• 06 MAY 2026

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Crónicas de cuarentena: El legado de Patricio Rodríguez

El periodista Mario Cavalla nos recuerda hitos del deporte en esta nueva sección.

El periodista Mario Cavalla dice presente en una nueva sección de ADN.cl llamada “Crónicas en Cuarentena”, en la que repasará distintos hitos del mundo deportivo.

«ADIÓS PATRICIO RODRÍGUEZ»

Escribo estas líneas desde la congoja y a modo de tributo a quien conocí bien y que nos dejó.

Patricio Rodríguez fue uno de los protagonistas más influyentes en la historia del tenis chileno. Un muy buen jugador de la época amateur, integrante de todos los equipos de Copa Davis de los años 60, capitán un tiempo, y un brillante entrenador. Sí, brillante y con mayúsculas. Quien estuvo bajo su corral mejoró y alcanzó su máximo potencial.

José Luis Clerc, Andrés Gómez, Nicolás Lapentti, Jaime Yzaga y Nicolás Massu fueron algunos de sus destacados pupilos. A todos los hizo mejores tenistas y personas.. A Clerc lo guió como un hijo en el tenis y la vida; con Gómez ganó Roland Garros y con Massu, las medallas de oro en los Juegos de Atenas. Nunca hizo alarde de sus éxitos y vivió siempre a la sombra de los triunfos de sus dirigidos. Entendía que los honores no le correspondian, que solo estaba haciendo su trabajo.

Leal y sobrio, trabajó siempre con latinos e incluso se dio el gusto de rechazar una oferta de Pete Sampras para entrenarlo, porque tenía contrato vigente con Andrés Gomez y preferia a alguien de su idioma y costumbres, pese a que hablaba cuatro lenguas sin ningún problema. No era un tema de dinero.

En la vida hay gente que necesita el reconocimiento constante y necesita gritar cada paso que da, que todo el mundo se entere. Pato Rodriguez estaba en la antípodas de todo eso. Le ofrecí varias veces escribir sus memorias pero nunca quiso. ¿Y qué voy a contar?», me decía con modestia. En noviembre del año pasado le hice una de sus últimas entrevistas. Estaba muy enfermo ya, pero todavía con ánimo para ver crecer a su hijita de 11 años. Eso llenaba su delicado presente.

Fuiste un tipo decente y te agradezco la calidez que tuviste cuando yo era un joven reportero. Pude honrarte con varias páginas en mi libro sobre la historia del tenis. Fue mi humilde homenaje en vida a lo que construiste, algo muy menor a lo grande que verdaderamente fuiste.

Un abrazo al cielo, querido Pato y descansa en paz.

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