FOTO. ‘Calamar de Poseidón’: la nueva especie que asombra a la ciencia por su extraño origen ratificado tras un error de años
El ejemplar permaneció durante décadas en las estanterías del Museo de Historia Natural de Londres, bajo una clasificación taxonómica errónea.
Referencial
El océano profundo ha vuelto a sorprender a la comunidad científica al revelar sus secretos y aquella fauna que era poco conocida.
Lo que comenzó como un resto biológico recuperado durante una jornada de caza ballenera hace 70 años, se ha transformado hoy en uno de los hitos biológicos más relevantes de la década: el descubrimiento del Mobydickia poseidonii.
Este cefalópodo, conocido popularmente como el 'Calamar de Poseidón’, no solo ha sido identificado como una especie nueva, sino que su relevancia es tal que ha sido incluido en el prestigioso listado de las diez especies marinas más extraordinarias de 2025, elaborado por el Registro Mundial de Especies Marinas (WoRMS).
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Un error histórico corregido en laboratorio
El ejemplar permaneció durante décadas en las estanterías del Museo de Historia Natural de Londres, bajo una clasificación taxonómica errónea.
Fue la perspicacia de la estudiante Sam Arnold y del investigador Fernando Ángel Fernández-Álvarez, del Instituto Español de Oceanografía, lo que permitió notar que la morfología del animal no coincidía con los registros conocidos.
La investigación se centralizó en las Colecciones Biológicas Marinas de Referencia del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) en Barcelona.
Tras un análisis exhaustivo, los científicos determinaron que estaban ante algo mucho mayor que una nueva especie: se trataba de una nueva familia de calamares oceánicos, la primera descrita en los últimos 27 años.
“Nos pusimos a mirar su morfología y vimos que no cuadraba con la de ninguna familia de cefalópodos descrita hasta el momento”, señaló Fernández-Álvarez.
Entre la literatura y la mitología
El nombre científico, Mobydickia poseidonii, es un homenaje doble: por un lado, su coloración blanquecina y despigmentada (a excepción de sus ojos) remite a la legendaria ballena Moby-Dick.
Por otro, los ‘ganchos’ situados en las ventosas de sus extremidades poseen cúspides laterales que evocan el tridente del dios griego de los mares.
Pese a que el espécimen original carece de dos de sus tentáculos, los expertos estiman que su envergadura total se situaba entre los 40 y 50 centímetros, un tamaño considerable para un habitante de las profundidades abisales.

Este hallazgo revindica la función crítica de los museos como “archivos” de la biodiversidad planetaria. Para el WoRMS, que este descubrimiento provenga de un solo ejemplar conservado, subraya el vasto desconocimiento que aún existe sobre el lecho marino.
Asimismo, Fernando destaca la fortuna de que este animal fuera preservado hace décadas, permitiendo que la ciencia actual, con mejores herramientas de análisis, pudiera finalmente darle su lugar en el árbol de la vida.
“Es un evento muy afortunado que alguien haya cogido ese animal, lo haya preservado y que un museo lo haya mantenido en condiciones adecuadas durante 70 años hasta que llegamos nosotros”, añadió el biólogo español.
Un precedente en la oscuridad
La última vez que la ciencia describió una familia de calamares fue hace casi tres décadas con los Magnapinnidae, cefalópodos de aspecto alienígena captados en videos submarinos de la industria petrolera.
Al igual que aquellos especímenes, que terminaron integrándose en la cultura popular a través de videojuegos de simulación como subROV, el ‘Calamar de Poseidón’ inicia ahora su propio camino desde la oscuridad del estómago de un cachalote hacia la inmortalidad científica.
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