• 09 JUL 2026

EN VIVO

VIDEO

VIDEO. El auge de los “indiferentes”: cómo los nuevos votantes ponen en jaque a la política tradicional

Los investigadores del CEP, Aldo Mascareño y Juan Rosas, advierten que este grupo, moldeado por el mercado y las deudas, carece de lazo emocional con el Estado y exige resultados bajo una lógica puramente transaccional.

En un nuevo episodio en De Esto Se Habla, coproducción de ADN y El País Chile conducida por Rocío Montes, los investigadores del Centro de Estudios Públicos (CEP), Aldo Mascareño y Juan Rosas, analizaron las tesis de su libro “La condición postdemocrática en Chile: La política al borde del colapso”. Los autores explicaron que la democracia liberal no enfrenta un quiebre repentino o un golpe de Estado, sino una erosión paulatina y silenciosa que se ha gestado durante las últimas tres décadas, en la cual Chile ha actuado como un “laboratorio” político debido a sus vertiginosos cambios sociales y legislativos.

En el centro de este diagnóstico se ubica una figura clave: el “sujeto indiferente”, un electorado que ha crecido bajo las reglas del mercado y que se ha convertido en el principal desafío para la élite política tradicional.

La radiografía del “sujeto indiferente”: Precariedad, mercado y desafección

A diferencia de los movimientos sociales clásicos del siglo XX, que poseían una fuerte autoconciencia colectiva, como los estudiantes o el proletariado, el votante contemporáneo se comporta de una manera distinta. Los investigadores del CEP acuñan para este grupo el término de “antisujeto”. Se trata de personas que se han formado en las últimas cuatro décadas al alero del mercado, que trabajan de forma autónoma, arrastran deudas y conviven con una fragilidad social extrema ante el temor latente de retroceder en sus logros económicos.

De acuerdo con el investigador Juan Rosas, este grupo no encuentra respuestas eficientes ni sintonía en la denominada “política de los consensos” de la transición chilena, lo que se traduce en una desafección total hacia las instituciones tradicionales. Rosas ilustra este descontento a través de una de las frases más habituales de este electorado:

“¿Para qué votar si tengo que levantarme a trabajar el día de mañana?”

Revisa también:

Esta desafección y falta de lazo emocional provoca que el grupo sea invisible para la izquierda tradicional y mirado en menos por la derecha. Según los autores, la única fuerza política que logró identificar y capitalizar este fenómeno fue el Partido de la Gente (PDG), el cual les otorgó reconocimiento y los bautizó políticamente bajo el concepto de “clase media emergente”.

La relación transaccional con el Estado y el peligro de las “soluciones fáciles”

El sujeto indiferente no tiene un compromiso ideológico con el sistema político, sino que se relaciona con las instituciones de manera netamente instrumental. Exige la presencia del Estado únicamente cuando enfrenta catástrofes extremas en su vida cotidiana, como un incendio, un terremoto o una enfermedad grave.

El sociólogo Aldo Mascareño describe esta expectativa de la ciudadanía de la siguiente manera:

“No es un interés en la política en general, sino en el hecho de que te entreguen un determinado rendimiento para que me dejen hacer mi vida, porque yo soy autónoma”.

Este pragmatismo extremo conlleva un riesgo severo para la estabilidad de la democracia liberal. Al carecer de apego a los principios democráticos clásicos, este votante se vuelve altamente receptivo a discursos populistas o salidas de fuerza. Como advierte textualmente Mascareño:

“Al indiferente le da lo mismo si te rige un gobierno autoritario, un gobierno democrático”

De este modo, cuando los extensos debates parlamentarios y las reformas políticas tradicionales fallan en entregar resultados inmediatos ante urgencias como la seguridad o el desempleo, el elector prefiere alternativas que prometan soluciones rápidas y sencillas.

El paso de la racionalidad técnica a la “política de legitimación”

Frente a la amenaza latente de que emerjan liderazgos marcadamente iliberales o autoritarios, los investigadores del CEP plantean que la élite política chilena debe cambiar su estrategia. Sostienen que ya no basta únicamente con recurrir a la racionalidad técnica de los expertos o a la gestión de políticas públicas.

Para recuperar la confianza de la ciudadanía, los dirigentes políticos deben diseñar políticas de legitimación que posean un fuerte componente performativo y emocional. De acuerdo con Juan Rosas, gestos rápidos y simbólicos —como la firma inmediata de decretos presidenciales en los inicios de una administración— son los que logran hacer sentir a la ciudadanía que sus problemas están siendo abordados activamente. Asimismo, enfatizó la necesidad de que la política institucional vuelva a tomar contacto con las clases populares, reconociendo que el Chile actual no es el mismo de la transición, sino una sociedad compuesta por sujetos autónomos que demandan respuestas concretas del Estado para poder desarrollar sus vidas en paz.

Contenido patrocinado

X
Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarte publicidad personalizada a través del análisis de tu navegación, conforme a nuestra política de cookies