Gastronomía y patrimonio

“Ciudadano a pata” por las carreteras de Chile: los 50 años de la construcción del Túnel Lo Prado y de la Ruta 5

La columna de cultura urbana, patrimonio y gastronomía de Ciudadano ADN revisó la historia de estos hitos de la conectividad vial de la zona central de Chile, su impacto en la sociedad y sus proyecciones a futuro. También revisó la generosa oferta de shawarmas presente en el barrio Patronato.

Por Ciudadano ADN
Viernes 20 de Nov, 2020 - 21:23

Cinco años cumple Ciudadano a pata, la columna sobre cultura, patrimonio y gastronomía de Ciudadano ADN, y en su episodio número 208, el tema está vinculado a otro aniversario: los 50 años de la construcción de dos hitos de las obras públicas de nuestro país: el Túnel Lo Prado y de la Ruta 5. “Detrás de la historia de las carreteras está la historia del país mismo”, reflexionó el periodista Mario Cavalla.

La gran longitud del Túnel Lo Prado, que alcanza los 2.8 kilómetros, a muchos provoca una cierta sensación de claustrofobia. El propio Cavalla reconoce que eso le ocurría de niño. Pero se trató de un gran avance en tiempos de traslado, ya que el camino a Valparaíso antiguamente se recorría sobre los cerros, subiendo las cuestas Lo Prado y Zapata, en una ruta que sumaba 185 kilómetros.

Cuando se construyeron estas rutas, también hubo consecuencias positivas en lo económico, estimulando el funcionamiento de viñas, enclaves gastronómicos e incluso el santuario de Lo Vásquez. 

Pero también se generaron personajes casi mitológicos, como el llamado “ermitaño de Las Chilcas”, cerca de Llay Llay: se dijo que se trataba de un médico enloquecido tras un accidente automovilístico en la cuesta, en el que falleció toda su familia menos él, por lo que quiso quedarse en el mismo lugar. Otra teoría alude a que se trató de un obrero que participó en los trabajos de la Ruta 5, que también enloqueció y quiso quedarse en la zona. Con el tiempo, el único antecedente que se supo de su figura fue su nombre: Luis González.

La Ruta 5, en tanto (y que estuvo de aniversario número 50 el año pasado), se remonta a la época de los incas, quienes abrieron una gran ruta en lo que era su imperio: desde el centro de Ecuador hasta el centro de Chile. La Avenida Independencia y la Gran Avenida eran parte de este gran camino. Recién en 1923, y en una reunión multilateral, se estableció que Sudamérica tenía que tener una gran carretera panamericana.

Su construcción, a la altura de Santiago Centro, requirió fracturar en dos el casco histórico de la ciudad, desde Mapocho hasta el Parque O’Higgins, lo que para Cavalla, es en gran medida el responsable de frenar el desarrollo de Santiago Poniente, que quedó aislado del tejido urbano de la zona más comercial del centro. 

Avances actuales como el free flow (sistema de pago vía TAG por las carreteras, sin necesidad de detenerse en plazas de peaje) contribuirá a acelerar el trayecto pero -según Cavalla- terminará con muchos oficios: desde el boletero de peaje. Otra posibilidad sería construir ciclovías a lo largo de las carreteras. “Yo creo que en los próiximos 50 años vamos a asistir a una versión cada vez más sofisticada de las carreteras. Antes sentías que ir a Rancagua era ir a otro país. Probablemente va a terminar anexada con Santiago”, sostuvo el columnista.

Shawarmas en Patronato

De carreteras, la columna se pasó a la gastronomía, revisando los mejores datos de un producto árabe que se tomó las preferencias de los chilenos en las últimas décadas: el shawarma. Se trata de una carne o pollo laminado -con un corte ultradelgado, que debe hacerse con una máquina especial-, acompañado de verduras varias, salsa de yogurt y envuelto en pan pita. También se le llama doner, nombre con el que se conoce al producto en países como Turquía. 

El barrio Patronato es el que ofrece la oferta más variada de shawarmas en Santiago. Cavalla recomendó los shawarmas mixtos de Papi Adams, local que ofrece una insólita oferta: al consumir se participa en un sorteo de 10 millones de pesos. El segundo es de Sherezade. Ambos locales están instalados en la calle Río de Janeiro, en un barrio que ha sufrido especialmente las consecuencias de la “pandemia. Me dio mucha pena ver varios locales con el letrero de Se Arrienda”.

Eso sí, Cavalla expresó que pedir delivery de shawarma no es lo adecuado porque “son preparaciones que llegan muy desarmadas. Además, tienen que tener la temperatura adecuada”.

¿Viste un error en la nota? Avísanos aquí
Lo más visto