¿Tu gato dejó de comer? La ciencia revela que el secreto está en su nariz y no en su estómago
Sin considerar enfermedades o patologías previas, que un felino ignore su comida puede responder a los olores.

Getty Images
Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Iwate, en Japón, ha arrojado luz sobre uno de los comportamientos más frustrantes para los dueños de gatos: el momento en que dejan de comer sin razón aparente.
Según los expertos, el fenómeno no se debe necesariamente a que el animal esté satisfecho, sino a un proceso fisiológico conocido como saciedad sensorial específica olfativa.
Este principio, que en los seres humanos explica por qué siempre tenemos “espacio para el postre” después de una cena abundante, parece ser la clave detrás de los hábitos alimenticios de los gatitos.
La investigación, publicada en la revista científica Physiology & Behavior, sugiere que la motivación para comer en los felinos está profundamente ligada a la novedad del aroma más que a la plenitud gástrica.
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A diferencia de los perros, que suelen devorar su alimento rápidamente debido a su pasado evolutivo como cazadores en manada, los gatitos domésticos son herederos del gato montés africano (Felis lybica), un depredador solitario acostumbrado a ingerir múltiples comidas pequeñas a lo largo del día.
Para entender este comportamiento, el equipo liderado por el científico en comportamiento animal, Masao Miyazaki, analizó a 12 gatos domésticos sanos bajo un régimen controlado.
Tras un ayuno de 16 horas, solo cuatro de ellos terminaron su ración de 20 gramos en menos de 10 minutos. La mayoría se detuvo voluntariamente tras consumir apenas un tercio de la porción.
“Esto sugiere que la terminación de la comida no se explica completamente solo por la saciedad gastrointestinal”, señalan los autores en el documento.
La nariz por sobre el apetito
A través de una serie de pruebas con diferentes tipos de alimentos y olores, los científicos descubrieron que la ingesta de los gatos disminuía progresivamente cuando se les presentaba el mismo alimento repetidamente.
Sin embargo, el apetito se recuperaba de inmediato al introducir una opción con un perfil de aroma distinto, incluso si el nuevo alimento era considerado “menos sabroso”.
Uno de los hallazgos más sorprendentes ocurrió cuando los investigadores ofrecieron el mismo tipo de comida, pero alteraron el olor que emanaba del recipiente.
El cambio, por simple que fuera, fue suficiente para que los gatos volvieran a comer, evidenciando la importancia del estímulo olfativo.
“Nuestros hallazgos sugieren que los gatos no dejan de comer simplemente porque están llenos. Más bien, su motivación alimentaria disminuye a medida que se acostumbran al olor de la comida, y esta puede recuperarse introduciendo un nuevo aroma”, explica Miyazaki.
Aplicaciones para la salud animal
Este descubrimiento tiene implicaciones directas en la veterinaria y el bienestar animal. Entender que la “novedad sensorial” reactiva las ganas de comer puede ayudar en el tratamiento de gatos ancianos o enfermos que han perdido el interés por la comida.
Por el contrario, controlar la exposición a los olores podría ser una herramienta útil para combatir la obesidad felina sin necesidad de medidas drásticas.
La investigación concluye que, mientras los perros dependen de otros mecanismos que los hacen ideales para tareas de detección, el sofisticado sistema olfativo del gato está intrínsecamente diseñado para dictar su ritmo biológico en el plato.
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