Viaje al centro de Américo: «Nunca he sido mucho de creer que uno no es profeta en su tierra»
El cantante nacional conversó en extenso con ADN sobre su gira por Estados Unidos y sus meses más críticos durante la pandemia, en los que convirtió su separación momentánea en "Cumbia Despechada", su próximo disco. Además, expresó su opinión respecto a los hechos de violencia en el país, sobre todo en el norte, su lugar natal.
En Chile hay un Américo que se dedica a explorar nuevas tierras. Es el Américo que todos conocen, que partió desde niño cantando en los escenarios de Arica y hoy sigue su periplo por Estados Unidos. Con una imagen promocional más renovada, el artista goza de un buen momento musical desde su base en Miami, ciudad en la que se radicó para expandir sus redes y aprovechar la excelente salud de la música latina en el hemisferio norte.
Tal como ocurrió con todos los artistas y bandas del planeta, el covid-19 frenó los eventos masivos, lo que obligó las presentaciones vía streaming. Américo no sólo se vio afectado por la falta de shows, sino también por el encierro, lo que derivó en una separación familiar que fue momentánea. Y en los meses más duros de la pandemia surgió Cumbia Despechada, su nuevo disco de estudio, que lanzará próximamente.
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Por ahora, el cantante tropical se dedica a promocionar su nuevo single Aquí Abajo, cover de Christian Nodal, y el videoclip de Y yo me voy junto a Rocío Quiroz y Arte Elegante. En el último tiempo ha estado oscilando entre la cumbia y los ritmos urbanos, para luego derivar en un trabajo orgánico y muy emocional.
Entre el 9 de junio y 10 de julio realizará su gira Américo en América, que recorrerá la ciudades de Virginia, Boston, Connecticut, Chicago, Spring Valley, Nueva York, Pensilvania, Naples y Miami. También tiene agendada una presentación en Argentina junto a Los Ángeles Azules y celebrará las fiestas patrias de Perú en el Club Hípico de Santiago.
En una extensa entrevista con ADN, Américo habla sin tapujos de un 2020 muy crítico en lo personal, que surgió como una oportunidad, mediante la música como terapia, según él mismo afirma. Hubo tiempo además para hablar de la situación que se vive en el norte del país, su zona natal, y en el que se vive una crisis social y de seguridad.
Primera parada: «Los artistas urbanos viran hacia lo más tradicional»
Te quedó gustando mucho esa mixtura que se está dando hoy día entre la cumbia tropical tradicional con la que partiste y la música urbana, que es lo que está de moda ahora. ¿Cómo ha sido esa convivencia entre dos estilos que se parecen mucho, pero que tienen tiempo de distancia?
«Lo que está pasando hoy día es que se está reacomodando todo. Es cierto que constantemente aparecen modas, tendencias y esto de lo urbano, pop urbano y ahora el trap, especialmente en nuestro país, que está con mucha fuerza. Pero también termina de acomodarse en lo que era más tradicional, la música popular, la música romántica, la música folclórica que bien llamamos regional».
«Con los viajes, que afortunadamente retomamos desde agosto del año pasado, está pasando en todo lugar: México, Colombia, Estados Unidos -por supuesto ahí sustentado por los latinos-, Argentina, Bolivia, Ecuador. Entonces es agarrar esto que suena, hay cosas de lo moderno, que es como la forma en pocas palabras, expresar lo que podrían ser varias frases, ser más directo, y cositas también más técnicas de la música, pero en esencia agarrar lo romántico, mantener la cumbia».
«La cumbia también está pasando por un gran momento. Cuando vemos que Luciano Pereyra graba una cumbia con Márama, cuando Sebastián Yatra graba Amor Pasajero que es una cumbia, que la canción del año el último Grammy latino es Vida de Rico de Camilo, y cuando el Puma Rodríguez saca su más reciente sencillo Es Una Cumbia, dices hey, algo está pasando. La cumbia está fuerte, ese beat, ese ritmo sirve y se adapta y se acomoda bien«.
