Camila Moreno y la mística de “La primera luz”: “Quería que el disco se sintiera como un secreto”
En una nueva edición de Cuerdas al Aire, la artista conversó con Leo Honores sobre su más reciente trabajo, “La primera luz”, un álbum que nace desde la necesidad de despojarse de las máquinas y abrazar la vulnerabilidad de lo acústico.
Cuerdas Al Aire
En una nueva edición de Cuerdas al Aire, el podcast de música chilena de Radio ADN, nos sumergimos en el universo creativo de Camila Moreno.
La artista conversó con Leo Honores sobre su más reciente trabajo, “La primera luz”, un álbum que nace desde la necesidad de despojarse de las máquinas y abrazar la vulnerabilidad de lo acústico.
Un regreso a lo humano y lo análogo
Tras un periodo marcado por la experimentación electrónica, Moreno sintió la pulsión de volver a una lógica de banda más tradicional, inspirada por la estética de Los Beatles. “Tenía la claridad que quería hacer un disco íntimo, que fuera acústico, que fuera cercano, que se sintiera cálido, desprovisto, también desnudo”, explicó la artista, añadiendo que la experiencia de escucha busca ser “como contarse un secreto casi”.
Para lograr esta atmósfera, viajó a México para grabar bajo la producción de Adán Jodorowsky, viviendo en su casa-estudio durante un mes y medio. Esta convivencia permitió que el álbum adquiriera un tinte personal y cercano: “Yo quería plasmar esta sensación de que el disco es cotidiano o tiene algo de diario de vida”. En términos técnicos, se priorizó el pulso humano sobre la perfección digital, grabando bajos y baterías simultáneamente para otorgarle un “corazón primario” a las pistas.
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El “estado salvaje” de la canción
Uno de los puntos más íntimos de la entrevista fue la reflexión de Camila sobre el momento del descubrimiento musical y el valor de las notas de voz en el celular. Según la cantautora, existe una magia irrepetible en el instante en que nace una idea: “La primera vez que se te ocurre algo tiene una particularidad y una emoción que es muy difícil después reproducir a la hora de que empiezas a mecanizar eso”.
Esta búsqueda de lo “prístino” es lo que ella denomina el “estado salvaje de la canción”, una esencia frágil que a menudo se pierde en los procesos de producción excesivos. “Algún día cuando sea vieja voy a hacer un disco de solo notas de voz porque hay algo ahí que no es reproducible”, confesó entre risas.
Ve el capítulo de “Cuerdas al aire” aquí:
La estética de romperse para crecer
El disco no solo es un ejercicio sonoro, sino también poético. Moreno profundizó en conceptos como la vulnerabilidad, utilizando la imagen de “romperse” no como algo destructivo, sino como una etapa necesaria del crecimiento. Comparó esta sensación con la técnica japonesa de reparar cerámica con oro: “Esa cicatriz es algo bonito también como parte del crecimiento necesario”. Para ella, las canciones funcionan como “traductores de las sensaciones humanas”, permitiendo poner en imágenes aquello que a veces no tiene palabras.
“La primera luz” no solo destaca en lo musical, sino también por su ambiciosa propuesta audiovisual: 10 videos grabados en plano secuencia. Camila describió este proceso como “una locura” técnica y económica que realizó junto a la directora Carolina Moscoso y un equipo compuesto en un 95% por mujeres. “Fue super jugado... es como si uno se olvidara de que hay una edición ahí. Aquí se capturó un momento real”, señaló la artista sobre la ausencia de cortes en las piezas visuales.
Finalmente, la compositora explicó cómo instrumentos como el cuatro venezolano le permiten crear desde un lugar menos racional que la guitarra: “Es un instrumento que me permite mucha más inconsciencia... simplemente estar escuchando el instrumento y los sonidos que te hacen sentido”.