VIDEO. Juan Gabriel Valdés y el futuro político del Presidente: “Quiero pensar que Kast va a cambiar hacia una derecha más moderada, hacia el piñerismo”
El ex canciller analiza en De Esto Se Habla los primeros meses del oficialismo y sostiene que las derrotas legislativas obligarán al mandatario a abandonar las posturas extremas para abrazar el diálogo político.
El ex canciller y experimentado diplomático Juan Gabriel Valdés delineó un inesperado diagnóstico sobre el futuro político del presidente de la República, José Antonio Kast, asegurando que la realidad de gobernar terminará por moderar su gestión. En una extensa entrevista en el programa De Esto Se Habla —coproducción de Radio ADN y El País conducida por Ana María Sanhueza—, Valdés analizó los primeros meses del mandato, marcados por las tensiones legislativas, la cuestionada conducción de las relaciones exteriores y el complejo debate de la seguridad y el control fronterizo.
El tránsito “a porrazos” de Kast hacia una derecha dialogante y “piñerista”
Pese a las marcadas diferencias ideológicas que mantiene con la actual administración, el exembajador en Washington descartó situar al mandatario chileno en la misma categoría de líderes extremos de la región. Al ser consultado sobre si Kast comparte el perfil de figuras de ultraderecha como Javier Milei, Nayib Bukele o el recién electo presidente colombiano, Valdés argumentó que “Chile es muy distinto a esos países” debido a su sólida estructura institucional y sociológica. En esa línea, el diplomático proyectó una evolución forzada del Jefe de Estado hacia el centro político: “Yo quiero pensar de que Kast va a cambiar y que Kast va a terminar siendo hacia el piñetismo, con una derecha más moderada, capaz de dialogar con el resto de la sociedad, no de imponer sus puntos de vista”.
Para el exministro, este proceso de moderación no será voluntario, sino el resultado inevitable de la realidad democrática y los reveses políticos en el Congreso, como el reciente rechazo a una acusación constitucional impulsada por el oficialismo. “¿Cómo puede usted desmarcarse de esa derecha extrema? Bueno, yo creo que a porrazo no más”, enfatizó Valdés, catalogando las constantes ofensivas legislativas del sector como un “espectáculo” que disminuye el rol de las instituciones. El diplomático trazó un paralelo con la administración anterior de Gabriel Boric, a quien reconoció haber admirado precisamente por su capacidad de giro: “Mi admiración principal es porque cambió. Mi admiración principal es porque cuando él escuchaba y entendía lo que estaba pasando, uno se daba cuenta que eso era así porque tenía la cabeza del líder que es capaz de entender de que tiene que guiar una sociedad entera”. Según Valdés, el actual gobierno de Kast está viviendo su propio aprendizaje: “Este gobierno va a ir aprendiendo de que efectivamente no puede funcionar de una manera racional si no aprovecha las experiencias que está teniendo en materia de derrotas”. De lo contrario, advirtió, “el fracaso va a ser evidente a mitad de tiempo y puede provocar fenómenos sociales muy difíciles”.
El “insulto” a Bachelet y la desconexión diplomática de la Cancillería
Uno de los episodios que, según Valdés, ha dificultado construir la necesaria unidad nacional en política exterior fue el retiro formal del patrocinio de Chile a la postulación de la expresidenta Michelle Bachelet para la Secretaría General de las Naciones Unidas. El diplomático calificó la medida como un error histórico y sin precedentes: “Para mí la decisión del gobierno de sacar, retirar a una persona que ha sido dos veces presidente de Chile (...) hacerlo fue realmente algo que me pareció insultante”. A su juicio, esta acción evidenció cómo “se ha sometido el interés nacional al interés interno político”, respondiendo a presiones y cálculos de parlamentarios oficialistas.
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Valdés relató que esta decisión ha sido sumamente compleja de defender ante la comunidad internacional, donde la figura de Bachelet goza de un amplio respeto. “La visión que ellos tienen de Michelle Bachelet es muy alta y no pueden entender de que un gobierno de Chile recién electo, la primera decisión internacional que tome sea una decisión de esa naturaleza”, explicó. Asimismo, apuntó a la inexperiencia o falta de peso político del ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Maquena, quien pareció aceptar un hecho consumado por los asesores presidenciales: “Me sorprendió la falta de reacción de la cancillería frente a ese tema. Creo que la cancillería debería haber tenido frente al presidente la reacción de decirle esto del punto de vista internacional no favorece a Chile”. No obstante, admitió que el canciller venía recién llegando y “se encontró con una decisión que ya estaba tomada desde el punto de vista del equipo presidencial que está en el segundo piso”.
El debate migratorio: educación para la diversidad versus el “símbolo” de las zanjas
El ex canciller también arremetió contra el diseño de la política migratoria del Ejecutivo, acusándola de carecer de humanidad y de verse arrastrada por discursos xenófobos. Valdés fue enfático en la necesidad de aislar la delincuencia organizada del flujo migratorio general: “Naturalmente que estoy a favor de toda la fuerza de la lucha en contra del delito y del crimen internacional (...) pero no mezclemos la migración con el crimen”. En ese sentido, criticó con dureza las declaraciones del presidente Kast sobre la comunidad haitiana, señalando que en el debate político chileno a veces afloran “fenómenos de racismo muy antiguo”.
Respecto a las obras de control limítrofe en la frontera norte, reforzadas y profundizadas por el actual gobierno, Valdés desestimó su efectividad real: “Yo voy a ser bien franco. Yo creo que las zanjas son simbólicas. No les veo la posibilidad práctica de detener a gente que quiere venir. La gente que quiere venir viene porque cuando alguien quiere venir llega”. El diplomático insistió en que el control fronterizo legítimo debe ir acompañado de un rol pedagógico por parte del Estado, promoviendo la diversidad en un mundo globalizado: “La tarea del gobierno y la tarea de las autoridades, las tareas de los líderes es precisamente educar al contrario, celebrar la diversidad, ser capaz de apreciar el aporte que esa gente hace a la sociedad”. Para Valdés, si el Ejecutivo elude esta responsabilidad educativa, corre el riesgo de terminar “en un cuadro en el cual se deja arrastrar por la xenofobia y empieza a aprovechar la xenofobia a lo Bukele”.
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