Llorando en el espejo: Santiago se emocionó con la música de Serú Girán
La banda argentina se presentó este sábado en el Movistar Arena.
Serú Girán
Dicen que la nostalgia es el sentimiento más poderoso que tenemos los seres humanos, incluso más que el amor, porque por nostalgia podemos hacer cualquier cosa, incluso volver a un viejo amor. En la música, la nostalgia también tiene un efecto poderoso del cual muchos en la industria han abusado de manera innecesaria.
Lo del sábado por la noche en el Movistar Arena tuvo un componente de nostalgia muy marcado: ver por primera vez en vivo a Serú Girán, una deuda pendiente con la banda más importante del rock argentino, que nunca realizó un show en Chile durante su apogeo en los ochenta.
Sin embargo, el concierto en el Movistar Arena estuvo lejos de ser un encuentro con dos veteranos rockeros desgastados. Pedro Aznar y David Lebón —la mitad del grupo original que completaban Charly García y el fallecido Oscar Moro— entregaron un show emotivo pero musicalmente vigente, con pasajes sonoros impecables y las voces de Aznar y Lebón acordes al paso de los años, pero en ningún caso desgastadas.
Serú Girán, en la historia de la música trasandina, es lo más parecido a The Beatles: una superbanda formada por cuatro genios. Se armaron como grupo por la idea de Lebón y García, que se fueron a Brasil y luego invitaron al joven Aznar y al consolidado baterista Oscar Moro para sumarse a esta locura. Un par de ensayos bastaron para entender que lo que ahí se formó no fue solo música, sino una hermandad. Podrían pasar muchos nuevos proyectos para esos cuatro, pero siempre serán parte de Serú.
Todos tenían gustos musicales distintos, que se fusionaron de manera perfecta, aunque no exentos de dificultades comerciales tras un primer disco brillante pero incomprendido. En Santiago, esa mezcla volvió a sonar fresca: desde el inicio acústico con “Parado en el medio de la vida” (de Peperina), pasando por clásicos como “El mendigo en el andén”, “Canción de Alicia en el país” y una emotiva interpretación de “Cinema Verité” que incluso llevó a las lágrimas a los propios músicos y a la mayoría de los asistentes.
El mérito de esta reunión de Serú radica en algo que el propio “Ruso” Lebón destacó en muchas entrevistas y en la noche del Movistar: “lo mucho que trabajó Pedro para armar una banda con cuatro músicos excepcionales”. Y es que, incluso en la juventud de la banda, había un respeto absoluto por ejecutar las canciones de manera perfecta.
Que Aznar ejecute cada nota del bajo como en los discos originales no sorprende: si hay algo que tiene Pedro, es ser prolijo en los detalles y un músico extraordinario. Pero Lebón no se queda atrás: plenamente vigente, con sus trabajos en Lebon & Co., sus solos en “Esperando Nacer” y “Mundo Agradable” no decepcionan, sino que emocionan.
El cancionero no tuvo desperdicios: sonaron “Perro andaluz”, “Nos veremos otra vez”, “Si me das tu amor”, “Noche de perros”, “Viernes 3AM”, “Encuentro con el diablo”, “A cada hombre, a cada mujer”. Incluso hubo espacios para temas acústicos individuales, como “En la vereda del sol” (una gran composición de Charly y Lebón), y para que Pedro se luciera en “Déjame entrar” (de Serú ’92).
Analizar este recital desde un punto de vista técnico canción por canción sería repetir conceptos sobre la calidad de lo que escuchamos. El cierre con la clásica “No llores por mí, Argentina” y el clímax con los encores de “Peperina” y “Seminare” —cantada por todo el público— no hizo más que reafirmar que lo que vivimos fue una noche para atesorar, donde público joven, adulto y mayor se fundió en un abrazo musical con dos genios que pagaron con creces la deuda con Chile y que también dejaron en el aire el recuerdo permanente de Charly y el maestro Moro.