«Yo que venía haciendo cumbia evidentemente me digo no, tengo que seguir por acá, es lo más inteligente no perderme, ser un representante, ser un artista de cumbia y ya agarrarse de lo que afortunadamente hoy día está pasando. Porque con esta cosa cíclica, que si bien es cierto nos mueve un poco a todos, pero después ya vuelve y así. Seguramente vendrá otra tendencia, sin duda que hay muchas cosas que han cambiado, pero todo llama a eso: a adaptarse, a acomodarse. Y creo que uno, mientras pueda defender su estilo en consecuencia y con fuerza, el público se queda contigo«.
¿Es fácil adaptarse?
«Yo creo que sí, en algunos momentos uno se desorienta, se desespera, se asusta. Imagínate cuando partió todo esto, lo urbano, el reggaetón y todo. Todos los artistas más tradicionales viraron a esa corriente, todos empezaron a grabar con los artistas urbanos, de reggaetón. No importaba la edad, no importaba el estilo, todo era… y yo siento que era medio asustarse, por no perderse del radar y no perder en su carrera«.
«Pero hoy día nos damos cuenta que es al otro lado. Los artistas urbanos viran hacia lo más tradicional o popular. Tenemos a Maluma grabando con el grupo Firme, tenemos a Camilo, a Piso 21 grabando con (Christian) Nodal, a David Bisbal grabando con Nodal. Entonces uno se asusta y al final en la reflexión uno dice si te hubiese defendido, si me hubiese quedado ahí, si hubiese tenido paciencia y entender que no iba a pasar nada, que el público me quiere, me acompaña para seguir estando ahí, uno no se desesperaría tanto«.
«Creo que en la reflexión no debería ser tan difícil. A todos nos ocurrió ahora. Con el tema de la pandemia nos desesperamos y lo que había que hacer era esperar, cuidarse, no es fácil. Pero era lo que nos tocaba. Hoy día seguimos con la pandemia. No es que la pandemia se fue. Hoy día nos vacunamos, la mascarilla, tenemos que hacernos PCR, que la distancia, que lavarnos las manos, pero ahí está. Es una adaptación».
En los shows que has realizado en el último tiempo, ¿has notado la energía de la gente que quiere volver a bailar después de meses tan duros de pandemia?
Sí, la gente quiere volver a bailar, a salir, a compartir. Esa sensación de libertad, ¿no? Porque eso es lo que en algún momento se nos quitó y que nos desesperó. Además es tan natural, tan propio, eso de sentirse y ser libre, salir, caminar, conversar con quien tú quieras, nunca tan libertino, pero eso es. Entonces, hoy día que poco a poco se ha podido, sin duda que la gente ha vuelto, ha apoyado las actividades y bueno, la expresión ‘bailar y soltarse’ sin duda que está.
Samantha Palma, ADN
Segunda parada: el encierro, la separación y el harakiri
¿Cuál fue tu momento más complicado de la pandemia, que recuerdes y quieras compartir con nosotros?
«Fue a los dos, tres meses de estar encerrado, el ver que nos quedaba mucho tiempo, de que esto no pasaba y esto no se acababa, y que no sabíamos bien de qué se trataba y qué iba a pasar. Me incomodé muchísimo, uno está con el tema… ahí empecé a asustarme, ya las primeras reacciones como el estar con la familia, los hijos, ordenar la casa, el cocinar, el hacer transmisiones«.
«Esa parte bonita que logramos rescatar al comienzo de la pandemia se nos había acabado y empezamos a desesperarnos. O por lo menos me pasó a mí, empecé a desesperarme y… cómo voy a trabajar, cómo genero, qué hago. Eso, mezclado con el ocio, con la desesperación, tragos más, tragos menos, hasta que mi esposa me dice… hey, cálmate, no te vas a morir, no se ha muerto nadie, no ha pasado nada, cálmate«.
