“Dudar es traición”: las purgas internas y la desconfianza que marcaron los últimos días de Maduro en el poder
Por primera vez desde que asumió el cargo tras la muerte de Chávez, el líder venezolano sentía una vulnerabilidad real y tangible, viviendo en un estado de angustia constante que lo llevó a atrincherarse hasta su extracción forzosa.

“Dudar es traición”: las purgas internas y la desconfianza que marcaron los últimos días de Maduro en el poder / Jesus Vargas
Nicolás Maduro llevaba meses sumido en una profunda zozobra. La posibilidad de un ataque de Estados Unidos había dejado de ser una retórica antiimperialista para convertirse en una amenaza tangible que inquietaba a todo su entorno.
Por primera vez desde que sucedió a Hugo Chávez, sentía un peligro verdadero y real de ser derrocado. Sin embargo, pese al cerco y al aislamiento, su determinación era absoluta: no tenía ninguna intención de irse por su propio pie.
Según el análisis de El País, Maduro no contemplaba la rendición. “Aquí nadie se rinde”, había dejado claro a su círculo más íntimo antes de ser detenido y extraído del país junto a su esposa, Cilia Flores, por un comando estadounidense. Quienes lo trataron en este tiempo de angustia aseguran que estaba dispuesto a llegar hasta el final y que jamás estuvo sobre la mesa un acuerdo con Washington que implicara su salida del poder.
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Un poder vertical y paranoico
A diferencia de la percepción externa de un liderazgo compartido, Maduro gobernaba en solitario. Aunque Diosdado Cabello mantiene una enorme influencia en las bases y el gobierno, la última palabra siempre era del mandatario. Su círculo de confianza se había reducido a un puñado de leales: los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, Cilia Flores y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.
Este aislamiento alimentó una paranoia interna. “Dudar es traición” se convirtió en la consigna en los cuarteles para evitar alzamientos. Tras el fraude denunciado en las elecciones de julio del año anterior, Maduro purgó a los jefes de inteligencia y a antiguos aliados como Pedro Tellechea, demostrando que nadie estaba a salvo de la depuración.
A pesar de los intentos de su operador político, Jorge Rodríguez, de buscar acuerdos puntuales con la administración Trump, la postura de Maduro fue inamovible hasta el momento en que las fuerzas norteamericanas forzaron su salida.
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