Un misterio de las profundidades: descubren un extraño pulpo azul del tamaño de una pelota de golf en Galápagos
Los investigadores a cargo se negaron a cumplir con las duras exigencias para incluirlo como nueva especie registrada y adoptaron nuevas medidas.

Las aguas que rodean a las Islas Galápagos, reconocidas como un laboratorio de la evolución natural, vuelven a ser el epicentro de un descubrimiento para el conocimiento humano.
Un equipo de científicos confirmó el hallazgo de una nueva especie de octópodo en las profundidades de este ecosistema: un diminuto pulpo de color azul cuyo tamaño apenas iguala al de una pelota de golf.
El hallazgo, cuyas conclusiones se publicaron en la revista científica Zootaxa, se produjo durante una misión de exploración submarina a bordo de la embarcación E/V Nautilus.
En un esfuerzo conjunto entre la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la Fundación Charles Darwin (FCD), los expertos desplegaron un robot submarino operado de forma remota (ROV) en el extremo norte del archipiélago, muy cerca de la Isla Darwin.
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Mientras el dispositivo robótico patrullaba los relieves de una montaña submarina a una profundidad registrada entre los 1.768 y 1.773 metros bajo la superficie, los monitores encendieron las alarmas.
La tripulación recolectó el ejemplar y lo trasladó a la Estación Científica Charles Darwin. Al notar sus raras características, el equipo contactó a Janet Voight, experta del Field Museum de Chicago.
“Inmediatamente supe que era algo realmente especial. Nunca había visto algo así”, comentó la autora principal del estudio.
Para registrar una nueva especie, las normas exigen abrir el cuerpo e inspeccionar en detalle. Al contar con un único ejemplar preservado en alcohol y formalina, los expertos se resistían a dañarlo.
“Solo teníamos uno, así que no quería ‘desarmarlo’”, relató la experta, quien admitió su cautela por temor a las consecuencias.
Una alternativa menos agresiva
Para resolver este dilema, Voight colaboró con Stephanie Smith, jefa del laboratorio de tomografía computarizada (CT) de la institución, utilizando escaneos de rayos X para reconstruir un modelo tridimensional detallado del cefalópodo. Gracias a esto, estudiaron sus órganos internos minuciosamente sin necesidad de usar el bisturí.
El análisis arrojó respuestas sorprendentes. El espécimen, bautizado oficialmente como Microeledone galapagensis, pertenece a la familia Megaleledonidae.
El descubrimiento da un vuelco a la literatura biológica, ya que se creía que esta familia era exclusiva y endémica de las gélidas aguas del océano Austral, caracterizándose además por ejemplares de gran tamaño.
A diferencia de otros pulpos, esta nueva especie posee extremidades cortas y una sola hilera de ventosas. Su piel es lisa en la zona dorsal, pero llamó la atención el contraste de su pigmentación.

“Es claro en la parte dorsal, pero su parte ventral es de un violeta muy oscuro. Creemos que este patrón de color le ayuda a protegerse”, detalló Janet.
Este contraste cromático cumple una función vital en la penumbra del fondo marino. Si el pulpo atrapa una presa que emite luz, esta podría atraer depredadores. Por ello, el animal cubre a su presa con su membrana oscura y se mantiene a salvo.
Salome Buglass, científica de la Universidad de California y coautora del artículo, enfatizó el valor de este hallazgo para la conservación en el archipiélago, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad.
Descubrimientos como estos “nos recuerdan cuánto del océano profundo en Galápagos sigue sin explorar. Cada nueva especie nos ayuda a comprender mejor estos ecosistemas ocultos y por qué es importante protegerlos”, expuso, evidenciando que el histórico laboratorio natural que inspiró a Charles Darwin aún guarda grandes secretos bajo sus olas.
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