• 21 MAY 2026

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Candelabro convirtió La Cúpula en un rito colectivo con “Deseo, Carne y Voluntad”

La banda chilena presentó oficialmente su segundo disco en un recinto repleto, con una puesta en escena marcada por el simbolismo, la teatralidad y una conexión total con el público.

Santiago

A las 20:30 en punto, en un ambiente cargado de expectativa, comenzó el lanzamiento de “Deseo, Carne y Voluntad”, el segundo álbum de la banda nacional Candelabro.

Antes de la explosión sonora inicial, el vocalista Matías Ávila, entre la oscuridad y los gritos de los asistentes, susurró un “pásenlo bien” que terminó funcionando como una especie de bienvenida ceremonial para una noche que, más que un concierto, se sintió como una procesión emocional dentro del Teatro La Cúpula del Parque O’Higgins.

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Así fue el lanzamiento de disco de Candelabro

Dividido en cuatro actos, “Celebración”, “Confesión”, “Juicio” y “Asunción”, el show siguió la estructura conceptual del disco, acompañando cada momento con cambios escenográficos, iluminación y una narrativa que avanzaba entre lo espiritual, lo político y lo íntimo.

El repertorio incluyó canciones como “Las Copas”, “Domingo de Ramos”, “Haz de mí”, “Prisión de Carne”, “Pecado”, “Tierra Maldita”, “Fracaso”, “Cáliz” y “José”, además de “clásicos” de la banda que terminaron de encender a un público completamente entregado.

Fiel a la mística, hubo diversos momentos potentes durante el show, uno de ellos sucedió cuando en el centro del escenario se instaló una estructura que simulaba una especie de confesionario. Ahí, Javiera Donoso y Matías Ávila interpretaron se adentraron en una atmósfera tensa y absorbente, mientras el público guardaba silencio casi por instinto. Más adelante, las velas, los juegos de luces y las transiciones teatrales transformaron el recinto en un espacio que pasaba de la calma absoluta al caos colectivo en cuestión de segundos.

Un final ascendente

Otro de los momentos más comentados llegó cuando la banda regresó vestida completamente de blanco para el tramo final del espectáculo. Más tarde, Ávila descendió del escenario durante “José”, caminando entre las escaleras y el público mientras la audiencia seguía cada movimiento como parte de la misma puesta en escena. Tras ese momento, el artista dedicó unas palabras a sus familias y especialmente a su padre, César Riffo, agradeciendo su recuperación tras enfrentar un cáncer.

Lejos de bajar la intensidad, el cierre terminó confirmando la conexión total entre Candelabro y su público. Los mosh se mantuvieron activos hasta las últimas canciones, mientras la gente coreaba cada tema como si llevaran años formando parte del repertorio de la banda.

La energía nunca decayó: entre empujones, abrazos, gritos y momentos de absoluto silencio colectivo, La Cúpula terminó convertida en una ceremonia caótica y emocional donde escenario y audiencia parecían funcionar como una sola cosa.

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