El fin de la era del diésel en faenas críticas: La tecnología que está redefiniendo la operatividad industrial en Chile
Un cambio estructural en el consumo energético permite hoy operar de forma continua solo con sol y almacenamiento, eliminando costos y riesgos logísticos.
El avance de la energía fotovoltaica en Chile ha dejado de ser un fenómeno exclusivo de las grandes plantas generadoras para convertirse en el pilar de la infraestructura estratégica autónoma. Según datos de la Comisión Nacional de Energía (CNE), la capacidad instalada alcanzó los 10,5 GW al cierre de 2024 —cerca del 30% de la potencia nacional—, sentando las bases para un cambio estructural que se consolida este 2026.
Este crecimiento ocurre en un contexto de alta exigencia para el sistema eléctrico, marcado por cuellos de botella en la transmisión y una creciente presión regulatoria para reducir emisiones. Ante este escenario, sectores como la minería, logística y seguridad han acelerado la adopción de soluciones solares capaces de operar sin conexión a la red ni respaldo de combustibles fósiles.
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De acuerdo a lo señalado por Víctor Belmar, gerente general de BLP Chile, lo que se observa hoy es un cambio en la forma de consumir energía. “La solar pasó a ser una herramienta de continuidad operacional en puntos donde la red no llega o no es confiable”, explica el ejecutivo, destacando que estas innovaciones permiten reemplazar equipos a combustión por alternativas limpias y silenciosas.
Eficiencia y reemplazo del diésel
La tendencia responde a una lógica tanto económica como ambiental. El uso de torres de iluminación solares, sistemas de vigilancia autónomos y centrales portátiles permite eliminar los riesgos asociados al transporte y manejo de combustibles en zonas aisladas. Según el comunicado de la industria, el desarrollo tecnológico actual hace posible la operación continua mediante almacenamiento avanzado, algo que hace pocos años era inviable en términos de costos.
Innovación y fabricación local
Un factor decisivo en esta transición es el impulso a la fabricación local de estas tecnologías. Producir soluciones en Chile no solo acorta los plazos de entrega, sino que permite adaptar los equipos a las condiciones geográficas específicas del país, integrando además criterios de economía circular.
Para los especialistas, el año 2026 representa el punto de inflexión donde estas soluciones dejarán de ser complementarias para integrarse como parte de la infraestructura esencial del país. Con una red eléctrica cada vez más exigida, la autonomía solar se perfila como la respuesta más concreta a los desafíos de suministro y descarbonización de la industria nacional.