«Y yo seguía desesperado. Hasta que me dice ¿sabes qué? Sale de la casa y nos separamos. Fueron varios días separados, fue súper complicado el no saber cómo convivir, fue súper complicado para mí. Ahí recibir estos cachetazos emocionales, reflexionar para bien y poder verlo como una oportunidad… Fue así que lo tomé, pero tuve que desajustarme de esa manera, pasarlo bien, literalmente separarme, que me mandaran bien a la cresta un rato. Y eso… era como costalearse, terminar de pegarse con el tema pandémico para volver a pararse».
«Literalmente fue agosto, septiembre… meses del 2020 que fueron caóticos, súper malos. Pasó, como te dije, que uno puede ver en estas situaciones, encontrar una oportunidad y revertirlo, hacer algo mucho mejor de lo que venía haciendo».
Retornando desde lo personal a lo artístico, ¿en qué se traducen todos esos momentos que te tocó vivir en «Cumbia Despechada»?
«Afortunadamente está la música… para mí, como terapia, el bálsamo, esta cosa que además siempre te acompaña la música. Encontré justo en esta soledad, en el estar en la oficina, expulsado de mi oficina, cuando uno empieza a escuchar canciones, cuando uno empieza a darse con (gesto de apuñalamiento) el harakiri, el dolor, y ahí encontré un repertorio bien bonito, bien intenso, doloroso. Bien víctima también, para qué decirlo».
«Siento que encontré estas canciones que estamos presentando. Aquí Abajo, que es un cover… una con la que vamos a partir y que se llama La Culpa. ¡Imagínate el nombre! Y otras que salieron ahí, que son originales, son inéditas. Afortunadamente con los chicos pudimos trabajar a distancia y dijimos ¿hagamos un disco así como bien orgánico? ¿Les parece la temática? Dije pongamos estas canciones de despecho y lo llamamos Cumbia Despechada«.
«Partimos desde octubre, noviembre. En diciembre empezó a agarrar forma. Y creo que en febrero, marzo, ya teníamos listo el disco».
Tercera parada: Américo, el explorador
¿Cómo evalúas este recorrido en Estados Unidos, partiendo por instalarte en Miami y tocar en distintas ciudades, encontrarte con este público? ¿Qué escuchan en Estados Unidos?
«La cultura, el arte y la música latina están muy fuertes. Cuando ya vemos cruces que hace algunos poquitos años atrás no se veían. Cuando el gringo incluía la música latina era súper difícil, no pasaba. Quienes marcaron esto fue Justin Bieber con Despacito, Drake con Bad Bunny y después se abre mucho más cuando Ed Sheeran empieza a grabar con un montón de artistas latinos. Es como ahora sí«.
«El volumen de residentes, descendientes y gente con sangre latina es tremendo de gigante en Estados Unidos. Creo que son más de 50 millones, imagínate. Entonces hay un público en el que existe esa posibilidad de que te pueda acompañar, que te pueda ir a ver a los shows, que además están pendientes de lo que pasa en sus países de origen. Así como qué está pasando en Chile, ah sí, se escucha tal y tal artista. Lo mismo en Bolivia, un país donde hice carrera, Ecuador, Argentina, Perú y ahora estamos en la conquista de Colombia. Y ese es el público que sostiene esas aventuras, esas exploraciones«.
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¿Hay algo que te haya llamado la atención en este periplo por Estados Unidos?
«Lo que llama la atención y lo que debió llamarnos de mucho antes la atención, haberlo recontra considerado antes, es el volumen. Volumen de gente, de espacios, de escenarios, de ciudades, desde la más grande a la más chiquita. Lo que te provoca el volumen, el estar en un lugar nuevo, en un escenario nuevo, en un país nuevo, que es conectarte con volver a empezar».
