Nuevos aires chilenos en Antofagasta
La orquesta Sinfónica de Antofagasta interpretó una obra del joven compositor chileno Manuel Bustamante, dando signos de renovación de repertorio.
A medida que van brotando los signos del enriquecimiento del proyecto artístico que la envuelve, surgen también los gestos que hacen la diferencia. Progresivamente la Orquesta Sinfónica de Antofagasta está saldando la deuda con los compositores chilenos, los que empiezan a asomarse en sus programaciones. Falta aun más música de nuestro tiempo en general, pero es cosa de tiempo.
El último concierto oficial de la orquesta nortina, realizado en el Teatro Municipal de Antofagasta, incluyó una creación de Manuel Bustamante, quien con 25 años se posiciona como una de las voces frescas de la nueva composición en Chile.
"Cantos para una velada" había sido presentada antes en la capital por el Solístico de Santiago junto al oboísta José Luis Urquieta, y aquí Bustamante la adaptó para el marco sinfónico, manteniendo al solista, quien vuelve a colaborar con la orquesta en lo que ha sido su bandera de lucha: obras para su instrumento y orquesta, de autores nacionales
Precisamente en esta pieza, el oboe solista lleva el peso del discurso, iniciándose con una cadenza donde concisamente se expone el principio único de la obra, y que resume muy bien el mundo del compositor, caracterizado por constantes cambios de carácter, de lo pensativo a lo dramático, de lo furioso a lo sereno. La orquesta resalta el material, produciéndose una especie de nutrido diálogo, colmado de sensible melos, y que armónicamente no está lejos de referentes del modernismo temprano como Bartók.
Urquieta hizo lo que mejor sabe hacer, brindando una interpretación comprometida, resultado de un estudio acucioso de cada nota escrita, lo que sucede con toda partitura que llega a sus manos. El encore fue más bien sorpresivo. Junto a la orquesta brindaron un fragmento instrumental del Oratorio de Navidad de Bach. Inesperado, pero bienvenido.
El heterogéneo programa que dirigió su titular, Christian Baeza, se inició y se cerró con dos de las obras más conocidas del mexicano Arturo Márquez, “La Conga del Fuego” y el Danzón No.2, que son como un caballito de batalla, efectivos para enganchar audiencias neófitas por sus contagiosos ritmos, pero que vienen mejor en un programa enraizado con la cultura vernácula del continente americano. También se interpretó la Suite de “El Teniente Kijé” de Sergei Prokofiev, riquísima música que anduvo bien en el aspecto rítmico, pero se notó mayor profundidad en la preparación. Igual loable que la orquesta aborde compositores claves del siglo pasado como el ruso.