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Tomás Vidiella, Jaime Vadell y Coco Legrand reestrenan su éxito teatral “Viejos de mierda”

El trío de veteranos actores estuvo en Ciudadano ADN comentando sobre el éxito de la obra, sus experiencias en esta etapa de la vida, y el estallido social.

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Por Ciudadano ADN
Miércoles 08 de Ene, 2020 - 12:45

Como “una cumbre de talento nacional” definieron los conductores de Ciudadano ADN a la presencia de tres glorias del teatro chileno como son Tomás Vidiella, Jaime Vadell y Coco Legrand, hoy reunidos en torno a la exitosa obra teatral “Viejos de mierda”.

El montaje, que estuvo varios meses en cartelera, vuelve con ocho funciones al Teatro Nescafé de las Artes, tras una interrupción que coincidió con el estallido social. “No estamos ajenos a lo que pasa”, advirtió Vidiella. Vadell habló de un “nudo gordiano, que no se puede llegar y cortar”, mientras que Legrand ironizó encarnando a sus personajes: “nosotros no entendemos a los cabros ni lo que hablan, entonces estamos perdidos”, agregando que “hay viejos de mierda y hay jóvenes de mierda también, solo que más camuflados”.


Vidiella se siente orgulloso de “haberle achuntado con esta obra que fue premonitoria” tocando temas como las jubilaciones, la salud y el abandono en la tercera edad. Su compañero Vadell contó cómo acaban de presentarse en un conocido casino y notaron que “la obra está más vigente que nunca. A la edad de uno venir a tener este éxito, pucha que es difícil”.

Vadell aseguró comprender “perfectamente” el movimiento. “Cuando un ministro dice que había que hacer un bingo para arreglar un colegio, la gente se enoja. Es agarrarte para el chuleteo”, afirma el actor, que acaba de superar un grave problema de salud. “Tomas la conciencia de eso y dices ‘qué rico poder estar vivo de nuevo’. Eso es muy gratificante. La gente que no tiene dinero, se muere nomás. No se puede vivir con cien mil pesos de pensión”.

“No puede ser que uno tenga que pagar 480 mil pesos en una isapre para tener una salud buena, que la puedo pagar por haber trabajado toda la vida y tener éxito, aunque hay gente que tiene el talento pero no el éxito”, reflexionó Vidiella, que comentó que, a estas alturas, la obra ha sido “una tabla de salvación”.


Pese a su edad, Coco Legrand no deja su icónico vehículo: su motocicleta. “Tengo una Harley especial, del año 2006, conocida como La Gordi. Con ella salí en el Festival de Viña. Viajo todos los días en ella y lo disfruto”. Jaime Vadell, por su parte, apuntó a que “lo bueno sería que los motonetistas y los ciclistas aprendieran las reglas del tránsito”.

Los tres actores hablaron de sus hobbies. Mientras el de Vadell es la lectura, y “ahora estoy leyendo Defensa de la Tierra, de Luis Oyarzún”, Vidiella se apuró en decir que “el mío es el sexo”, aunque “a esta edad, es más lo que uno se acuerda”. Legrand “vi a través de Netflix películas que me llamaron la atención, como La casa de papel y Monzón. Ésa era muy buena. La otra que recomiendo es Los dos papas”.

También revisaron sus personajes favoritos de su carrera. Vidiella rescató el de “La muerte de un vendedor viajero”, mientras que en televisión “los malos son los mejores, los galanes son siempre latosos”. Vadell hizo lo propio con el de “La canción rota” de Antonio Acevedo Hernández, y también recordó a su célebre personaje de la teleserie “La madrastra”. “Donato me acompañó muchos años”. Legrand, por su parte, recordó “Al diablo con todo”.


Los actores, sin embargo, se mostraron lejanos a fenómenos como el de Las Tesis, que reconocen no entender ni haber visto, ni siquiera en su versión adulta. “No tengo amigas seniors, y las que tengo afortunadamente no son feministas”, dijo Vadell. Legrand, en tanto, aprovechó de contar que acaba de estar de “aniversario de independencia personal”, tras tomar junto a su esposa una importante decisión: sin separarse como pareja, “nos dimos nuestro espacio, y ella se emancipó”.

Tampoco se mostraron demasiado claros respecto al proceso constituyente, para el que no tienen una opinión conjunta. “Hay libertad de conciencia”, según todos. Vidiella criticó la posibilidad de reimplantar el voto obligatorio. “Eso es absurdo. Por quién votas. El desencanto es una cosa tremenda”. Vadell también confesó que con la edad “uno se va poniendo un anarquista. Creo en pocas cosas. Creo en la bondad humana, que es un valor un tanto olvidado”.

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