• 27 FEB 2026

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Incluso usaba perros: los crímenes del subteniente de Carabineros que instauró el terror en Estación Central y fue condenado a 15 años de cárcel

Carlos Leal Aqueveque fue sentenciado por torturas, apremios ilegítimos y falsificación. La Justicia acreditó brutales golpizas, humillaciones a menores y el encubrimiento sistemático de sus delitos.

Incluso usaba perros: los crímenes del subteniente de Carabineros que instauró el terror en Estación Central y fue condenado a 15 años de cárcel / Hans Scott

La Justicia chilena dictó un fallo histórico al condenar a cuatro funcionarios de la 21ª Comisaría de Estación Central por una serie de graves violaciones a los derechos humanos cometidas entre 2016 y 2018. La mayor sanción recayó sobre el subteniente Carlos Julio Raúl Leal Aqueveque, quien pasará más de 15 años en prisión.

Su figura destapa la continuidad de una cultura de violencia institucionalizada: Leal Aqueveque ha sido sindicado como el discípulo y sucesor del suboficial mayor (R) Francisco Arzola, tristemente célebre como el “Paco Nazi”, quien en 2019 fue condenado a 22 años de cárcel por abusos similares en el mismo cuartel policial.

El Cuarto Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Santiago condenó a Leal Aqueveque a 12 años de presidio efectivo por dos delitos de tortura y tres delitos de apremios ilegítimos simples, sumando además penas de 3 años y un día, y 61 días de presidio, por falsificación de instrumento público y detención ilegal.

Junto a él, la Justicia condenó a sus subalternos, completando la lista de los cuatro sentenciados:

  • Cabo 1° Carlos Soto: Condenado a 5 años y un día por tortura, más 541 días por apremios ilegítimos.
  • Cabo 2° Camilo Vásquez: Condenado a 5 años y un día por tortura y 541 días por falsificación de instrumento público. Su pena se dio por íntegramente cumplida debido al tiempo que pasó en prisión preventiva.
  • Teniente Carlos Calderón: Condenado a 4 años de cárcel por apremios ilegítimos. Al igual que Vásquez, su pena se dio por cumplida por el tiempo ya pasado en prisión preventiva.

El uso de perros policiales como instrumento de tortura

Un elemento que marca un hito oscuro en esta condena es la utilización de animales para ejercer dolor. El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) destacó que este es el primer caso en democracia donde se configura la tortura mediante el uso de animales.

En estos crímenes, el rol de los perros institucionales “Conrad” y “Celso” dejó de ser preventivo para convertirse en armas de castigo, operando bajo las órdenes directas de sus guías y con la venia del jefe de servicio, Leal Aqueveque. Leal presenció cómo, estando la víctima Jonathan Retamales esposada y en el suelo de una oficina, el cabo Vásquez ordenó al perro “Conrad” que lo atacara. Leal conoció y consintió esta tortura, permitiendo que el animal mordiera a la víctima en el tobillo con el único fin de provocarle sufrimiento físico y psíquico. En otro episodio en la vía pública, Leal también estuvo presente cuando el perro “Celso”, guiado por Soto , fue utilizado para morder la pierna de un vendedor ambulante en medio de una detención.

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Los brutales crímenes de Leal Aqueveque acreditados por la Justicia

La Justicia determinó que el subteniente Leal Aqueveque utilizó su cargo sistemáticamente para castigar, humillar y encubrir sus delitos mediante partes policiales falsos. Su perfil criminal se evidencia en los siguientes episodios acreditados:

El ensañamiento con una adolescente (“Nunca olvides mi cara”): El 7 de noviembre de 2017, tras un altercado menor en la calle con la menor de 16 años G.C.R, Leal la detuvo y la introdujo en una garita. Allí la tomó por el pelo y azotó su cabeza contra la pared de cemento. Le apretó las mejillas obligándola a repetir “a los pacos no se les pega”. Luego la escupió en la cara diciéndole: “para que nunca olvides mi cara chuchetumadre”. Además, la discriminó por vivir en una población y posteriormente la obligó a permanecer hincada mirando a la pared en la comisaría bajo constantes insultos.

Amenaza de muerte y tortura extrema: El 8 de febrero de 2017, detuvo a un taxista al que le encontró un cuchillo en el auto. En la comisaría, Leal le exigió la clave de su celular para borrar unas grabaciones. Ante la negativa, lo golpeó con un bastón institucional, le arrojó agua y, finalmente, le apuntó a la cabeza con un arma de fuego amenazándolo: “si quiero te mato y no me va a pasar nada”. El terror infundido fue tal que la víctima se defecó en su propia ropa.

Golpizas a detenidos esposados y cargas falsas

Leal Aqueveque no solo golpeó brutalmente al comerciante ambulante con puños, patadas y aplastándole los testículos mientras estaba esposado en la garita, sino que en otra ocasión le mostró un cuchillo ajeno y lo amenazó: “con esta te voy a cargar”. Para humillarlo, Leal se arrancó el parche con su apellido del uniforme, se lo puso en la mano y lo abofeteó diciéndole “me llamo Leal, indio conchetumadre”.

Golpe en el bus y falsificación: Tras detener ilegalmente a esta víctima, Leal lo subió a un bus policial donde le dio un puñetazo directo en el ojo. Luego de la golpiza, Leal contactó a la Fiscalía e inventó que la víctima lo había atacado y amenazado de muerte, falseando actas y el parte policial para justificar el arresto.

Complicidad en el ataque animal: Ya mencionado, Leal ingresó a la oficina donde Retamales estaba esposado. Tras propinarle golpes de puño, permitió y consintió que su subalterno ordenara al perro policial atacarlo y morderlo, presenciando el tormento sin intervenir.

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