“Supervivientes del suicido”: especialistas explican el impacto que deja en el círculo cercano y qué viene después
Quienes pierden a un familiar por suicidio enfrentan un duelo más complejo, marcado por culpa y estigma. Expertos advierten que también son población de riesgo y que visibilizar su experiencia es clave para la prevención.

Familiares visitan a sus fallecidos en el cementerio Santa Inés. FOTO: SEBASTIAN RIOS MORALES/AGENCIAUNO / SEBASTIAN RIOS
A quienes pierden a un familiar o a un ser querido por suicidio se les denomina supervivientes. El término no es casual: de acuerdo con la APPAC (Association of Psychology and Psychiatry for Adults and Children), el nivel de estrés que experimentan es comparable al de una persona que ha pasado por un campo de concentración.
Los supervivientes no suelen hablar de que el dolor desaparezca, sino de aprender a reducirlo o a vivir con él. En ese proceso emergen preguntas sobre el reparto de las culpas dentro de la familia, la dificultad de retomar la vida laboral y el largo camino de reconstrucción emocional que deben enfrentar.
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Los llamados supervivientes pasan a integrar un grupo de alto riesgo, con una mayor vulnerabilidad frente al suicidio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que por cada suicidio consumado se registran alrededor de 20 intentos, un fenómeno que impacta de manera directa, en promedio, a seis personas del entorno cercano.
En Chile, una persona se suicida cada cinco horas. El año pasado, la tasa de suicidio alcanzó los 10,5 casos por cada 100.000 habitantes, superando a México, Colombia y Brasil. Actualmente, esta es la principal causa de muerte violenta, superando a los homicidios, según cifras del Ministerio de Salud.
Juan José Escudero Barrera perdió a su hijo de 19 años el 24 de septiembre de 2022. En un testimonio para El País recogido por la periodista Eleonora Giovio, el hombre de 64 años cuenta que lo que le ayudó fue verbalizarlo.
“A veces, si pasa algo gracioso, sonrío. Pero hay un resorte interno que me dice: ¿por qué estás sonriendo si tu hijo se ha suicidado? Te pones serio, hasta triste y alguien que está a tu lado equivocadamente piensa: ‘¡Pero si ha pasado más de un año! Y no, nuestro duelo es constante. En nosotros el concepto del tiempo no existe ya como tal. A mí hablarlo me ha ayudado y me ayuda”, narra.
De acuerdo con Eva Montero, psicóloga clínica especializada en conducta suicida, el duelo que enfrentan quienes permanecen tras una muerte por suicidio suele ser más profundo y complejo que el asociado a otros tipos de fallecimiento. “Con frecuencia puede transformarse en un duelo complicado e incluso patológico, debido al tabú, el estigma y el rechazo social que todavía rodean estos casos”, explica.
La cercanía con la persona fallecida, añade, suele activar fuertes sentimientos de culpa y responsabilidad, como si hubiera existido una falla de atención o de cuidado. Por eso, plantea Montero que hablar del suicidio de manera abierta y adecuada contribuye tanto a la prevención como a romper el silencio que lo rodea. “Poner el tema sobre la mesa ayuda a que deje de ser un tabú”.
La psicóloga señala que hay personas que, incluso con el paso de los años, no logran asimilar lo ocurrido y continúan preguntándose qué podrían haber hecho para evitarlo. Otras ni siquiera pueden nombrarlo y lo sustituyen por expresiones como “lo que pasó” o “un accidente”.
A diferencia de los duelos habituales, donde las etapas suelen ser más reconocibles, en el duelo por suicidio estas fases tienden a mezclarse. Al comienzo predomina el shock y la negación, y la aceptación resulta especialmente difícil porque muchos supervivientes la interpretan como una forma de estar de acuerdo con lo sucedido.
“Que cada persona transite el proceso de la manera que le sea posible”
Kike Esnaola, psicólogo y divulgador, explica en El País que cuanto mayor es la proximidad afectiva de la persona superviviente, mayor es el autoescrutinio al que se somete: “Debería haberme dado cuenta”, “debería haberlo hecho diferente” o “si hubiera actuado de otra manera, habría sido evitable”. Esta profunda culpa produce una brecha interna continua que impide que la herida cierre.
Además, sostiene, mitos como “solo cometen suicidio las personas débiles” o “si alguien fallece por suicidio es porque no se sentía querido” provocan que muchos supervivientes enfrenten esta experiencia con un fuerte sentimiento de vergüenza.
Al contrario de lo que se piensa, el psicólo afirma que acompañar no necesariamente exige respuestas correctas ni palabras exactas, sino presencia y disponibilidad para escuchar sin prisas y sin intentar curar el dolor demasiado pronto.
Acompañar, entonces, implica no presionar para obtener respuestas, no señalar responsables ni imponer una actitud de fortaleza o una “recuperación modelo”. Significa dar espacio para que cada persona transite el proceso a su propio ritmo y de la manera que le sea posible.
Acompañar también supone abrir espacios donde se pueda nombrar a la persona fallecida sin temor a incomodar, repetir su historia las veces que haga falta y expresar emociones incluso contradictorias sin ser corregida.
Este enfoque choca con un sistema con recursos limitados: en nuestro país el gasto en salud mental alcanza cerca del 2% del presupuesto sanitario total, lejos del 6% recomendado internacionalmente, y en el sistema público un adulto puede esperar en promedio 236 días para una atención psiquiátrica, según datos del INDH.
“Visibilizar la posvención”
En el libro Hablemos del suicidio: pautas y reflexiones para abordar este problema en los medios, Gabriel González Ortiz plantea que visibilizar la posvención, es decir, lo que ocurre con quienes quedan tras un suicidio o un intento, cumple también un rol preventivo.
Exponer el impacto real en familias y sobrevivientes, sostiene, puede funcionar como freno, de forma similar a las campañas que mostraron durante años las consecuencias de los accidentes de tránsito.
Esa idea es compartida por Itsaslore Yarza, profesora que perdió a su hermano en 2019, quien relata la importancia de hablar del duelo y de sus distintas formas: “Hablar de los supervivientes es importante, hablar del duelo también, porque hay muchas maneras de llevarlo. Visibilizar esa variedad de vivencias abre un abanico de opciones a la persona que lo va a vivir”.
También destaca el alivio que le produjo apartarse de modelos rígidos sobre cómo se “debe” vivir el duelo y entender que pedir ayuda profesional es una opción y no una obligación.
En su caso, el proceso incluyó conversaciones familiares abiertas, la vuelta temprana al trabajo para sostenerse mutuamente y la integración del dolor como parte permanente de su vida: “Yo vivo con un dolor que está ahí y que no se va a ir nunca y he aprendido a vivir con ello”.
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¿Estás enfrentando una crisis o conoces a alguien en esa situación?
No estás solo, y no estás sola. Recuerda que en la prevención del suicidio, el Ministerio de Salud cuenta con el fono *4141 que funciona de manera gratuita las 24 horas del día. Ahí, atienden psicólogos especializados.
La Salud Mental es responsabilidad de todos: Observa, Escucha y Actúa. Revisa información oficial del Minsal en este link.
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