Novedosas propuestas marcaron los conciertos iniciales de temporada en la Sala Sinfónica
La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, en su espectacular nuevo espacio, ha enriquecido su repertorio con obras que no suelen escucharse a menudo en el país.

Novedosas propuestas marcaron los conciertos iniciales de temporada en la Sala Sinfónica / CEAC U.Chile
Liderazgo femenino y propuestas musicales frescas son lo que caracterizaron el arranque de la temporada 2026 de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, la primera que se hace íntegramente en la maravillosa Gran Sala Sinfónica.
La directora griega Zoe Zeniodi fue la invitada para el concierto inaugural que incluyó obras de Beethoven en su primera parte (Obertura ‘Egmont’ y el Concierto ‘Emperador’), para rematar con una novedad, la Sinfonía No.5 del compositor georgiano Giya Kancheli, fallecido en 2019, y cuyo original estilo, entre nostálgico y místico, cautivó a los presentes.
Más significativo aun fue el segundo programa, llevado a cabo 20 y 21 de marzo, que estuvo en manos de la polaca Barbara Dragan, habitual colaboradora de la OSNCH en el último tiempo. La gran maestra chilena Leni Alexander (1924-2005), ícono de la composición modernista en nuestro país, creó ‘Ellos Se Perdieron en el Espacio Estrellado’ en 1975 como homenaje a Víctor Jara, de quien toma un verso del poema que escribió en su detención para el título de una pieza que se había hecho en Francia, pero nunca acá, con lo que se salda una postergada deuda.

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El impacto emocional de la obra es patente. Sonidos desgarradores, texturas que parecen volar en mil pedazos, y ese toque de expresivo vanguardismo tan propio de la compositora, fueron los elementos que condujeron una interpretación vibrante por parte de los músicos.
El barítono nacional Javier Arrey salió a escena para interpretar las ‘Canciones Bíblicas’ Op.99 de Antonín Dvorák, ciclo que pese a no ser tan conocido como otras creaciones del compositor checo, se concibieron en la misma época que sus obras maestras, como la Sinfonía ‘Nuevo Mundo’ o el Concierto para Cello.
Arrey mostró una interpretación omnisciente, siendo persuasivo en su manejo del idioma checo como en lo meramente musical. Fue una notable oportunidad de acercarse a estas piezas que llegaron a enriquecer la propuesta artística de la orquesta estatal.

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Para el cierre, el muy bienvenido retorno del ‘Poema del Éxtasis’ de Alexander Scriabin. El místico lenguaje de este compositor ruso adelantado a su tiempo se dejó sentir brillantemente gracias a una sólida y compenetrada interpretación por la orquesta en pleno. Dragan supo guiar un discurso sin fisuras, aprovechando todo el potencial sonoro de la Gran Sala Sinfónica Nacional.
Sin duda, ambos conciertos fueron el inicio de una prometedora temporada, plena en novedades y repertorios frescos que para la principal orquesta del país.
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