Tiempo Libre

Al fin arribó “Lulú” al Municipal de Santiago

La ópera de Alban Berg, hito del modernismo musical, se puede ver hasta el 1 de septiembre.

Por ADNradio.cl
Jueves 23 de Ago, 2018 - 14:00

Por Álvaro Gallegos

Como telón de fondo, la imagen de la gran sala del Municipal de Santiago vista desde el escenario. La audiencia se encontraba así con un espejo de ella misma, o visto de otro modo, como un efecto de circularidad, tal como el contexto de circo, que fue el eje de la puesta en escena de "Lulú". Esta ópera clave del modernismo musical, por fin vivió su estreno en Chile. Un hito comparable a la primera presentación en el mismo escenario, de la otra ópera de Alban Berg (1885-1935), "Wozzeck", hace dieciocho años.

La propuesta de la regisseur francesa Mariame Clément, secundada por Julia Hansen (escenografía y vestuario) y Ricardo Castro (iluminación), funciona. Entiende el sentido de la obra, y pretende mostrar la historia lo más claramente posible. El marco escénico sencillo, el ambiente circense en sintonía con el prológo de la obra, el uso simbólico del cuadro decimonónico 'El origen del mundo' de Gustave Courbet (que muestra genitales femeninos), nada fue embrollado.

Solo merece reparos como se trató el "interludio cinematográfico" de mediados del acto segundo. La obra original pide una película muda donde se muestra el arresto, juicio, condena, contagio y hospitalización de Lulú, y es legítimo que directores escénicos pidan resolverlo sin filmación. El problema es que, en la pantomima de Clément, el domador del circo va gritando las distintas "etapas" de esta secuencia, interfiriendo la música. Precisamente el hecho de que se pensara como película muda, es el poder concentrarse en este interludio, tres intensos minutos de un perfecto palíndromo. Al llegar a su punto medio, la música empieza a ir de atrás hacia adelante, tanto en figuras rítmicas como alturas.

El desafío mayor, sin embargo, a la hora de montar 'Lulú', es la música. Una lástima que el maestro Juan Pablo Izquierdo dejara la producción, pero Pedro-Pablo Prudencio hizo una loable labor al frente de la Filarmónica de Santiago. Es una partitura compleja, llena de detalles, y sin duda que hubo asperezas y sinuosidades, pero el esfuerzo de los músicos y del director fue más.

La norteamericana Lauren Snouffer interpretó el rol titular. Magnífica en lo musical, su actuación quedó al debe, por mostrar a una Lulú fría, faltándole toda la gama de matices de uno de los personajes más enigmáticos de la historia del género operático. Stefan Heidemann se mantuvo macizo y musicalmente certero en los roles de Dr. Schön y Jack el Destripador. La mezzo austriaca Michaela Selinger cautivó con su bello timbre, y fue esencial en lograr la emoción requerida para el desenlace de la obra. Benjamin Bruns (Alwa) sorprendió con sus agudos, y una sorpresa el Schigolch de Jens Larsen, con su profundo timbre.

Parejo el resto del elenco, que incluyó a Robin Yujoong Kim (Pintor), Hernán Iturralde (domador) y Rebecca Jo Loeb (Camarinera, estudiante y criado). Vaya una mención especial a todos los cantantes chilenos que participaron por su entrega en los roles pequeños: Evelyn Ramírez, Javier Weibel, Arturo Espinosa, Gonzalo Araya, Carolina Grammelstorff, Francisco Salgado, Jaime Mondaca y Cecilia Barrientos.

Cabe decir que ninguno de los que participaron en esta producción había hecho “Lulú” antes, y eso quizás influyó en que no resultase tan intensa como debiera ser. Pero de todas maneras la sumatoria es más bien positiva, y se saldó al fin la deuda con este título seminal de la música de la última centuria.

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