«Ciudadano a pata» repasó al compositor de la música de «Lo que el viento se llevó», el robo al Palacio de la Alhambra y el festival de la OTI
La columna de cultura, patrimonio y gastronomía de Ciudadano ADN recordó la figura del pionero de las bandas sonoras de películas -a propósito de la reciente muerte de la actriz Olivia de Havilland-, junto con el recientemente desvalijado palacio de Santiago Centro, y el legendario festival televisado de música latina que tuvo su gloria en las décadas de los 70 y 80.
AUDIO: Ciudadano ADN - "Ciudadano a pata" redescubrió a Max Steiner, compositor de la música de "Lo que el viento se llevó", el robo al Palacio de la Alhambra y el festival de la OTI
Con la clásica melodía de «Lo que el viento se llevó», obra del compositor Max Steiner -a propósito de la reciente muerte de la actriz Olivia de Havilland, una de las últimas sobrevivientes del cine clásico- comenzó un nuevo capítulo de «Ciudadano a pata», la columna de cultura, patrimonio y gastronomía de Ciudadano ADN, donde Mario Cavalla quiso hacerle justicia a la figura del compositor llamado «el John Williams de la época de oro de Hollywood», y «probablemente el fundacional de todos».
«Fue el primero en ponerle una personalidad a las películas, con melodías que no solo acompañan sino que le dan un carácter a la cinematografía», consignó Cavalla, junto con destacar otras de las películas emblemáticas de su carrera, como «Casablanca» y «King Kong», donde se nota su talento para ilustrar musicalmente escenas de misterio, peligro o miedo, «todo un desafío desde el punto de vista artístico».
El afamado director tuvo 20 postulaciones al Oscar, de las cuales ganó 3. Cuando lo contrató la Warner Brothers a comienzos de la década del 30, creó un departamento de música con 50 personas a su cargo. Ahí se mantuvo hasta su muerte en 1971, «creando y creando», además de iniciar un nuevo negocio para los estudios: vender las bandas sonoras de las películas en vinilo.
Incluso, en diversas entrevistas John Williams ha reconocido que Steiner es uno de sus mentores. Para Cavalla, «el tiempo se ha encargado de colocarlo en su valor. Yo escucho cinco segundos de una película suya, y sé inmediatamente de qué se trata. Hay quienes piensan que cuando los compositores clásicos llegan al cine ya se chacrearon, pero no es así. Es un género nuevo con una impronta tan importante como lo clásico. Para mí tienen todo mi respeto».
El robo al Palacio de La Alhambra
Recientemente afectado por un robo, el mítico Palacio de La Alhambra es para el columnista «ese sobreviviente de Santiago Centro entre oficinas, y en un sector lleno de suciedad». Un sueño del empresario Francisco Ossa, que respondió al esplendor de la minería chilena en la segunda mitad del siglo XIX. Según Cavalla, en ese entonces había «una competencia entre los ricachones por quién hace el palacio más ostentoso».
El desvalijamiento del lujoso edificio ubicado en Compañía con Teatinos implicó la pérdida de piezas tan valiosas como lámparas de lágrimas que databan de 1840, traídas de Europa y cuyo valor en conjunto alcanza los 200 millones de pesos, así como un piano donde supuestamente habría tocado Mozart. El lugar es sede de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, corporación de derecho privado, por lo que no tiene ningún apoyo estatal. «No tienen ni plata para contratar guardias. Valdría la pena tener un poquito más de resguardo, que se involucrara un poquito el Ministerio de Cultura», consignó el periodista.
Festival OTI, una leyenda de la balada en español
La cápsula retro de este capítulo estuvo directamente vinculada con la música: con la recordada canción «Agualuna» de Fernando Ubiergo, nos trasladamos a las décadas del 70 y 80, época de máximo esplendor del desaparecido Festival OTI de la Canción.
Un evento organizado por la Organización de Televisión Iberoamericana, que uniendo a canales de televisión de Latinoamérica y España, buscó ser la versión latina del famosísimo Eurovisión. Cada año, un sábado de noviembre, se transmitía en cadena, con un competidor por cada país. El ganador era inicialmente escogido por votación telefónica, pero en versiones posteriores se incorporó el jurado en sala.
«Desde nuestro Chile aspiracional, era una deuda pendiente: no habíamos podido ganar ni la Copa América, ni el Miss Universo ni la OTI, de ahí el anhelo». Estuvimos cerca al obtener el tercer lugar en 1978, pero el reconocimiento final llegó para la canción de Ubiergo en la versión de 1984. Ese año, México era el país huésped y la representante en competencia era Yuri, con la canción «Tiempos mejores». «Ella era la gran estrella del momento, y allá se sentían absolutamente ganadores». Grande fue la sorpresa cuando se anuncia su tercer lugar y Yuri «rompe en el llanto y termina en el hombro de Fernando Ubiergo para ser consolada». El mismo Ubiergo que ya había ganado en Viña del Mar en 1978 con «El tiempo en las bastillas», y en Benidorm en 1982 con «Solo pienso en ti». «Aquí corona su condición de cantante festivalero».
Florcita Motuda fue el único cantante chileno que participó en tres ediciones del Festival de la OTI, logrando el primer lugar en 1998, cuando ya el festival había perdido la importancia que tuvo en décadas anteriores. Otros créditos nacionales fueron Patricia Maldonado, Gloria Simonetti y Nino García, interpretando creaciones de compositores como Reynaldo Tomás Martínez o Scottie Scott. «Prácticamente no hubo cantante chileno que no participara en la OTI, era una vitrina internacional que te dejaba era un muy buen pie».
La OTI, según Cavalla, «no generó muchas cantantes recordables», aunque en el certamen participaron figuras internacionales de la talla de Nydia Caro, que en 1974 presentó el tema «Hoy canto solo por cantar». En esto, no pudo alcanzar el nivel de Eurovision y sus figuras como Abba y Massiel. «La comparación siempre fue odiosa para la OTI, pero hizo el esfuerzo y la competencia duró 30 años».