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Nueva investigación revela la teoría definitiva sobre los brazos cortos del Tyrannosaurus rex

Expertos del University College de Londres demostraron una fuerte relación entre el encogimiento de los brazos y el desarrollo de cráneos masivos en cinco familias de dinosaurios.

Getty Images

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El Tyrannosaurus rex ha sido por décadas el blanco predilecto de memes y bromas debido al tamaño diminuto de sus brazos en comparación con su colosal cuerpo. Sin embargo, una nueva investigación publicada en la prestigiosa revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences parece tener la explicación científica definitiva para estas particulares extremidades, demostrando que su fisonomía no era un error de la naturaleza, sino una brillante y letal estrategia evolutiva.

El estudio sugiere que a medida que las presas del período Cretácico crecían a tamaños descomunales, los tiranosaurios y otros grandes dinosaurios depredadores se vieron obligados a cambiar su método de caza. En lugar de usar las garras, evolucionaron para transformar sus mandíbulas en su herramienta de ataque principal. Por una estricta ley de falta de uso, sus brazos se fueron encogiendo con el paso de los milenios hasta convertirse en los apéndices vestigiales que conocemos hoy.

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El factor saurópodo: Mandíbulas contra colosos de 30 metros

La investigación va un paso más allá de las teorías previas al vincular directamente la reducción de los brazos con el desarrollo de cabezas gigantescas y robustas. El equipo liderado por Charlie Roger Scherer, paleontólogo de vertebrados del University College de Londres, descubrió que este cambio físico estuvo fuertemente impulsado por las fuerzas ecológicas de su entorno, ya que el T. Rex no fue el único animal que experimentó un crecimiento exponencial.

Al mismo tiempo, los dinosaurios saurópodos se transformaron en los animales terrestres más grandes de la historia. Ante bestias de ese calibre, ni los bíceps más desarrollados del mundo habrían servido para dominarlas. Por ello, los depredadores optaron por potenciar cráneos dotados con la mayor fuerza de mordida jamás medida en la Tierra.

“Estas adaptaciones solían darse en zonas con presas gigantescas. Intentar agarrar con las garras a un saurópodo de 30 metros de largo no es lo ideal. Atacar y sujetar con las mandíbulas podría haber sido más efectivo. La cabeza sustituyó a los brazos como método de ataque. Es una cuestión de ‘úsalo o piérdelo’: los brazos dejan de ser útiles y se reducen de tamaño con el tiempo”, explica Scherer.

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Un patrón que se repite en 61 especies

Para validar esta hipótesis, los científicos diseñaron un innovador sistema para evaluar la robustez de los cráneos (basado en dimensiones, tamaño y fuerza estimada de mordida) y analizaron la anatomía de 61 especies de terópodos (carnívoros bípedos). Los resultados arrojaron que la conexión entre una cabeza masiva y unos brazos cortos es un patrón transversal que se repite con fuerza en cinco familias distintas:

  • Tiranosáuridos (familia del T. Rex).
  • Abelisáuridos y Carcharodontosáuridos.
  • Megalosáuridos y Ceratosáuridos.

El estudio determinó que este fenómeno no dependía exclusivamente del tamaño total del cuerpo, ya que algunos depredadores pequeños también presentaban la combinación de cabeza robusta y brazos diminutos. Además, los investigadores sugieren que, evolutivamente, las cabezas grandes aparecieron antes de que los brazos se encogieran, puesto que no habría tenido sentido que los carnívoros renunciaran a sus extremidades de ataque sin tener listo un “plan B” en sus mandíbulas.

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(Photo by Tian Yuhao/China News Service/VCG via Getty Images) / China News Service

Pese a su aspecto cómico, los paleontólogos recuerdan que estos brazos eran bastante fuertes y se estima que podían levantar más de 100 kilogramos. Aunque eran inútiles para frenar a un saurópodo en carrera, los científicos plantean que cumplían funciones secundarias clave, como ayudar al dinosaurio a levantarse del suelo tras descansar, sujetar a la pareja durante el apareamiento o realizar ataques sorpresivos a corta distancia.

Una hipótesis alternativa incluso sugiere que se encogieron para evitar que otros parientes hambrientos se los arrancaran por error de un mordisco en medio de los caóticos banquetes colectivos. En cualquier caso, la ciencia demuestra que el diseño del rey de los dinosaurios era una máquina de matar perfectamente optimizada.

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