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Chari Pizarro, comunicadora popular: “Las ollas comunes no son caridad, son una acción de resistencia y rebeldía”

Desde la Población La Victoria, contó en Ciudadano ADN cómo varias organizaciones están trabajando para entregar alimentos a quienes lo están perdiendo todo durante esta crisis sanitaria, asegurando que la situación es “una olla a presión” que funciona como adelanto de “el estallido social 2.0”.

Por Ciudadano ADN
Viernes 22 de May, 2020 - 20:40
Actualizada el Viernes 22 de May, 2020 - 20:41

Las ollas comunes, forma de organización para alimentarse en las poblaciones durante la dictadura y sus sucesivas crisis económicas, parecían erradicadas hasta que la pandemia del coronavirus y sus consecuencias sociales las trajeron de vuelta a ojos de muchos. Una de sus organizadoras es Chary Pizarro, comunicadora popular de la Radio Primero de Mayo (106.5 FM) de la Población La Victoria, quien conversó con Ciudadano ADN.

“Queremos decirlo claramente: la olla común no es una acción de caridad sino de resistencia y rebeldía diaria, porque lo están pasando muy mal los vecinos acá”, señaló de entrada. Según rememoró, en octubre y noviembre, con el comienzo del estallido social, “empezamos a ver a pobladores perdiendo su lugar de trabajo, o que se les bajó el sueldo. Quedaban cortos en la quincena”. Una baja que aumentó en enero y febrero, época en que “la gente sale, no están las universidades o colegios, y acá hay mucho trabajo informal”. En marzo, el coronavirus hizo que se perdieran trabajos o posibilidades de negocio como la venta de colaciones, “Fue, como se dice vulgarmente, la guinda de la torta”.

Chari observó inmediatamente la carencia de productos esenciales, los que en muchos casos “subieron al doble o al triple. Nos ha parecido irrisorio, una bandeja de huevo que costaba 2.000 pesos ahora está al triple, a 6.000”. Por eso, hace dos meses y medio se puso en marcha el programa “Comprando juntos”, nombre de un proyecto que se hacía en las iglesias en dictadura, en el que entre 30 y 40 familias compran canastas familiares a precios que oscilan entre $9.000 y $16.000, y cada comprador debe donar un producto de ellas. Así, se da origen a 22 canastas “completamente gratis” para entregar a vecinos.

Según el catastro que maneja Chari, en La Victoria hay cerca de 60 familias “sin ningún ingreso” desde la primera semana de marzo. “Algunos no tienen gas y están cocinando a leña”. Sin embargo, a su organización se han acercado entre 150 y 180 familias que no tienen un plato de comida. Una situación agravada por los contagios de Covid-19 y el confinamiento obligado en condiciones de hacinamiento. “Son 8 o 10 personas en la casa que no tienen cómo generar ingresos”. Los bonos anunciados por el Gobierno, asegura, están lejos de ser una solución. “Son para gente que tiene la ficha de protección de hogares actualizada al 29 de febrero, pero la mitad de nuestros vecinos no tienen el registro y las municipalidades no están atendiendo. Imagina a alguien que no tiene que comer y que yo le diga que vaya al Registro Civil y saque su clave”.

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El programa donde participa Chari no es el único en la iniciativa: además de la asamblea de pobladores de La Victoria, hay ollas comunes en el Centro Cultural La Bicicleta, en la casa André Jarlan, y en la población Cardenal Caro, dos familias están entregando alimentos vía autogestión. “Nosotros entregamos 150 almuerzos y onces los sábados y domingos en el Club Deportivo Santa Rosa, donde amablemente nos dejan estar”.

Para mantener las precauciones sanitarias, contó Chari, “nadie puede comer en la olla común”. Todo se entrega en platos de plumavit para llevar. Además, cada integrante lleva mascarillas y guantes, el espacio se fumiga al llegar y hay alcohol gel. Las personas que reciben alimentos también deben llevar mascarillas y respetar el distanciamiento físico en la fila. Del mismo modo, “la gente retira e inmediatamente se va”.

Todo ocurre en un mes en el que la radio Primero de Mayo cumple 25 años “de autogestión y resistencia como medio de comunicación popular”. Desde esa plataforma, asegura Chari, “visualizamos que ésta es una olla a presión. Se viene el estallido social 2.0”. La comunicadora contó que, hace una semana, se intentó detener “de forma violenta” a gente que fue a la feria a comprar verduras para la olla común, pese a que contaban con salvoconducto. “Tenían mascarillas con bandera mapuche. Los vecinos grabaron y no permitieron que se los llevaran”.

Ante situaciones como ésas, Chari remarcó que “acá hay una memoria histórica” y que las autoridades “tienen que entender que un helicóptero volando, o camiones con militares entrando, no es un concepto que se entienda como ayuda. Acá se trabaja de otra manera”, agregando que “me da mucho miedo estos anuncios de apoyos económicos que si no llegan como se espera, la gente estará llevada al límite”, y que “hay salvoconducto para ir a comprar alimentos pero no hay salvoconducto para la olla común, el descriterio abunda en ciertas cosas y eso nos asusta mucho. No queremos ver a nuestros jóvenes de nuevo encarcelados o baleados. Estamos cuidando a los nuestros y no necesitamos problemas extras de los que nunca nos han venido a ayudar. Necesitamos que haya respeto”.

Chari finalizó asegurando que, ya que se trata de un modelo de autogestión, “somos bien dignos”, por lo que reciben apoyo en alimentos de cualquier persona, “y disculpe que lo diga, pero de partidos políticos no”. Al respecto, ejemplificó que “un caballero llamó y nos regaló 135 pescados, así que estamos de fiesta con esos pescados”.

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