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Noam Titelman: «En Chile hay un problema de falta de identificación con los representantes que incluye a los nuevos referentes»

Uno de los fundadores del Frente Amplio presentó, en ADN Hoy, su libro La Nueva Izquierda Chilena (Editorial Ariel), en el que analiza el camino de la actual administración de Gobierno desde las calles en 2011 a La Moneda.

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Noam Titelman presenta su libro "La Nueva Izquierda" - ADN Hoy - 5 de mayo de 2023

16:40

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En 2011 estuvo a la par con la actual administración de Gobierno en las calles exigiendo educación pública, gratuita y de calidad. Hoy está en otra vereda, como Ph. D. en Economía, investigador de la Universidad de Chile y autor del libro «La Nueva Izquierda Chilena. De las marchas estudiantiles a La Moneda» (Editorial Ariel). El cambio no quita que Noam Titelman deje de ser fundador del Frente Amplio. Y con esa experiencia fue que conversó la mañana de este viernes del escenario político local en ADN Hoy.

«La Nueva Izquierda Chilena» está prologado por la expresidenta Michelle Bachelet. En su presentación, cuestiona la característica generacional del Gobierno, los vínculos con las movilizaciones de 2011 y también con las del estallido. «Es una interpelación al texto y a la generación», dijo Titelman.

«La idea del libro es curiosa: cuando está la generación de ahora en La Moneda pareciera que todo estuviera jugándose en el día a día y hay poco espacio para echar un pie atrás y reflexionar de dónde viene y de qué sirve estas ideas nuevas que surgieron con este movimiento, pero justamente lo que plantea la Presidenta, y que creo que es un asunto central en el libro, es que es una generación que ha sabido relativamente bien cómo ganar elecciones, cómo montar nuevos partidos, referentes, liderazgos, por algo llega tan rápidamente desde los movimientos sociales a La Moneda, pero que esa capacidad tiene por detrás un cierto vacío a nivel de contenido», explicó.

Los orígenes del Frente Amplio intentaban replicar el caso uruguayo, que se centraba en el diálogo con los gobiernos locales. Luego, hubo un cambio de sello, si se quiere, que apuntó a lo generacional: «Ahora que ya no somos tan jóvenes o que dejamos de serlo los que fuimos de esa generación, la pregunta es de qué se trata esta nueva izquierda cuando ya no es tan nueva o cuando ya no es tan joven. Algo de eso aborda el libro: si es solo un tema de juventud. Bueno, la juventud se acaba».

Pero una señal de ello podría haber sido el arribo de Carolina Tohá (PPD), Álvaro Elizalde (PS) y Mario Marcel (independiente, cercano al PS) a la primera línea de Gobierno. Así, plantea que «este gobierno no ha sido la imposición de la generación 2011 a la Concertación, lo que me parece bien. Lo interesante entonces es preguntarse qué es: sabemos lo que no es: no es el recambio generacional simplemente, aunque lo hay».

Crisis de representación

Con todo, las encuestas han mostrado una desconfianza importante de la ciudadanía en los políticos y sus partidos. En esa línea, el estallido social, plantea Titelman, no fue tanto contra el modelo neoliberal, sino contra la élite:

«La misma fuerza que explica por qué le fue tan bien al Frente Amplio y por qué pasó tan rápido del movimiento social a La Moneda es la misma fuerza que hace tan difícil gobernar después, que es básicamente una crítica sin cuartel desde la ciudadanía a todos los partidos de la izquierda, la derecha, el centro, la representación y los partidos políticos. 52% de la población se identificaba con algún partido en 2006, hoy ese porcentaje es en torno al 22%. Una de las caídas más importantes del mundo: en América Latina solo Guatemala ha tenido algo parecido».

Luego planteó: «En Chile hay un problema de falta de identificación con los representantes, falta de confianza en ellos y eso, pese a las expectativas que puede haber, incluye a los nuevos referentes. Esa crisis de representación tiene distintas aristas, pero una parte importante de eso es que, como las votaciones hoy son cada vez menos a favor de un candidato si no en contra del que está en frente, hay poca lealtad con ese candidato. O sea, una vez que llega al poder, como decía Juan Pablo Luna, ‘la forma más rápida de perder el poder es ganando elecciones’, porque una vez que ya está ahí no hay una particular lealtad con esa persona, porque no había una sintonía con su proyecto político, pese a que los políticos, cada vez que ganan una elección en una especie de borrachera electoral, interpretan ese resultado como una manifiesta victoria de su posición política».

Pero esta crisis, precisó, no afectó solo al FA, sino a todos. No obstante ello, la incorporación del Socialismo Democrático (ex Concertación o ex Nueva Mayoría) podría ir en la dirección correcta para resarcir este estado de las cosas.

Nueva Constitución

El proceso constitucional nació en el estallido: «El estallido social fue contra la política y la élite,ni hablar de anticapitalista; un estallido antineoliberal. Es mucho más fuerte el odio a todos los partidos, sean de izquierda, centro o derecha, que un proyecto político concreto antineoliberal. Hubo partidos políticos que leyeron el estallido en clave de izquierda cuando era mucho más contra la política en general».

Así, con la elección de consejeros del próximo domingo, con una población que no se identifica con ningún sector político, el foco debería estar puesto «en la ideología:

Hay relevancia de la ideología cuando se pasa por un momento de dificultad y uno tiene que tomar una decisión de hasta qué punto está dispuesto a tranzar para ganar una elección. En el corto plazo, los partidos no necesitan ideología y hay cada vez más partidos con ideologías más delgadas, que son más flexibles en ese sentido y tienen más facilidad para ganar elecciones, pero efectivamente cuando llegan al poder, para no ser una veleta que se mueve con el viento y pueda empujar en una dirección, son muy importantes las ideologías, no para anteponerla a la realidad, porque efectivamente es ella la que dicta qué se puede y qué no. Pero es importante entender qué somos antes de avanzar y tranzar».

Hacia el final del diálogo, advirtió que «si el plebiscito de salida fuera hoy, ganaría el Rechazo», pese a que no se ha escrito nada: «Si se llega a rechazar el texto de salida, sería un golpe a la política en general, a la confianza en la política».

«Cuando la gente empieza a asociar a la política como una desesperanza, en la práctica termina incentivando que la gente prefiera un liderazgo que bypassee nuestra institucionalidad. Esa es la preocupación uno, dos y tres», cerró.

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