¿Un muro entre Alaska y Rusia? La drástica propuesta científica para evitar un colapso climático global
La idea es estabilizar la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, aunque genera división entre los expertos.

La comunidad científica ha puesto sobre la mesa una propuesta de geoingeniería que parece extraída de una novela distópica: construir un sistema de presas entre Alaska y Rusia.
El objetivo de esta megaestructura sería bloquear el intercambio de agua entre los océanos Pacífico y Ártico para intentar estabilizar la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC.
Este sistema de corrientes es vital para el equilibrio térmico global, pero hoy enfrenta una amenaza de colapso inminente.
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La idea cobró fuerza tras una investigación de Jelle Soons, especialista climático que analizó el periodo del Plioceno Medio. Hace tres millones de años, el Estrecho de Bering no existía como tal.
Una conexión terrestre unía ambos continentes, lo que propiciaba una corriente atlántica mucho más intensa. Soons planteó entonces una interrogante técnica: ¿Podría la ingeniería moderna replicar esa barrera para salvar el clima europeo?
Un motor térmico en declive
La AMOC funciona como una ‘cinta transportadora oceánica’ que traslada aguas cálidas desde el Atlántico tropical hacia el norte.
Al liberar calor, permite que regiones como el norte de Europa tengan climas habitables. Sin embargo, el masivo deshielo de Groenlandia está inyectando agua dulce al sistema, reduciendo su salinidad y ralentizando su capacidad de hundimiento.
Bajo este escenario y conforme a los datos recabados, se estima que su velocidad podría caer entre un 43 % y un 59 % para el año 2100.
“Las pruebas apuntan a un colapso, pero es muy incierto”, admitió Jelle en declaraciones a Live Science.
Para evitar este escenario, el estudio publicado en Science Advances propone tres presas que sumarían 80 kilómetros de ancho, apoyándose en dos islas intermedias.
La sección más larga mediría 38 kilómetros y alcanzaría profundidades de hasta 59 metros. Aunque las dimensiones son colosales, existen precedentes como el dique de Saemangeum, en Corea del Sur.

Dudas sobre la eficacia y el costo
La lógica del proyecto es aumentar la salinidad en el Atlántico Norte al frenar el flujo de agua dulce proveniente del Pacífico.
Sin embargo, la comunidad internacional pide cautela. Expertos como Jonathan Baker, de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, subrayan que la respuesta del océano no es lineal.
“No se trata de una solución sencilla”, advierte, indicando que el impacto dependería críticamente del estado de debilidad en que se encuentre la AMOC al momento de cerrar el estrecho.
Por su parte, la experta Marilena Oltmanns se muestra tajante respecto a la viabilidad económica y ambiental del proyecto, señalando que una pared no detendrá las causas raíz del calentamiento global.
“Considero fundamentalmente erróneo utilizar un posible colapso de la AMOC como justificación para cerrar el estrecho de Bering. Sería un enorme desperdicio de dinero”, comentó ante la prensa alemana.
Un riesgo permanente
Además de la complejidad técnica, existe el factor de la irreversibilidad. Instalar una estructura de este calibre en un ecosistema tan remoto y hostil alteraría permanentemente la fauna, la pesca y la vida de las comunidades indígenas.
“En términos de geoingeniería, esta es relativamente permanente”, reconoció el propio Jelle Soons a The New York Times.
Finalmente, los autores aclaran que este no es un plan de acción inmediata, sino un análisis de escenarios extremos. La prioridad absoluta sigue siendo la descarbonización.
“Uno preferiría no hacerlo, porque conlleva muchas complicaciones. Pero si es la única salida, entonces podría considerarse”, concluyó Soons.

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