«De hecho, ayer me quedé con el director de la banda, estábamos hablando y nos volábamos un poco. Decíamos vendamos unas cosas de equipos, cosas así, instrumentos que no ocupamos. En la locura justamente de haber sido bien humilde, en algunos momentos pobre cuando chico, queríamos todos los instrumentos y que hoy podemos tener. Y hablábamos y decía nos compramos igual los equipos, mesas de sonido, algunos instrumentos. Y decía podríamos comprar una camioneta, porque es lo que te inspira: el rock and roll, esa cosa de volver a girar. Acá al lugar que lleguemos, lleguemos con nuestros equipos, con nuestras cosas para entregar siempre la misma calidad del show».
«Eso fue como volver a empezar, lugar nuevo y por supuesto aplicando todo lo aprendido. Entonces eso siempre estuvo ahí, hoy día representado en Estados Unidos, con gran volumen de todo, y también en oportunidades. Porque también nos quedó claro que, por ejemplo, con la pandemia aquí nos cerraron las fronteras, se nos cerró la cordillera y no teníamos dónde ir, alternativas nos quedamos con ninguna».
«En cambio allá, por su forma y todo, duró poco este encierro. Florida como estado fue el que menos caso hizo a la pandemia. En Miami prácticamente no existió la pandemia, la mayoria de las cosas siguieron abiertas y todo el tiempo. Entonces suena un poco frío, pero son las oportunidades que no encontramos en otro lugar y que son necesarias, porque es el trabajo. Hay que tener alternativas y eso es lo que te ofrece un lugar tan grande como Estados Unidos«.
¿Cada cuánto vienes a Chile?
Cada cuánto vengo a Chile… suena bonito (risas). Estoy viniendo, como ha resultado la dinámica, son dos, con suerte tres veces en el mes y estoy cuatro o cinco días. Es como eso, eso está pasando, justamente es venir, cumplir actividades y todo, pero también la parte personal. Si bien yo estoy en movimiento, haciendo cosas y me gusta y me atrae un montón Estados Unidos, a la otra parte de mi familia, mi esposa, no tanto. Creo que se le pasó el entusiasmo y prefiere estar más aquí, más cerca del resto de la familia y está bien. Me toca redoblar esfuerzos, pero está bien, lo voy a seguir haciendo en la medida que tengo la energía y en la medida que pueda.
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Última parada: el norte, la violencia, las redes y los escenarios
Tus stories de Instagram te delatan… y te voy a llevar al norte. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en el norte?
«Uf, la última vez que estuve en el norte… en Arica fuimos a comienzos de año, también a Iquique. Finales del año que pasó. Y eso como lo más extremo. Después me ha tocado ir a La Serena, a Coquimbo, a Copiapó fuimos también hace mucho tiempo. Calama también. Qué suerte que hemos podido volver. Teníamos Mejillones, el Enjoy de Antofagasta, esto fue en el verano, pero como tuvimos retroceso en el aforo y eso quedó pendiente. Pero sí, hemos podido volver al norte, gracias a Dios«.
¿Tú sabes por qué te dije que tus stories te delatan? Pusiste un mensaje referente a que te duele ver el norte. ¿Qué consideras que ha cambiado? ¿Cómo ves este panorama ya desde el exterior? Porque pasas viajando y estás en modo visita, siendo que es tu casa el norte de Chile.
«Yo siento que si bien es cierto se representan en actos con una energía bastante fea, cuando hay peleas, cuando hay discusiones, cuando hay situaciones bien traumáticas. Son las representaciones de algo que se está enfermando, que es lo que uno deja de mirar. Es la punta del iceberg».
«Lo que yo subí era una mujer con un hombre peleando, a cuchillo limpio, ella recibiendo un botellazo en la cabeza y la gente mirando cual circo romano, fue muy feo. Pero eso es el síntoma, la enfermedad es lo de fondo, donde no ha habido preocupación o se pierde la mirada. Por eso como que hice esa reflexión. Me atreví, no es que quiera darle a la situación pegarle más o nada».
