¿Cómo elegir pescados y mariscos? Tips para comprar productos marinos de forma segura durante Semana Santa
La inspección visual no es suficiente para cerciorarse y hay que poner ojo en otros factores relevantes.

Estamos ad portas de vivir la Semana Santa 2026 y, como ya es costumbre, se enfrenta un aumento en la demanda de productos marinos, además del alza de precios que este año puede ser más cargado.
Aunque la tradición dicta platos a base de pescados y mariscos, la naturaleza perecedera de estos alimentos exige una vigilancia rigurosa sobre factores que van más allá de lo que el ojo percibe a simple vista.
La clave de una experiencia gastronómica segura reside en dos conceptos técnicos invisibles para el comprador común, pero determinantes para la salud: la trazabilidad y la continuidad de la cadena de frío.
Es habitual que el cliente promedio base su decisión de compra en el color o el brillo de una pieza. Sin embargo, los especialistas en estándares de calidad advierten que un aspecto atractivo no es sinónimo de inocuidad si el manejo logístico ha sido deficiente.
Revisa también:

“Un buen producto del mar no solo se ve bien. Lo más importante es que haya sido correctamente manipulado desde su origen hasta el punto de venta”, explica Carolina Bustos, gerenta de Calidad de South Wind.
“La temperatura y el lugar de compra son más relevantes que el color o el olor”, enfatizó, dejando claro que no basta con una prueba visual.
En este sentido, un establecimiento que no garantiza una refrigeración constante o que carece de registros sobre la procedencia del producto representa un riesgo sanitario latente.
Así, la experta enfatiza en que incluso “la apariencia puede engañar”, ya que un alimento puede conservar rasgos de frescura visual incluso después de haber perdido la cadena de frío, convirtiéndose en un vehículo de enfermedades transmitidas por alimentos.
Guía para una compra inteligente y preventiva
Para evitar incidentes, el proceso de selección debe seguir protocolos estrictos de verificación. No basta con confiar en la oferta ni la apariencia; es necesario actuar como fiscalizadores de nuestra propia comida:
- Puntos de venta: Priorizar supermercados y pescaderías que cuenten con certificaciones sanitarias visibles y responsables identificables.
- Estado del empaque: En productos sellados, el envase debe estar íntegro. Cualquier daño en el sellado compromete la atmósfera protegida y facilita la contaminación cruzada.
- Evaluación sensorial: Aunque no es el único factor, sigue siendo un filtro necesario. La textura debe ser firme al tacto, el aroma debe evocar sutilmente al mar (evitando olores amoniacales o ácidos) y las branquias de ejemplares enteros deben lucir tonos rojizos o rosados intensos.
- Información de origen: Los productos con etiquetado claro sobre su fecha de extracción y procedencia ofrecen una capa adicional de seguridad que los productos a granel sin identificar no poseen.
Post-compra
Muchos de los errores críticos ocurren en el trayecto hacia el hogar o durante el almacenamiento doméstico.
Romper la cadena de frío durante el transporte o consumir preparaciones crudas sin conocer el historial microbiológico del insumo son prácticas de alto riesgo.
Tal y como expone Bustos, la carga bacteriana de un marisco no es detectable a simple vista. Por ello, ante la falta de certezas sobre el origen o el manejo térmico de un producto, la instrucción profesional es drástica: “Si existen dudas, la recomendación es clara: no consumir”.
“La mejor decisión siempre es comprar informado y en lugares confiables”, añade, apelando a que la responsabilidad y cuidado debe ser de principio a fin.
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