Caos en Nepal: la protesta del “Gen-Z” que terminó con el palacio presidencial en cenizas y la renuncia del primer ministro
Uno de los hechos más trágico fue el incendio de la casa del exprimer ministro Jhalanath Khanal, referente del Partido Comunista, donde su esposa falleció quemada.

Caos en Nepal: la protesta del “Gen-Z” que terminó con el palacio presidencial en cenizas y la renuncia del primer ministro / NurPhoto
El Gobierno del primer ministro Khadga Prasad Oli bloqueó el acceso a varias redes sociales que no se habían registrado ante las autoridades dentro del plazo. Alegó “uso indebido” de plataformas: cuentas falsas que difundían odio, rumores, delitos cibernéticos y alteraban la convivencia. La medida encendió las calles: miles de jóvenes —las llamadas “manifestaciones de la Generación Z”— salieron a protestar.
Aunque el Ejecutivo revocó rápidamente la prohibición, el malestar ya no era solo por las redes. Los manifestantes canalizaron una frustración acumulada: percepción de corrupción, nepotismo, falta de castigos en casos emblemáticos y pocas oportunidades económicas (con desempleo juvenil alto). En TikTok y otras apps venía creciendo la indignación por el ostentoso estilo de vida de hijos de políticos en un país con renta per cápita cercana a US$1.400. La prohibición fue el fósforo; la leña ya estaba puesta.

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¿Cómo escalaron las protestas?
Las marchas comenzaron en Katmandú y se extendieron a otras ciudades. La policía usó carros lanzaaguas, bastones y balas de goma; manifestantes intentaron irrumpir en el complejo parlamentario, incendiaron una ambulancia y lanzaron objetos a las fuerzas de seguridad. El 8 de septiembre se confirmaron 19 fallecidos y cientos de heridos. Tras la renuncia de Oli el 9 de septiembre, las movilizaciones continuaron en algunos puntos, pero sin nuevos choques reportados. El aeropuerto de Katmandú suspendió operaciones y persisten disrupciones aéreas.
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Estos episodios se produjeron en simultáneo con la quema del Parlamento y del complejo gubernamental de Singha Durbar, así como con ataques contra la residencia oficial del primer ministro y otros ministerios. Varios edificios quedaron parcialmente destruidos y decenas de vehículos oficiales fueron incendiados, incluidos autos de magistrados y patrullas policiales.
Uno de los ataques más trágicos se produjo en el domicilio del exprimer ministro Jhalanath Khanal, referente histórico del Partido Comunista de Nepal (UML).
La casa fue incendiada como parte de la represalia contra dirigentes políticos, la que afectó a varios ministros de Estado. Dentro de la casa se encontraba la esposa del ex primer ministro, Rajyalaxmi Chitrakar, que quedó atrapada por las llamas, falleciendo en el lugar.

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¿Qué hizo el Gobierno y qué dijo el mundo?
Oli dimitió “para facilitar una salida política” y se restableció el acceso a todas las plataformas. India llamó a la moderación y al diálogo. Embajadas de Australia, Finlandia, Francia, Japón, Corea del Sur, Reino Unido, Noruega, Alemania y EE. UU. pidieron proteger derechos fundamentales. Organizaciones de derechos humanos cuestionan el proyecto de ley que exige registrar y someter a supervisión local a las plataformas, al considerarlo una herramienta de censura.
¿Qué está en juego ahora?
El Parlamento aún debe debatir a fondo el proyecto sobre redes sociales. En paralelo, la calle exige reformas anticorrupción y opciones económicas para jóvenes. El Ejército pidió moderación y una salida negociada. Nepal enfrenta su episodio de agitación más grave en décadas: el desafío será encauzar el descontento generacional en un acuerdo político que garantice libertades, orden público y un horizonte de oportunidades.
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