Alerta en el Ártico: el dato de la NASA que confirma un punto de no retorno para el planeta
Las cifras de deshielo mantienen en alerta a la comunidad científica y evidencia un mal escenario a nivel global.
El Ártico ha completado su ciclo de acumulación invernal, el periodo donde el frío extremo extiende el hielo hacia su punto máximo anual.
Sin embargo, los datos científicos arrojan un diagnóstico alarmante: la región enfrenta una pérdida de superficie helada sin precedentes, consolidando una tendencia de deterioro que se ha mantenido firme durante las últimas dos décadas.
De acuerdo con las mediciones realizadas por la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC), el pasado 15 de marzo el hielo ártico alcanzó una extensión de 5,52 millones de millas cuadradas (14,29 millones de km²).
Esta cifra representa un déficit de aproximadamente medio millón de millas cuadradas en comparación con los promedios históricos.
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El registro de este año se sitúa un 9 % por debajo del promedio observado entre 1981 y 2010. Técnicamente, la cifra actual supone un empate con el récord mínimo establecido el año pasado, que fue de 5,53 millones de millas cuadradas (14,32 millones de km²).
Se trata de los picos más bajos documentados desde que comenzaron los registros por satélite en 1979. Aunque las variaciones anuales son comunes en la meteorología, los especialistas ponen el foco en la persistencia del fenómeno.
Walt Meier, científico del hielo del NSIDC, explica que, si bien un par de años con niveles bajos no definen una tendencia por sí solos, al analizarlos en un contexto de varias décadas, esto “refuerza el cambio drástico del hielo marino del Ártico en todas las estaciones”.
Impacto global y proyecciones
La relevancia de esta pérdida no es solo geográfica, sino climática. El hielo marino funciona como un espejo que refleja la radiación solar de vuelta al espacio.
Al reducirse su superficie, el océano (mucho más oscuro) absorbe esa energía, lo que acelera el calentamiento de las aguas y, por consecuencia, del planeta.
La urgencia es tal que investigaciones de 2023 sugieren que, incluso si se detuvieran las emisiones contaminantes hoy mismo, el Ártico podría verse libre de hielo durante el verano hacia el año 2050.
Los últimos 19 años ya han registrado de forma consecutiva los niveles de hielo más bajos de la historia.
Para la comunidad científica, este nuevo mínimo no es una anomalía aislada, sino una señal de alerta sobre el estado de salud del ecosistema terrestre.
Jennifer Francis, científica principal del Woodwell Climate Research Center, vincula este fenómeno directamente con la actividad humana y la quema de combustibles fósiles.
“Como cuando la presión arterial de una persona está descontrolada y señala un problema de salud, la pérdida continua de hielo marino es otro síntoma que indica que el clima de la Tierra está en grandes problemas”, comentó.
Francis añadió que el origen de esta crisis es claro: la acumulación de gases de efecto invernadero está calentando el aire y los océanos, lo que no solo derrite los polos, sino que además “empeora los extremos meteorológicos en todo el mundo”.