“Era elegante, más altiva que el resto. Con estilo”: Marcia Alejandra, la primera latina en someterse a una afirmación de género
Nacida en Antofagasta, Marcia Alejandra Torres Mostajo marcó un precedente en la historia del país al conseguir, en plena dictadura, el reconocimiento legal de su identidad. Décadas después, su nombre fue citado en la sesión que permitió la aprobación de la Ley de Identidad de Género en 2018.

Lo que comenzó como un cumpleaños entre amigos en 1969, terminó en una abrupta redada por Carabineros, que ingresaron sin orden judicial y trasladaron a los asistentes a una comisaría, dejándolos incomunicados y expuestos a agresiones sexuales organizadas por los mismos gendarmes.
Lo anterior, se trata de el “Huanchacazo”, episodio que fue retratado por Pedro Arturo Zlatar, dramaturgo que investigó lo ocurrido y conversó con quienes estuvieron presentes. El hecho, uno de los más emblemáticos de represión contra las disidencias sexuales, terminó contado en la obra “El escándalo de Huanchaca”.
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Una de las asistentes a la fiesta fue Marcia Alejandra Torres, la primera persona en someterse a una operación de afirmación de género en América Latina. Nacida (1949) y fallecida (2011) en Antofagasta, consiguió en plena dictadura representar un precedente clave en los derechos de las diversidades sexuales.
“Deseo exponer un pasear transexuado que taconea la vereda antofagastina, el rumbear bolereado de Marcia Alejandra, nombre glamoroso”. Así comienza Pedro Lemebel la página 152 de su libro El Zanjón de la Aguada, en el cual dedica a la oriunda del norte el capítulo “Marcia Alejandra de Antofagasta (para ella, exijo las llaves de la ciudad)”.
El autor la retrata como cercana y amistosa, además de excéntrica y majestuosa. “Era casi Marilyn Monroe, casi Liz Taylor, casi Eva Perón, casi la Venus marica del norte, casi la virgen cola de las arenas que ocupaba las portadas de los diarios”, se lee en la obra.
Abriéndose paso por los recovecos de la historia
Su vida estuvo atravesada por la discriminación. Desde joven enfrentó hostigamientos en el entorno escolar, lo que la llevó a abandonar sus estudios formales. Con el tiempo, se formó como peluquera y vedette, insertándose en los circuitos nocturnos, donde comenzó a ser reconocida.
Décadas antes de que existiera un marco legal para la identidad de género en Chile, Marcia ya había abierto un camino propio. En 1970, logró concretar su transición en un contexto social y político adverso. La cirugía de reasignación de sexo fue encabezada por el doctor Antonio Salas Vieyra y se considera la primera de este tipo en Chile (y América Latina), según registros de la Biblioteca del Congreso Nacional.
Más tarde, inició un trámite judicial para modificar su identidad legal, el que culminó con la publicación oficial de su cambio de nombre a “Marcia Alejandra” en 1974. Durante la tramitación de la Ley de Identidad de Género en 2018, su caso fue citado como un antecedente.
“Más altiva que el resto”
Claudio Ortiz participó en la obra “El escándalo de Huanchaca”. Le tocó interpretar, frente a un repleto Teatro Municipal, a la mismísima Marcia, papel que, afirma, fue “bien particular”.
“Era más elegante, un poco más altiva que el resto. Con más estilo. Así se construyó”, señala Ortiz para ADN.cl. Respecto al rol de la referente en el “escándalo”, el actor explica que logró escapar por los techos.
Antofagasta, añade, siempre ha sido una ciudad vinculada con la minería, una ciudad de “machos”, donde “hay mucha homosexualidad encubierta, no asumida. Muchos hombres solos o con pareja que recurren a los homosexuales, a los travestis”.

“Ese exceso gratuito y delirante en su pensar”
Su fallecimiento en 2011 marcó el cierre de una vida que desafió múltiples barreras. Sus cenizas fueron esparcidas en el Monumento Natural La Portada, en Antofagasta, cumpliendo su voluntad de convertir ese momento en una última puesta en escena frente al mar.
Su inapelable voluntad de atravesar los límites de lo posible seguramente se explica, en prosa de Lemebel, por “la construcción mental de las locas, ese exceso gratuito y delirante en su pensar. Algo así como reimaginar el mundo en un continuo deseo”.
“En ningún otro lugar, su nombre resonaría con la misma campana. Sólo en Antofagasta, Marcia Alejandra mariconea mujer y a veces es casi feliz. Y no es que Antofagasta le haga un favor de integración social al verla tan risueña florear sus calles. Para Antofagasta, ella es casi un lujo, casi un orgullo. Hija ilustre del atrevimiento, metáfora transexuada del mineral humano. Pero sin cruz. Para Marcia Alejandra, exijo las llaves de la ciudad”.
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