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Protagonizará uno de los fraudes financieros más grandes de Chile: ‘Pancho’ Melo explica su explosivo año y su éxito en redes sociales

En conversación con ADN.cl, el actor repasa su presente profesional: el salto al cine con una historia basada en el caso La Polar, el fenómeno viral que no vio venir y los personajes que más marcaron su carrera.

Protagonizará uno de los fraudes financieros más grandes de Chile: ‘Pancho’ Melo explica su explosivo año y su éxito en redes sociales

Francisco Melo (58) dice estar en un momento particular de su carrera: trabaja más que nunca, pero también, confiesa, puede jugar —más que nunca— con los distintos formatos del cine: ahora es productor. Entre rodajes, teleseries y redes sociales, el actor parece haber encontrado la fórmula para seguir vigente. Viene llegando, además, de recibir dos importantes reconocimientos: el Premio Cordillera a Mejor Actor por Los Casablanca y, hace apenas una semana, el Copihue de Oro a Mejor Actuación.

A través de una videollamada, recibe en su casa a ADN.cl, desde donde repasa sus más de treinta años en escena. El actor dice pasar por un momento explosivo en su carrera: mientras su última teleserie conquista el Top 10 de Chile en Netflix y sus videos se vuelven virales en Instagram, se prepara para llevar a la pantalla grande uno de los fraudes financieros más grandes de la historia de Chile.

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¿En qué se encuentra hoy Francisco Melo, en la vida y en el trabajo?

—Estoy enfocado de lleno en la filmación de una película inspirada en el caso La Polar, que se llama Que se acabe todo, dirigida por Moisés Sepúlveda. Está muy entretenido. Y además, con la misma productora con la que hice Oro Amargo, Juntos Film, estoy metido en el mundo de la producción como productor ejecutivo. Ese “atrás” del cine también me tiene muy encantado, porque hacer una película es una epopeya: Moisés tenía este proyecto hace muchos años, y ver cómo se concreta al llegar los días de rodaje es una sensación muy bonita. Entonces estoy en esa felicidad: reencontrarme con las cosas que a uno le gusta hacer, con esa energía. Yo creo que tuve la suerte de que este “bicho” se metiera en mí —esto de estudiar actuación— después de haber estado un tiempo en ingeniería. Es la sensación de levantarse con ganas porque hay desafíos que enfrentar.

¿Esto marca una nueva etapa? ¿Viene una gran etapa de Pancho Melo en el cine?

—No lo sé. No me gusta proyectarme así, porque creo que este oficio se construye ladrillo por ladrillo. Cada escena, cada proceso. Si uno mira el macro completo, se angustia. En el teatro es igual: ensayo por ensayo vas descubriendo al personaje. Entonces no pienso “ahora me dedicaré al cine”. Hoy la vida me da esta posibilidad y la disfruto. Pero no sé qué pasará mañana. Hace tres años, si me preguntaban por redes sociales, yo decía que eso no tenía nada que ver conmigo. Y mira dónde estoy. Además, viene otra teleserie que empezaría a grabarse en marzo. Son proyectos que aparecen y hay que disfrutarlos.

¿Se siente más cómodo interpretando villanos o personajes “buenos”?

—Tiene que ver más con el rol que con el género. Hay personajes que te generan un encanto profundo. Me pasó con Fernando Pereira en Señores Papis, una comedia total, y también con Iván Casablanca, que era tragedia pura. Y ambos están entre mis favoritos. Son personajes que uno empieza a alimentar desde cero y luego toman vuelo propio: te agarran y avanzan solos. Eso es muy placentero.

Si tuviera que elegir tres personajes que lo hayan marcado, ¿cuáles serían?

—Es difícil elegir, pero voy a decir tres:

  • Diógenes Tobar, de El cazador de mariposas de Sucupira: Fue un personaje que me afianzó como actor. Con toda esa timidez e inseguridad, pero con un amor profundo por las lepidópteras, me dio seguridad: me hizo sentir que tenía dedos para el piano.
  • Roberto Zucco, en teatro: Fue mi primer protagónico grande. Lo recuerdo con cariño, pero también con cierto temor. El desgaste psicofísico fue enorme.
  • Iván Casablanca: Por la dicotomía que se generó: yo aparecía en redes haciendo humor, y al mismo tiempo estaba grabando escenas muy duras en la teleserie. Vivir ambos mundos paralelamente fue muy potente.

¿En qué momento decidió iniciar su presencia en redes?

—Hay dos etapas importantes. La primera es Instagram cuando recién salió: una aplicación para subir fotos. En pandemia conocí los videos de Jacob Collier, donde él tocaba todos los instrumentos desde su casa. Me puse a investigar cómo hacía esos montajes y grabé algunos videos míos conversando conmigo mismo. Era solo jugar. La segunda etapa es decisiva: Oro Amargo. Necesitábamos aumentar los seguidores y generar presencia digital para difundir la película. Un año antes de su estreno empezamos a trabajar con un equipo de plataformas. Y ahí comenzó la locura. Para la película no sirvió demasiado en términos de recaudación, pero para descubrir el mundo de las redes fue fundamental.

¿Se proyecta en esto de las redes? ¿Se siente un influencer?

—No sé si me proyecto. Hoy me generan atractivos: inventar contenidos, armar historias, comunicarme con la gente. Pero no me siento influencer. Me lo han dicho, he ido a eventos por eso, pero no sé cómo va a evolucionar. Las redes son adictivas, pero también un espacio de comunicación y compañía. Si puedo potenciar campañas comerciales o sociales, lo haré.

¿Qué cree que aportan las redes en una sociedad tan polarizada?

—Son espacios liberadores. A veces más sanos de lo que creemos. En vez de quedarse pegado viendo noticias aterradoras, uno puede distraerse con algo que te haga reír. Claro que es peligroso y adictivo, por algo en Australia se discute restringirlas a menores. Pero también acompañan. Creo que cumplen un rol.

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