascular (ACV), que hoy se consolida como la segunda causa de muerte en Chile después del infarto al corazón, e hizo un llamado urgente a la prevención.
El doctor Navia enfatizó la necesidad de cambiar la terminología médica de “accidente” a “ataque cerebrovascular”, argumentando que la mayoría de estos eventos no ocurren al azar, sino que son gatillados por factores de riesgo que se pueden modificar y prevenir activamente.
Los factores de riesgo silenciosos: Hipertensión, virus y contaminación por leña
Aunque la hipertensión arterial lidera por amplio margen como el factor de riesgo más relevante para sufrir un ACV, el especialista detalló otros detonantes clave como el colesterol alto, la obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo, la apnea del sueño, las arritmias cardíacas y el estrés emocional. Asimismo, advirtió sobre un enemigo invisible pero cada vez más documentado: la contaminación ambiental por material particulado 2.5 (MP 2.5).
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De acuerdo con el académico, en la época invernal, especialmente en el sur de Chile debido al uso de calefacción con leña húmeda, la exposición a contaminantes se posiciona dentro de los primeros seis o siete factores de riesgo de ACV. El MP 2.5 provoca inflamación sistémica y daño en la microvasculatura cerebral, rigidez en las arterias e incluso aumenta el riesgo de padecer demencia a largo plazo.
Por otra parte, el neurólogo explicó la estrecha relación entre la circulación de virus invernales como el COVID-19 o la influenza y el incremento de eventos vasculares en la población. La infección genera inflamación en las paredes de las arterias, mientras que complicaciones físicas secundarias, como la tos excesiva, pueden romper internamente los vasos del cuello, provocando una disección carotídea o vertebral que gatilla un infarto cerebral, incluso en jóvenes o niños. Ante esto, el facultativo relevó el rol protector de la vacunación contra la influenza, la cual no solo previene cuadros respiratorios graves, sino que disminuye significativamente el riesgo de recurrencia en pacientes que ya han sufrido un ACV.
La regla de los tres síntomas y la importancia del “tiempo de oro”
El ACV puede ser de dos tipos: isquémico (que representa entre el 80% y 85% de los casos y ocurre cuando un coágulo obstruye una arteria cerebral) o hemorrágico (producido por la rotura de un vaso sanguíneo debido a un aneurisma o hipertensión descontrolada). En cualquiera de los dos escenarios, la rapidez del traslado a un servicio de urgencia es la variable crítica que define la sobrevida y el nivel de secuelas del paciente.
Para identificar un cuadro de inicio brusco en el hogar o trabajo, el doctor Navia instó a memorizar tres síntomas cardinales:
- Dificultad repentina para modular el habla o expresar palabras coherentemente.
- Debilidad o pérdida de fuerza en un brazo, una pierna o la mitad del cuerpo.
- Asimetría en el rostro (la cara o la comisura labial se “enchueca”).
Frente a cualquiera de estas señales, el protocolo recomendado es llamar inmediatamente al SAMU (131) o trasladar de urgencia al afectado a un hospital o clínica que cuente con neurólogo de llamada (presencial o telemático) y acceso rápido a escáner o resonancia magnética.
Esta urgencia radica en salvar la zona cerebral conocida como penumbra terapéutica, donde las neuronas no mueren inmediatamente, sino que quedan “atontadas” temporalmente por falta de oxígeno. Si se aplica el tratamiento para disolver el coágulo dentro de la ventana de tiempo oportuna, es posible evitar un daño irreversible.
Las consecuencias pueden ser devastadoras: en Chile, de las 40.000 personas que sufren un ACV al año, 8.000 fallecen y más de la mitad de los sobrevivientes queda con secuelas motoras o cognitivas graves que limitan su autonomía diaria.
La clave es la prevención: El autocuidado desde los 30 años
Considerando que una de cada cuatro personas sufrirá un ACV a lo largo de su vida, el doctor Navia insistió en la necesidad de incorporar el chequeo preventivo de salud en la rutina de la población joven y adulta.
La recomendación médica es iniciar controles periódicos de presión arterial, colesterol y glicemia a partir de los 30 o 40 años de edad para descartar patologías de base. Asimismo, el especialista instó a la ciudadanía a adoptar hábitos de vida saludables para fortalecer la reserva cognitiva, tales como evitar el consumo de tabaco y el exceso de alcohol, mantener una alimentación equilibrada y realizar al menos 150 minutos de actividad física a la semana. “Caminar o subir escaleras ya ayuda a llevar un buen hábito de actividad”, concluyó el especialista.
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