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Una mujer hizo un arreglo en su casa y terminó encontrando un cementerio con los restos de más de 40 mil personas

La familia brasileña transformó su hogar en un memorial patrimonial tras realizar el macabro hallazgo arqueológico que reescribió la historia.

Instituto Pretos Novos

Instituto Pretos Novos

Una rutinaria remodelación hogareña en el barrio de Gamboa, en Río de Janeiro, reveló el Cementerio de Pretos Novos, la fosa común de africanos esclavizados más grande de las Américas. Hoy, a 21 años de su hallazgo fortuito, el sitio arqueológico que alberga más de 40.000 restos humanos sobrevive en constante riesgo de cierre por falta de financiamiento estatal.

El espacio que originalmente albergaría una piscina familiar es actualmente el Instituto de Investigación y Memoria Pretos Novos (IPN). El recinto patrimonial recibe unos 300.000 visitantes anuales y funciona como un santuario educativo que resiste al olvido histórico en el centro urbano de Brasil, el último país occidental en abolir la esclavitud.

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El redescubrimiento del “holocausto negro”

De acuerdo al reportaje publicado por BBC News Brasil, la propietaria del inmueble, Merced Guimarães, encontró las primeras mandíbulas humanas en 1996 mientras unos albañiles cavaban unas columnas. El medio detalla que, tras consultar con un experto local en historia portuaria, la mujer confirmó que su casa edificada en 1866 estaba sobre el principal punto de descarte de cautivos del siglo XIX.

Los registros históricos recogidos por la cadena internacional confirman que las víctimas morían por disentería o viruela tras la brutal travesía atlántica. “Encontré los restos de un holocausto”, confesó Guimarães a la BBC, relatando cómo los cuerpos incinerados quedaban hacinados y aplastados en trincheras bajo el actual contrapiso de su propia vivienda.

Expansión cultural y la lucha por sobrevivir

En el marco de su vigésimo primer aniversario, el IPN inauguró una expansión en la Rua do Livramento destinada a albergar talleres educativos y exposiciones de arte. Sin embargo, el artículo británico advierte que mantener estas instalaciones requiere un desgaste constante, obligando a sus administradores a mendigar fondos esporádicos a través de subvenciones públicas.

Según detalla la investigación periodística, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) se encuentra evaluando una inyección de capital en el instituto para consolidar el Distrito Cultural Pequeña África. Mientras espera el respaldo, su fundadora reconoce al medio que la misión está lejos de terminar: “Si bajo la guardia aunque sea un instante, todo podría desaparecer”.

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