Ballet de Santiago celebró 60 años con dupla maestra de Stravinsky
Se presentó en el Municipal un programa doble con "El Pájaro de Fuego" y "La Consagración de la Primavera".

"El Pájaro de Fuego" (1910) y "La Consagración de la Primavera" (1913). Dos de las más importantes creaciones para ballet del siglo XX. Dos partituras del compositor ruso Igor Stravinsky, que se han mantenido vigentes también en la sala de conciertos, en el caso de la primera, a través de diversas suites; y la segunda, en sus íntegros 30 minutos de duración, que con danza o sin ella, sacudió todo el lenguaje musical a niveles trascendentes.
Hace muchísimo tiempo que no las disfrutábamos en Chile como ballets, y fue un notable acierto que el Ballet de Santiago las montara – ¡Y juntas! – en un programa simplemente titulado Festival Stravinsky. Es la temporada de los 60 años de la compañía que dirige Marcia Haydée, y por supuesto, las apuestas debían ser contundentes.
Así, la atención hacia el Municipal de Santiago volvió momentáneamente hacia lo artístico, como un paréntesis de la profunda crisis que allí se vive, y donde aun no se vislumbra solución definitiva.

"El Pájaro de Fuego", coreografía de 1992 de Marcia Haydée, mostró un apego a la gran tradición del ballet clásico, bajo un bellísimo marco escenográfico y de vestuario firmado por Pablo Núñez, y con Andreza Randisek, Gustavo Echeverría, Emmanuel Vásquez y Katherine Rodríguez brillando en los cuatro roles principales.
Resultó una oportunidad única también para escuchar los 50 minutos de duración de la obra musical completa, con todo su rico contenido, en que la Orquesta Filarmónica de Santiago bajo la batuta de Pedro-Pablo Prudencio se mostró sólida, aunque con ciertos baches y momentos borrosos.

Puro modernismo llegó con "La Consagración de la Primavera" en una concepción coreográfica de Glen Tetley, con un minimalista marco escénico, y donde la doncella del original es reemplazada por un varón, que tras danzar hasta morir, asciende a la eternidad.
Aquí la música se vio resentida. Si bien Prudencio debía adoptar un enfoque funcional a la danza desarrollada en el escenario, se sacrificó en impulso y peso expresivo, mermando la inherente carga dramática de la partitura. Eso no impidió que los bailarines en escena, liderados por Rodrigo Guzmán, equilibraran la balanza con sus virtuosos movimientos.
Ahora se viene otro desafío, y probable hito, en estas celebraciones del Ballet de Santiago: el estreno del nuevo ballet del compositor y director José Luis Domínguez, basado en la novela "La Casa de los Espíritus", y que se podrá ver a contar del 11 de septiembre.
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