Estudio advierte que una sola porción diaria de alimentos ultraprocesados puede afectar el cerebro sin importar la dieta
Este tipo de productos puede afectar considerablemente la salud cognitiva a pesar de que se consuman en una rutina equilibrada.

El mito de que una dieta saludable puede “compensar” por completo los excesos de la comida industrial ha sufrido un duro revés científico.
Una investigación liderada por la Universidad de Monash, en Melbourne, determinó que el consumo recurrente de alimentos ultraprocesados (UPF) genera un declive directo en las capacidades cognitivas, incluso en aquellas personas que mantienen una estricta adherencia a la dieta mediterránea.
El análisis, publicado en la revista científica Alzheimer’s & Dementia, pone el foco en cómo el procesamiento industrial altera la función cerebral a largo plazo.
Según los datos obtenidos, por cada incremento del 10% en la ingesta de estos productos, se registra un descenso estadístico en la capacidad de concentración y la agilidad mental de los individuos.
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A diferencia de otras investigaciones que sugerían que el daño de los ultraprocesados provenía de la falta de nutrientes esenciales, este estudio apunta al procesamiento en sí mismo como el factor de riesgo.
Barbara Cardoso, autora principal del estudio, destacó la relevancia de este hallazgo al señalar que la relación entre el deterioro y el consumo de estos productos no varió en función de otros hábitos saludables.
“Esta asociación no cambió por la adherencia a la dieta mediterránea, lo que indica que está vinculado al procesamiento de los alimentos más que simplemente al desplazamiento de alimentos”, explicó Cardoso.
En términos prácticos, esto significa que los beneficios del aceite de oliva, las legumbres y los vegetales no logran neutralizar el impacto que elementos como la pizza congelada, las galletas industriales o los snacks salados tienen sobre el sistema nervioso.
Un riesgo acumulativo
La investigación no solo analizó el estado actual de los participantes, sino que también proyectó su salud futura con la intención de comprender algún riesgo acumulativo.
Utilizando una escala validada para estimar el riesgo de demencia en las próximas dos décadas, el equipo descubrió que cada 10% adicional de alimentos ultraprocesados en la dieta diaria suma 0,24 puntos en dicha escala de riesgo.
Este panorama se vuelve más preocupante si se consideran las cifras actuales de consumo global. Según datos oficiales, estos productos ya representan el 53% de las calorías diarias en adultos de Estados Unidos, cifra que escala hasta el 62% en la población infantil. Esto, aplicado sin mucha variación en diversos países con cultura similar.
Una ventana de oportunidad
La comunidad científica ha recibido estos resultados como una confirmación necesaria. El Dr. W. Taylor Kimberly, de la Escuela de Medicina de Harvard, calificó el estudio como una “adición importante” a la evidencia disponible.
Sus propias investigaciones han señalado que sustituir estos productos por alimentos mínimamente procesados durante un periodo de cinco a seis años puede reducir el riesgo de deterioro en un 12%.
Para los investigadores, la clave reside en la prevención temprana. Cardoso enfatiza que la mediana edad representa una fase crítica y estratégica para modificar hábitos alimenticios, permitiendo intervenir antes de que el cerebro sufra alteraciones neurológicas irreversibles.
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