«Me atreví porque se trataba del norte, además que lo encontré tremendamente simbólico. Preocupa que la gente esté tan asustada, tan desesperada, que en esa desesperación no sepan resolver. Todos podemos echarle la culpa a las autoridades, y estoy siendo bien preciso, bien literal: echarle la culpa a un montón de personas, de gente encargada, no sé, de organismos, oficinas, de todo. Pero es eso, es bien adolescente echar la culpa, cuando en realidad lo que hay que hacer es hacerse responsable. No sólo las autoridades que correspondan, sino también a todos nosotros, ser un poco más tolerantes, ver de qué manera ayudar, no dejarnos atrapar por el estrés, no ser tan agresivos y buscar en estos tiempos tan difíciles más alternativas de solución».
https://www.instagram.com/p/Cc5VKBcudit/
Las redes sociales tienen su lado bueno, lo que uno muestra, promociona, el compartir la vida. Pero también tiene su lado malo, que tiene que ver con la crueldad, con los comentarios que surgen. ¿Cómo te llevas con las redes sociales en general?
«Me estoy haciendo una nueva relación con las redes sociales. Es más, decidimos con esta nueva etapa, de nuevo retomar con fuerza la estadía en Estados Unidos, volver al trabajo, hicimos un barrido de Instagram, sacamos todo, hay alguien que me está ayudando en eso».
«Si tengo una expresión con algo puntual y de carácter más personal, queda solamente en las historias. No es algo que quede ahí, que sea incisivo. Es para expresarme también, pero de una manera más liviana. En el feed, digamos en las publicaciones, que sea netamente artístico, publicitario. Entonces me estoy haciendo una nueva relación con las redes, espero que sea buena (risas). Siempre ha sido buena, pero puede ser mejor«.
Te traslado a esta reflexión porque en lo musical y en lo creativo uno se encuentra con qué es lo que opina el público o si compartes tu punto de vista personal y recibes críticas por eso. Y también en relación a tu trayectoria, porque al final sientes el mismo cariño, el mismo ímpetu del público chileno.
«Sí, siempre estoy tremendamente agradecido. Hay una base muy importante aquí en Chile y sin duda he sido muy afortunado. Nunca he sido mucho de creer en eso de que uno no es profeta en su tierra. Siento que aquel que lo dice, algo le pasó, pero en general quien primero te reconoce es tu casa. Si no, sería muy difícil aventurarse y salir».
«Y aquí he tenido mucho apoyo, de la gente siempre he sentido su cariño y siempre lo tengo ahí bien pendiente y no perdernos de lo que es el radar artístico de Chile. Y eso es una responsabilidad totalmente del artista, de su equipo. Pueden ir cambiando cosas, pero la responsabilidad siempre sigue siendo de uno».
Finalmente, aquí detallaremos todo lo que vas a hacer en Estados Unidos. Pero insisto en traerte aquí a Chile. ¿Cuál es el escenario que más añoras?
«Siento que primero, que aquí en Chile… se calme un poco todo este fenómeno. Más que calmarse, que termine de asentarse todo este fenómeno trap, la nueva onda, con toda esta oleada de nuevos chicos y tremendos artistas que han aparecido, con lo que ya estábamos acostumbrados, con lo más tradicional. Y para eso hay que hacer un trabajo, volver a convencer a las radios, a los medios, a las plataformas, sigue siendo importante para poder volver a las actividades, volver a girar en el país».
«No sé si representado en un solo escenario, yo siento que son muchos. Si estás teniendo un buen momento radial y de plataformas, que si estás en presentaciones en el país, obviamente te vas a ganar importancia. Como un Teletón, que en algunos años fue un marcador del artista que iba a estar en el Festival de Viña. Y por supuesto en los otros festivales que han ido apareciendo, el Festival de Las Condes y otros más. Todos son importantes, todos son necesarios. Pero es eso, primero desde la música, desde el producto y luego volver a reconectarse con la gente«.
Samantha Palma, ADN