“La imagen del roto pobre, ebrio y descuidado es una asignación editorial”: Jorge Montealegre, por el Día del Roto chileno
El escritor, poeta, periodista y guionista de humor gráfico conversó con ADN.cl sobre esta figura del imaginario nacional.

Fuente: Museo Violeta Parra.
La figura del “roto” ha sido asociada a la marginalidad, la pobreza y la delincuencia. Para el escritor e investigador Jorge Montealegre, autor del libro Condoritos y Verdejos, no existe un solo “roto” chileno, sino múltiples representaciones que se han ido construyendo a lo largo del tiempo, especialmente en el humor gráfico.
En conversación con ADN.cl, Montealegre aborda el origen histórico del “roto” chileno, sus distintas resignificaciones en el humor gráfico y las tensiones sociales que atraviesan a esta figura, desde su uso como emblema nacional hasta su representación en personajes populares que aún circulan en el imaginario colectivo.
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Hay un roto, señala, que es aguerrido, el roto de la Batalla de Lircay, por el cual se hizo el Monumento al Roto Chileno y el Día del Roto Chileno, que eran, en el fondo, “campesinos que los llevaron al norte, a la guerra, y que en buena parte fueron carne de cañón de ese conflicto”.
Esa es la imagen heroica, idealizada, del roto chileno, que da pie a la celebración de cada 20 de enero. Pero ese mismo roto fue despreciado. Su imagen, aparte del coraje y la ferocidad, se transforma en una de “criminalidad y delincuencia”.
Este roto, a lo largo de la historia, es un huacho, un huérfano, una persona que además ha “procreado otros rotos en estos viajes por Chile, en esta cosa medio vagabunda del roto que es minero, campesino, que se traslada de lugar en lugar, dejando hijos que no reconoce y que van a ser huérfanos, huachos y rotos nuevamente”.

Portada de Condoritos y Verdejos (2025).
—El término “roto” es despectivo: nadie quiere serlo, pero al mismo tiempo existe una pulsión por homenajearlo. A todos nos gusta Condorito.
Cada país tiene su figura emblemática. En Estados Unidos es el Tío Sam; en Argentina es el gaucho, Inodoro Pereyra. Son personajes teñidos de nacionalismo, de patriotismo, que representan al país y al pueblo.
En Chile, el roto también ha evolucionado social y económicamente. Se les dice rotos porque tenían los pantalones rotos, eran andrajosos. En los inicios de Falabella se decía “bien vestido y bien recibido”; si un roto entraba a la tienda, ni lo atendían. Había una cultura clasista donde la pobreza se notaba por la vestimenta.
—¿Cómo se desarrolla eso actualmente?
Hoy eso no es así. Una persona pobre difícilmente anda descalza o con ropa rota; es más fácil conseguir ropa en ferias. Incluso la ropa rota hoy es una moda. Antes no lo era: era falta de ropa. Por eso la palabra “roto” se asociaba directamente a la pobreza visible.
—¿Qué dice aquello de la idiosincrasia chilena?
La sociedad chilena se volvió más compleja y el trabajador comenzó a representarse de otras maneras. Recuerdo un personaje, Faúndez, que en una publicidad democratiza el uso del celular: entra a un ascensor con gente elegante, suena un teléfono y es el de él. Representa al trabajador-emprendedor.
La imagen del roto pobre, ebrio y descuidado es una asignación editorial. En los diarios del movimiento obrero, los trabajadores aparecen dibujados de manera digna, bien vestidos, limpios, sin caricaturizarse.
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