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Ojo doglovers: estudio revela señales sutiles de dolor físico en los perros que sus dueños suelen ignorar

Expertos advierten que el dolor remodela la sociabilidad y el descanso mucho antes de que aparezca una cojera, lo que retrasa el tratamiento médico necesario.

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Getty Images / Carol Yepes

Un reciente estudio internacional, difundido por Science Alert, reveló que los propietarios de perros presentan dificultades significativas para identificar las señales sutiles de dolor en sus mascotas. La investigación, que incluyó a 530 dueños y 117 personas sin perros, determinó que los cuidadores suelen reconocer el malestar solo cuando este afecta la movilidad de forma evidente, como en el caso de la cojera.

Entre los indicadores más difíciles de detectar se encuentran los cambios conductuales relacionados con el apego excesivo y la inquietud nocturna. El comportamiento de “sombrear” o seguir constantemente a los miembros de la familia y la incapacidad para dormir de forma relajada son frecuentemente malinterpretados como rasgos de personalidad o estrés, cuando en realidad suelen ser manifestaciones tempranas de sufrimiento físico.

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Brecha en el reconocimiento de síntomas

El análisis de 17 comportamientos específicos mostró que acciones como el parpadeo alterado, el lamerse la nariz, el bostezo o el desviar la mirada son raramente vinculados con el dolor por parte de los dueños. Sorprendentemente, el estudio de la Universidad de Utrecht halló que los propietarios no obtuvieron mejores resultados que los no propietarios en la identificación de estas señales tácticas.

Los expertos enfatizan que el dolor puede manifestarse a través de una reducción en el juego, irritabilidad o incluso agresión inesperada. Estos cambios a menudo se integran en la rutina familiar cotidiana, lo que retrasa el diagnóstico veterinario. La demora en el reconocimiento del malestar no solo afecta el bienestar del animal, sino que incrementa el riesgo de problemas de conducta graves, como mordidas accidentales.

Finalmente, la investigación sugiere que la experiencia previa con mascotas que han sufrido enfermedades dolorosas mejora la sensibilidad de los dueños ante estos síntomas. No obstante, los investigadores recalcan la necesidad de educar a la población sobre cómo el dolor remodela la sociabilidad y los hábitos diarios, instando a vigilar de cerca la postura, la voluntad de movimiento y la calidad del pelaje como indicadores de salud subyacente.

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