Investigación revela décadas de abuso sexual por sacerdotes católicos en Rhode Island: al menos 75 sacerdotes involucrados
La investigación del fiscal general Peter Neronha concluye que sacerdotes de la Catholic Diocese of Providence fueron acusados de agredir a más de 300 menores desde 1950.
Sunset in cemetery. / Luis Diaz Devesa
Durante más de medio siglo, denuncias de abusos sexuales contra menores dentro de la Iglesia católica en Rhode Island quedaron dispersas en archivos internos, traslados silenciosos y acuerdos confidenciales.
Un informe estatal publicado ahora reúne por primera vez esa historia en un solo documento y apunta a una falla institucional prolongada.
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La investigación, encabezada por el fiscal general Peter Neronha, concluye que al menos 75 sacerdotes vinculados a la Catholic Diocese of Providence abusaron de más de 300 niños desde 1950, según publicó Ap News.
Las autoridades advierten que el número real podría ser mayor, dado que muchos casos nunca fueron denunciados o no dejaron rastro formal.
Más que hechos aislados, el reporte describe un patrón: religiosos acusados eran enviados a otras parroquias, derivados a centros de tratamiento o puestos en año sabático, mientras las denuncias rara vez llegaban a la policía. Solo una fracción enfrentó cargos penales y aún menos terminó condenada.
Algunos casos
El documento incluye testimonios de sobrevivientes, como el de un hombre que relató haber sido manipulado durante más de un año antes de sufrir abusos en 1981 por parte de un párroco en Cranston.
Aunque una junta interna consideró creíble su denuncia, el sacerdote fue autorizado a retirarse en lugar de ser expulsado del estado clerical.
En otro caso, un miembro del comité encargado de revisar acusaciones también terminó señalado por abusos y continuó en funciones durante años.
La respuesta de la iglesia
Neronha inició la pesquisa en 2019, tras escándalos similares en otros estados. Debido a que la ley local impide publicar informes de gran jurado, el fiscal firmó un acuerdo para acceder a siete décadas de archivos diocesanos.
Si bien la Iglesia entregó documentación, el fiscal sostuvo que en ocasiones negó entrevistas clave.
La diócesis respondió que el informe fue posible gracias a su cooperación voluntaria y reiteró que cualquier abuso infantil constituye “un crimen terrible”.